Amalia D. García Medina
El debate sobre la reforma migratoria se ha suspendido en Estados Unidos. A pesar de las manifestaciones históricas que tuvieron lugar a lo largo de toda la Unión Americana para exigir la regularización de millones de personas, no se logró alcanzar una respuesta favorable.
El enfoque que prevaleció en la mayoría de las discusiones del Senado fue, sin duda, inadecuado, porque se dio desde una perspectiva unilateral, como un asunto estrictamente de política interna de esa nación. Desde luego tiene connotaciones con ella, pero los legisladores obviaron la visión bilateral, a pesar de que compartimos una región en el mundo, aquélla con más cruces diarios en el planeta.
Al mismo tiempo, en las discusiones no se consideró la importancia del trabajo que aportan los migrantes mexicanos a la economía de aquel país. Nuestros paisanos van dispuestos a esforzarse por salir adelante con la firme motivación de mejorar la vida de sus familias. Esta dedicación, cada año, contribuye con 130 mil millones de dólares a la actividad económica de Estados Unidos. Es decir, el aporte es sustancial.
Los mexicanos se ocupan en plazas que ya no son empleadas por los estadounidenses, principalmente en los servicios manuales: jardinería, construcción, en la atención de las casas, en el campo. Sin embargo, las discusiones en el Senado también obviaron esta realidad y propusieron un sistema de puntos muy complejo que dejaría con menos posibilidades en el reconocimiento de sus derechos precisamente a aquellos que más requiere aquella sociedad.
Ahora que el tema ha entrado en un receso, es fundamental que México lo retome y plantee como alternativa la implementación de políticas compensatorias, con fondos dirigidos a las regiones de origen de los migrantes. Un acuerdo binacional que respete y reconozca la importancia de nuestros trabajadores migrantes para ambos países puede promoverse con acciones concretas e inmediatas.
Por ejemplo, detener los enormes montos de inversión que se canalizan para financiar políticas policiacas y persecutorias hacia los migrantes; en lugar de eso, pueden destinarse al desarrollo de las regiones de origen, donde se requieren recursos para educación, proyectos productivos e infraestructura, de tal manera que en realidad se atiendan las causas de fondo de la migración. Esta medida sería realmente eficaz y además lo haría sin causar pérdidas humanas.
Para sustentar esta propuesta está el último Informe sobre Desarrollo Humano en México 2006-2007, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que confirma que el principal motor de la migración no es la pobreza, sino la desigualdad. Y se refiere a todas las desigualdades, aquella que prevalece entre regiones del país, entre estados, entre municipios e incluso documenta la desigualdad de género.
Según este informe, es la desigualdad la que fomenta la migración, por lo que recomienda promover políticas con visión de desarrollo regional que frenen la disparidad interna y arraiguen a las personas en sus lugares de origen. También recomienda con claridad “la necesidad de una política migratoria integral” que impacte en las causas de origen de la migración: en la educación, la salud y el ingreso de los posibles migrantes para que encuentren condiciones de desarrollo en su propia tierra y que impidan su partida hacia el norte. De esta forma no perderíamos la aportación al desarrollo que estas mujeres y estos hombres pueden realizar, y que no se compensa con el envío de las remesas a sus familias.
Nuestro país está obligado a respaldar a nuestros paisanos en la lucha por el reconocimiento de sus derechos aquí y allá. Los argumentos están claros, y no se desprenden de análisis internos. Se trata de recomendaciones de diversos organismos multilaterales que cada vez ponen el acento en reconocer el aporte sustancial de los migrantes en Estados Unidos, al tiempo que señalan la promoción de políticas compensatorias para detener flujos futuros.
Es un tema binacional que requiere acciones concretas en ambas naciones para encontrar soluciones viables. Lo demás puede ser sólo estrategia electoral.
Gobernadora de Zacatecas (PRD)
