Cristina Aguayo-Mazzucato
La prensa deportiva se ha visto ensombrecida con la reciente muerte de dos atletas jóvenes cuyas vidas terminaron repentina e injustificadamente.
Se trata de Antonio Puerta, futbolista de 22 años que murió después de sufrir un infarto durante un partido que su equipo, el Sevilla, jugaba contra el Getafe. Pocos días después, Chaswe Nsofwa, de 27 años, murió durante una práctica de su equipo de futbol en Israel. También el ecuatoriano de 21 años Jairo Andrés Nazareno, jugador del Chimborazo FC, sufrió un paro cardiaco y murió poco después de disputar un partido de la tercera división. Ese mismo día se informó de otra muerte en España, la de Ángel Arenales, en Huesca.
Todos los jugadores habían sido sometidos a las pruebas médicas que rutinariamente se hacen a los deportistas, sin que nada sugiriera la proximidad de su muerte. Las preguntas que surgen son varias: ¿existen formas de predecir quién está en riesgo de morir repentinamente? ¿Hubo errores en los exámenes médicos que se les realizaron? ¿Por qué mueren atletas que están en condiciones físicas inmejorables y gozan de buena salud?
Estas preguntas están en la mente de jugadores, entrenadores, familiares y también de médicos que estudian y tratan de prevenir estos eventos que conmueven a medios y personas por igual.
La muerte súbita en atletas es poco frecuente, se ha estimado que al año mueren de uno a tres atletas menores de 35 años por cada 100 mil deportistas. Predomina entre hombres, en quienes es 10 veces más frecuente que en mujeres. Esto se debe, por un lado, a que los hombres participan más en deportes competitivos como futbol soccer, futbol americano y baloncesto, prácticas que conllevan el mayor riesgo de muerte súbita. Asimismo, los entrenamientos masculinos son más pesados y los niveles de competitividad mayores. Por otro lado, los hombres tienen más enfermedades cardiacas que aumentan el riesgo de muerte súbita.
Las causas de muerte súbita son varias, pero los problemas del corazón ocupan el primer lugar en frecuencia. Entre los problemas cardiacos un crecimiento anormal de las paredes cardiacas es la causa detrás de una tercera parte de este tipo de muertes. Se trata de una malformación genética bastante frecuente, la tienen una de cada 500 personas. En ella existen cambios en la arquitectura del corazón que provocan contracciones capaces de llevar a la muerte. Este problema se puede diagnosticar con varias pruebas de laboratorio bastante sencillas; sin embargo, existe un grave problema al detectarlo… es muy difícil distinguirlo de los cambios normales que el corazón de los atletas sufre como resultado de una actividad física intensa.
Este es uno de los puntos de discusión en el campo de la medicina deportiva: cómo decidir si los cambios observados en la estructura y la función cardiacas son secundarios a una enfermedad y ponen en riesgo la vida del atleta o si, en cambio, se trata de las modificaciones que el cuerpo hace en su proceso de adaptación a una alta demanda física.
La respuesta no es clara. La Asociación Cardiaca Estadounidense (AHA, por sus siglas en inglés) se basa en un cuestionario y en la exploración física de los deportistas para determinar quiénes deben ser descartados por presentar un alto riesgo de muerte. Se considera que los atletas con mayor riesgo son aquellos cuyos familiares hayan muerto de infartos a edades jóvenes, que presenten dolores en el pecho o falta de aire desproporcionada a la cantidad de esfuerzo físico.
Asimismo, la presencia de soplos, arritmias y anormalidades en el pulso son causas de cautela. Desafortunadamente sólo 23% de aquellos que tienen problemas cardiacos serán detectados mediante estos mecanismos. Algunos otros se pueden detectar con pruebas especializadas, pero por el costo que tienen y el tiempo que implica aplicarlas no se hacen rutinariamente.
Aun así, 2% de los atletas que mueren súbitamente son completamente normales y nunca se encuentra una causa. Estos son casos imposibles de predecir.
Otras razones de muerte en atletas son los problemas respiratorios como ataques de asma incontrolables. Asimismo, está el uso de drogas como la cocaína, la efedrina y algunos suplementos dietéticos capaces de causar infartos y arritmias. En algunos otros casos las condiciones climáticas extremas están detrás de estos eventos trágicos, al producir choques de calor en los que el cuerpo deja de ser capaz de compensar la elevación en la temperatura, la cual alcanza niveles mortales.
También se han descrito muertes secundarias a golpes en el pecho. Estos eventos son frecuentes en niños y ado-lescentes, probablemente porque en ellos las costillas aún no son lo suficientemente duras para proteger al corazón. Al recibir un golpe en el área sobre el corazón éste empieza a contraerse irregularmente causando la muerte. Estos accidentes se dan en deportes de contacto como el karate o por golpes recibidos por pelotas de beisbol o discos de hockey.
La pérdida reciente de estos futbolistas recuerda una vez más la importancia que tiene el seguimiento cercano de la salud de los atletas. Resulta dramático que aquellos que proyectan el ideal de salud en muchas sociedades nos recuerden la inevitable vulnerabilidad del cuerpo. Es triste reconocer que los atletas también mueren.
Médico cirujano
