Discutir la política exterior

Alberto Begné Guerra

La política exterior mexicana ha sido, históricamente, motivo de reconocimiento por su apego a los principios del derecho internacional. Esta buena tradición enfrenta hoy, sin embargo, retos cruciales en un nuevo entorno global que exigen una reflexión abierta en el marco de la pluralidad democrática, de modo que sea posible construir una agenda con definiciones estratégicas para la más efectiva promoción y defensa de los intereses de México ante los desafíos del mundo.
Si en el pasado la observancia rigurosa de esos principios fue vital para la soberanía nacional y le permitió a nuestro país ejercer un liderazgo legítimo y eficaz frente a las prácticas y los instrumentos de dominación de las potencias hegemónicas, lo cierto es que ahora esa línea de conducción de nuestras relaciones con el exterior parece insuficiente.

El primer reto, por ello, consiste en trascender, sin ignorar, la política de los principios, para dar paso a una estrategia mucho más activa, bajo la cual los derechos humanos, la democracia, la seguridad, la competitividad, la cooperación y, por supuesto, el medio ambiente deben estar situados en el centro de la agenda.

No se trata de abandonar los principios, sino de propiciar una nueva traducción programática de los mismos. Esto nos enfrentará a serios dilemas y problemas de interpretación sobre sus contenidos y alcances, a la luz de las responsabilidades compartidas, bilaterales o multilaterales, regionales o globales, así como desde el punto de vista de los derechos y las libertades de personas y minorías, antes subordinados a la interpretación ortodoxa de los principios de no intervención y libre determinación.

Avanzar en esta ruta no es nada sencillo. Menos aún por la complejidad histórica de nuestra relación con Estados Unidos, una potencia que, a diferencia de las europeas en el proceso de integración de los países mediterráneos y de Europa del Este, no ha tenido ni tiene en el horizonte de sus relaciones con los países del sur del continente americano una visión solidaria, promotora de un desarrollo incluyente y equilibrado, por encima de su visión hegemónica o la mera integración comercial. En Norteamérica, la política exterior mexicana debe reiterar la necesidad de avanzar en la lógica de las responsabilidades compartidas, pero también debe promover con nuevas estrategias y nuevos instrumentos la construcción de una agenda social para la región, donde Canadá puede y debe ser un aliado estratégico cada vez más cercano.

Otro reto clave es impulsar con mayor determinación la diversificación de nuestras relaciones con el exterior. Pero esto exige contar con definiciones estratégicas que nos permitan alinear cada acción con objetivos precisos de corto, mediano y largo plazos, como una expresión de consensos básicos en el marco de la pluralidad, con el fin de que la política exterior sea, en lo esencial, una expresión compartida de los intereses de México.

De allí que considere necesario insistir en la exigencia de abrir un amplio debate, al margen de verdades absolutas o dogmas incuestionables. Un debate que escape a los términos de referencia tradicionales; un debate que confronte, en clave democrática, las diferentes visiones sobre lo que deben significar hoy los principios del derecho internacional, desde la perspectiva mexicana. Pues si bien el marco constitucional en materia de política exterior permitió en el pasado mantener un consenso interno básico sobre nuestras relaciones internacionales, debemos reconocer que la concepción dogmática del mismo ha evitado, inercial o deliberadamente, entrarle a la discusión y construir acuerdos sobre temas imprescindibles de este tiempo que, por lo menos, resultan polémicos desde el punto de vista clásico de la política de los principios.

El mundo no se detiene. Los procesos de integración regional, la cooperación internacional, los derechos y las libertades, así como los viejos y los nuevos desafíos en materia de desarrollo, competencia y medio ambiente, adquieren nuevos significados y exigen nuevas respuestas. México corre el riesgo de quedar irremediablemente rezagado en el debate global del siglo que comienza. Urge ponernos al día. En este caso, como en muchos otros, el cobijo de la tradición puede ser la trampa que nos impida encarar en buenas condiciones el futuro.

Presidente de Alternativa Socialdemócrata

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