Michael Klaus
Ayer, 12 de junio, se conmemoró el Día Internacional en contra del Trabajo Infantil. Este año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) han hecho un llamado especial orientado a la erradicación del trabajo infantil en los campos agrícolas.
Según información de la OIT, en todo el mundo más de 132 millones de niños y niñas menores de 15 años trabajan en la agricultura. Constituyen casi 70% de todos los niños y niñas trabajadores. La agricultura es un sector particularmente peligroso, porque muchos de estos niños y niñas tienen que manejar pesticidas peligrosos, trabajan con maquinaria poco segura y están expuestos a todas las adversidades del clima.
En México, la exclusión, la pobreza y la desigualdad siguen obligando a 3.3 millones de niños y niñas a trabajar, y muchas veces a interrumpir sus estudios. Según los últimos datos disponibles del INEGI de 2002, esto corresponde a uno de cada seis niños y niñas de este grupo de edad. El grupo de los niños y niñas jornaleros es uno de los más vulnerables entre ellos.
“Solamente después de un pesado día de trabajo recolectando chiles es cuando Javier Hernández, de 10 años, puede entrar a clases. Le gusta aprender y estudiar, pero sólo puede asistir a la escuela de dos a tres horas en la tarde, después de trabajar en el campo agrícola en el norte de México, donde vive junto con su familia por más de la mitad del año”.
La historia de Javier es un ejemplo de la realidad que viven aproximadamente 300 mil niñas y niños que, cada año, abandonan sus comunidades de origen para emigrar con sus familias a las zonas agrícolas en el norte del país en búsqueda de trabajo e ingresos. La mayor parte de ellos proviene de comunidades indígenas, por lo que la migración a Sinaloa, Baja California y los otros estados productores agrícolas también representa un cambio profundo en sus costumbres, cultura e idioma.
Según estimaciones de la Secretaría de Educación Pública, menos de 10% de los hijos e hijas de población jornalera migrante asiste a la escuela. De éstos, la mitad se encuentra entre primero y segundo grados de primaria.
Una de las razones de este rezago se relaciona directamente con su condición de migrantes. La infancia jornalera agrícola suele perder su nivel de escolaridad al pasar de una escuela a otra o de un estado a otro. Además, en México no existe un sistema de evaluación y registro que permita dar seguimiento a la escolaridad de los niños y niñas migrantes, lo cual complica su inclusión en el sistema escolar y que puedan completar su educación primaria.
Ante este panorama, UNICEF México intenta sacar a la luz las condiciones en que se encuentran los niños y niñas jornaleros. En este sentido, es importante reconocer los esfuerzos que tanto la Secretaría de Educación Pública como la Secretaría de Desarrollo Social y diversos agentes de la sociedad civil han venido realizando para garantizar el acceso de los hijos e hijas de jornaleros agrícolas a la escuela.
Sin embargo, México aún afronta retos importantes para la completa erradicación del trabajo infantil. Estos retos requieren de un esfuerzo interinstitucional y del compromiso de todos los sectores de la sociedad para que ningún niño o niña menor de 14 años tenga que trabajar y todos puedan acceder a la escuela.
Es importante señalar que el Comité de los Derechos de la Infancia en sus recomendaciones frente al último informe presentado por México sobre el cumplimiento de los derechos de la niñez en el país plantea la elaboración de un plan de acción para reducir el trabajo infantil; el fortalecimiento de la inspección del trabajo a fin de asegurar la aplicación eficaz de las leyes relativas al trabajo infantil y la ratificación del convenio de la OIT número 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo.
Por otro lado, es de suma relevancia tener en cuenta que la asistencia de los niños y niñas a la escuela es uno de los elementos fundamentales en materia de prevención del trabajo infantil.
Oficial a cargo de UNICEF México
