Líderes vitalicios, una vergüenza nacional

Demetrio Sodi de la Tijera

Debería darnos vergüenza a todos los mexicanos, pero en especial a los maestros, aceptar un(a) líder vitalicio(a) en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande e importante de México y uno de los más grandes de América.
Más allá de la historia personal de un personaje como Elba Esther Gordillo, no es posible que los delegados del SNTE hayan aceptado por unanimidad que exista una líder vitalicia. No es posible que “la maestra” diga que tiene un verdadero compromiso con el cambio democrático y educativo del país, cuando arregló todo en el Congreso para que los delegados la ungieran como líder vitalicia.

Con qué cara los maestros de México podrán hablar de principios democráticos a sus alumnos, cuando han aceptado sumisamente líderes vitalicios durante los últimos 40 años (Carlos Jonguitud y Elba Esther). Con qué cara el gobierno puede ofrecer un cambio en la educación, si no existen los más mínimos compromisos de apertura democrática con los maestros.

El sindicalismo mexicano está completamente al margen de los avances democráticos que se han dado en los últimos años en México, y prácticamente en todas las centrales y sindicatos obreros del país se repiten cacicazgos y líderes vitalicios como el del SNTE. En los sindicatos de Pemex, CFE, industria petroquímica, mineros, burócratas (FSTSE), y hasta en los “demócratas” de oposición, UNT y UNAM entre otros, los líderes han buscado la forma de eternizarse en sus puestos. Muchos de ellos hablan permanentemente de democracia, pero como dice el dicho, que ésta se haga en los “bueyes de mi compadre”.

A los delegados del SNTE y a la “maestra”, sin embargo, se les pasó la mano, los liderazgos vitalicios han existido en la práctica en todas las centrales y sindicatos obreros del país pero ninguno había tenido el cinismo de reconocerlo públicamente.

Durante la Legislatura pasada en el Senado de la República se discutieron cambios a la Ley Federal del Trabajo para impulsar la democracia y la transparencia sindical, a través del voto libre, directo y secreto para elegir a las dirigencias, así como la creación de un registro público de contratos y sindicatos, salvo la UNT el resto de las centrales obreras se opusieron y lograron mantener la práctica del voto nominativo y los contratos y sindicatos de protección (simulación) que existen en la mayoría de las empresas mexicanas.

Los senadores del PRI, por presiones del Congreso del Trabajo, la CTM, y los líderes de los sindicatos de Pemex y CFE, se opusieron a cualquier cambio en la ley que abriera las puertas a la democracia y transparencia sindical, al gobierno de Fox y al PAN les faltó valor político para impulsar los cambios, y el PRD nuevamente se puso en una posición extrema que mató las posibilidades de cualquier acuerdo.

Parece mentira pero la alternancia no ha cambiado nada la cultura priísta de control corporativo y liderazgos vitalicios, y los gobiernos, en lugar de combatir estas prácticas las han asimilado y utilizado para su beneficio. Si queremos realmente un cambio democrático en la sociedad tenemos primero que dejar atrás el corporativismo y los líderes (cacicazgos) vitalicios que existen en el sector obrero y en la mayoría de las organizaciones sociales.

Ahora que se abre una nueva posibilidad de avance en la reforma del Estado el tema de la democracia sindical no puede volver a quedar de lado. El gobierno de Calderón, los legisladores, y todos los partidos, tienen que entender que los avances en la reforma del Estado no pueden limitarse a elecciones limpias y competitivas, mayor equilibrio de poderes, y mayor federalismo; tienen que entender que la democracia, para que sea completa, tiene llegar a todos los rincones de la sociedad (partidos, organizaciones sociales, populares y civiles y a la vida diaria de los ciudadanos), y tiene que dejar atrás la vergüenza nacional que representan los liderazgos (cacicazgos) vitalicios.

demetriosodi@hotmail.com

Analista político

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