José Fernández Santillán
La crisis que hoy vive el PRD ha concitado un sinfín de opiniones; pero, hasta donde llega mi información, ninguna de esas opiniones ha interpretado el problema como una expresión de madurez de las posiciones en disputa. Me explico: por cerca de 20 años una buena cantidad de corrientes de izquierda pudieron convivir bajo un mismo techo; pero ahora esas corrientes están dejando ver sus verdaderos perfiles.
Se trata de tendencias que en los países europeos alcanzaron su mayoría de edad a mediados del siglo XIX, al fijar la línea que separó a los radicales de los moderados. Los primeros rechazaron la vía parlamentaria, en tanto que los segundos aceptaron entrar a formar parte de los órganos de representación popular propios de la democracia liberal.
No fue extraño que durante algún tiempo los comunistas y los socialdemócratas convivieran bajo un mismo techo; pero, conforme se establecieron las respectivas opciones, cada grupo tomó su propio camino. Las armas, como el Partido Comunista Ruso, o los votos, como el Partido Socialdemócrata alemán.
Vale la pena señalar que algunos partidos comunistas en Europa occidental ingresaron, aunque suene paradójico, a la vida institucional. Eso produjo encendidas polémicas en torno al sentido que se le debería dar a la democracia: si era tan sólo un medio para alcanzar la abolición del capitalismo o si habría que asumirla como un fin en sí mismo.
Conviene hacer una precisión en este punto: evidentemente, la facción radical del PRD no tiene una identidad comunista; pero sí está envuelta en la misma disyuntiva descrita en torno a la explicación que se le debe dar a la democracia: si se considera un medio para obtener propósitos de otra índole o se toma con todos los requisitos que la caracterizan.
Por eso conviene recordar los debates que se dieron respecto de la relación entre la izquierda y la democracia en el viejo continente. Esas discusiones han quedado entre las grandes aportaciones culturales a favor de la política democrática. Cito, como caso emblemático, el del Partido Comunista Italiano, que en la segunda mitad del siglo XX, específicamente en los años 70, se vio envuelto en una discusión sobre temas como el estado de derecho, la libertad individual y la tolerancia.
Lo que se logró fue el abandono de la concepción totalizante del marxismo para asumir y aceptar el pluralismo democrático y la presencia de otras visiones del mundo.
Si, por un lado, es un avance que las dos grandes tendencias que surcan el PRD hayan sido trazadas con nitidez, por otro lado, es preocupante que este proceso de definición esté siendo acompañado por expresiones de intolerancia, descalificaciones e incluso amenazas en contra de los oponentes dentro del partido al que se pertenece.
El asunto es saber si se puede lograr una refundación (o, eventualmente, una separación) de esa organización política a través del método democrático que excluye, explícitamente, la violencia física y verbal.
jfsantillan@itesm.mx
Académico del Tecnológico de Monterrey, campus ciudad de Méxic
