“Al jaguar se le conoce por ser rápido, no lento
Marco Tulio Carrascosa.
Hay estados que crecen porque tienen recursos.
Y hay estados que crecen porque tienen visión.
Chiapas tiene ambas cosas.
Lo que no ha tenido durante décadas es la capacidad política e institucional para convertir sus ventajas naturales en una estrategia económica internacional de gran escala.
Esa es la verdadera tragedia.
Porque mientras otras regiones del mundo compiten por convertirse en centros logísticos, industriales y comerciales, Chiapas continúa observando desde la barrera una oportunidad histórica que pasa frente a sus ojos todos los días.
La frontera con Guatemala.
La conexión con Centroamérica.
La cercanía estratégica con Estados Unidos.
La posición geográfica privilegiada entre dos mercados que juntos representan cientos de millones de consumidores.
Pocos territorios en América Latina tienen una ubicación tan estratégica.
Y, sin embargo, seguimos pensando como una economía local cuando deberíamos actuar como una plataforma económica internacional.
Por eso resulta inevitable hablar de la llamada Economía Jaguar.
Un concepto que el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha impulsado en su narrativa pública.
La idea es correcta.
El problema es la velocidad.
Porque al jaguar se le conoce por ser rápido.
No lento.
Se le conoce por atacar oportunidades.
No por contemplarlas.
Se le conoce por su capacidad de reacción.
No por la burocracia.
Y hoy, si somos honestos, la velocidad económica de Chiapas no corresponde a la velocidad de un jaguar.
Corresponde a la de una administración pública atrapada en inercias.
Mientras discutimos proyectos, otras regiones ejecutan.
Mientras analizamos oportunidades, otros territorios las capitalizan.
Mientras esperamos condiciones ideales, otros construyen ventajas competitivas.
Y eso tiene consecuencias.
Porque la frontera sur se ha convertido en uno de los mayores cuellos de botella migratorios del continente.
Miles de migrantes transitan o permanecen temporalmente en Chiapas cada año.
Tapachula se ha transformado en uno de los principales puntos de concentración migratoria de América Latina.
La presión sobre servicios públicos, empleo informal, vivienda y movilidad urbana ha aumentado considerablemente.
Y lo más preocupante es que seguimos viendo la migración únicamente como un problema.
Cuando también podría convertirse en una oportunidad estratégica de desarrollo regional.
Aquí es donde cobra relevancia una visión que en su momento impulsó el expresidente de Guatemala, Alejandro Giammattei.
Durante diversos encuentros internacionales, Giammattei planteó la necesidad de fortalecer una integración económica regional y construir mecanismos de cooperación entre Guatemala, México y Estados Unidos que permitieran transformar la migración en desarrollo.
La lógica era sencilla.
Si la pobreza genera migración, entonces la inversión genera estabilidad.
Si la falta de empleo expulsa personas, el crecimiento económico las retiene.
Y si la frontera es vista como una oportunidad económica en lugar de una crisis permanente, los beneficios podrían ser extraordinarios.
La propuesta de una gran zona económica binacional entre Chiapas y Guatemala jamás debió quedar únicamente como una idea diplomática.
Debió convertirse en un proyecto estratégico de largo plazo.
Porque los números son contundentes.
Centroamérica representa un mercado creciente.
Guatemala es el principal socio comercial de México en la región.
Estados Unidos continúa buscando mecanismos para reducir la presión migratoria mediante inversiones productivas.
Y Chiapas se encuentra exactamente en medio de esa ecuación.
Es el puente natural.
Es la conexión logística.
Es la plataforma geográfica.
Es el territorio donde podría construirse uno de los proyectos de integración económica más importantes del continente.
Pero para ello se necesita algo que hoy parece escaso:
Visión internacional.
Y aquí surge una crítica necesaria.
Durante años hemos tenido funcionarios que administran oficinas.
Pero no construyen relaciones internacionales.
Gestionan trámites.
Pero no generan alianzas globales.
Organizan eventos.
Pero no atraen inversiones de escala.
Hablan de desarrollo.
Pero pocas veces se sientan con fondos internacionales, corporaciones globales o actores estratégicos capaces de transformar la economía regional.
Ese es uno de los grandes déficits del gobierno.
La falta de una política agresiva de diplomacia económica.
Porque los estados que prosperan no esperan a que la inversión llegue sola.
La buscan.
La construyen.
La seducen.
La convierten en una prioridad.
Nuevo León entendió esto.
Querétaro entendió esto.
Yucatán entendió esto.
Incluso países completos han construido milagros económicos a partir de su posición geográfica.
Singapur es quizá el mejor ejemplo.
No tenía recursos extraordinarios.
Tenía ubicación estratégica y liderazgo.
Y eso fue suficiente para convertirse en una potencia global.
Chiapas tiene mucho más.
Tiene agua.
Tiene energía.
Tiene biodiversidad.
Tiene turismo.
Tiene agricultura.
Tiene frontera internacional.
Tiene una población joven.
Tiene acceso a mercados.
Tiene potencial logístico.
Lo tiene todo.
Excepto una visión macroeconómica acorde a su tamaño.
Por eso la conversación ya no debe centrarse únicamente en programas sociales o proyectos aislados.
Debe centrarse en cómo convertir a Chiapas en el principal polo económico de la frontera sur de América.
Cómo atraer parques industriales.
Cómo fortalecer corredores logísticos.
Cómo desarrollar infraestructura tecnológica.
Cómo impulsar cadenas de valor regionales.
Cómo vincular inversión estadounidense con desarrollo centroamericano.
Cómo transformar la migración en crecimiento económico.
Y cómo hacer que Chiapas deje de ser visto como un territorio de paso para convertirse en un territorio de oportunidades.
Porque la ventana histórica sigue abierta.
Pero no permanecerá abierta para siempre.
Y mientras otros corren, Chiapas sigue caminando.
Por eso la urgencia de acelerar el proceso de una Economía Jaguar.
Porque el mundo no espera.
Los mercados no esperan.
Las inversiones no esperan.
Y al jaguar, después de todo, se le conoce por ser rápido.
No lento.
Hasta la próxima… ✒️
