Las adicciones en México /Carlos Hiram Culebro S.

El fenómeno de las adicciones en México ha adquirido dimensiones alarmantes en las últimas décadas, tanto por el incremento en el consumo como por las implicaciones sociales, legales y de salud pública que representa. Las drogas legales —alcohol y tabaco— siguen siendo las más consumidas, pero las sustancias ilegales, como la marihuana, las metanfetaminas y los opioides sintéticos, han ganado terreno entre distintos sectores de la población, incluidos adolescentes y jóvenes.
El alcohol, la droga más utilizada, tiene una fuerte presencia entre menores de edad, seguido por el tabaco. En cuanto a las drogas ilegales, la marihuana ocupa el primer lugar, pero preocupa el avance del consumo de metanfetaminas, cocaína y más recientemente el fentanilo, una sustancia con alto poder adictivo.
El consumo de drogas legales está socialmente aceptado y en muchos casos promovido en contextos familiares y festivos. Esta normalización dificulta los esfuerzos de prevención, especialmente en edades tempranas. En paralelo, el debate legislativo sobre la regulación de la marihuana contribuyó a una percepción social menos negativa de su uso, sobre todo en jóvenes.
El tráfico y la distribución de drogas ilícitas están vinculados con los altos niveles de violencia que afectan a distintas regiones del país. El fenómeno del narcomenudeo en zonas urbanas, así como el cultivo y trasiego en zonas rurales, generan enfrentamientos, extorsión y corrupción.
La infraestructura disponible para el tratamiento de adicciones es insuficiente, especialmente en zonas rurales e indígenas. Existen pocos centros públicos especializados y varios centros privados de rehabilitación -popularmente conocidos como albergues- operan sin regulación ni personal capacitado, lo que en algunos casos ha derivado en violaciones de derechos humanos y tratamientos ineficaces; sin embargo, es alentador citar a Alcohólicos Anónimos y a los Centros de Integración Juvenil; ambos organismos integrados como asociación civil, distribuidos en todo el territorio nacional y con importantes logros terapéuticos en su cotidiana labor.
El estigma social asociado a las personas con adicciones continúa siendo una barrera para que accedan a servicios de salud y apoyo psicosocial, particularmente las mujeres.
La política nacional en materia de adicciones ha estado marcada por la fragmentación entre los sectores de seguridad, salud, educación y justicia. Aunque existen programas como los Centros de Atención Primaria en Adicciones y estrategias impulsadas por la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, su impacto ha sido limitado -a juicio del autor del este artículo- por falta de recursos, de coordinación interinstitucional y continuidad política.
A manera de conclusión cabe mencionar que el fenómeno de las adicciones en el país requiere una estrategia integral que combine prevención, tratamiento, reducción de daños y reinserción social. Sin este enfoque, los esfuerzos seguirán siendo aislados e insuficientes frente a una problemática que afecta profundamente al tejido social de toda la República Mexicana.

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