Disputa el narco base social a partidos
Ricardo Alemán
De “narcopopulismo”, base social y modernos Chucho El Roto y Robin Hood
Ayer usaban sicarios y arsenales contra instituciones; hoy, grupos marginados
En el proceso electoral en marcha, los partidos políticos enfrentan un adversario inédito que les disputa base social, votos y la rentable capacidad de movilización.
¿Cuál es ese adversario? Todos lo conocen e identifican —de manera coloquial— como crimen organizado y narcotráfico. Y todos lo han visto actuar de manera pública, con total impunidad, en estados como Nuevo León, Guanajuato, Tamaulipas y Veracruz, entre otros, en donde las bandas criminales recurren a la dádiva, entrega de despensas, alimentos básicos y dinero a habitantes de barrios pobres.
¿A cambio de qué se entrega el llamado narcopopulismo a los pobres de las regiones bajo control criminal? Casi nada, a cambio de que los sectores marginados den su apoyo social a criminales y narcotraficantes. Y por supuesto que el peculiar narcofinanciamiento —que además es lavado de dinero— a los más pobres y olvidados lleva el compromiso de que esa porción social se movilice contra el Ejército.
En pocas palabras, el dinero de las mafias se socializa hacia los sectores marginados, a los que se confronta contra las instituciones del Estado que, precisamente, combaten a criminales y narcotraficantes. En el fondo, y a partir de esa peculiar mutación camaleónica propia de las organizaciones mafiosas —que ante una crisis económica como la que se vive los hacer ver, a los ojos del lumpen, como benefactores caídos del cielo—, las bandas criminales parecen haber mudado armas y estrategia para combatir a militares y policías. Lo que vemos con frecuencia no es más que la compra de protección social a cambio de dádivas y dinero. Sutil corrimiento estratégico.
Antaño los grupos mafiosos enviaban sicarios y potentes arsenales contra las instituciones militares y policiacas, que son sus adversarios naturales. Ahora lanzan a los grupos marginados —movidos por el combustible del dinero y amparados en el anonimato y la impunidad— contra policías y militares. En el fondo, las mafias movilizan un escudo humano, de ciudadanos marginados, contra las instituciones del Estado. ¿Estamos ante nuevas tecnologías de movilización y creación de base social, ahora por parte de las bandas mafiosas?
Por supuesto que no. Los estrategas de los cárteles del crimen recurren a idéntica tecnología empleada por los partidos políticos por décadas —sobre todo por el PRI— para engordar militancia, base social y votos. ¿De qué vivió durante décadas el PRI, y viven todos los partidos? Está claro que de una estrategia similar o parecida. El PRI tenía su base social en los sectores marginados, a los que igual que las bandas criminales entregaban dádivas, despensas, regalos… Y es que parece que el narcotráfico entendió que todo y casi todos tienen precio.
Y hasta le sale barato movilizar a sectores marginados contra las instituciones. Resulta que en Guanajuato, Sinaloa, Sonora y Querétaro —entre otras entidades— se han reportado en meses recientes repetidos asaltos y saqueos a transportes y bodegas de productos básicos y utensilios domésticos. A pesar de que en casi todos los casos se ha documentado que detrás de esos asaltos aparecen bandas criminales que regalan o malbaratan entre sectores marginados el producto de los saqueos, el fenómeno ha querido ser presentado como una reacción espontánea de los pobres para hacer frente a sus emergencias de supervivencia. Los saqueos y asaltos de decenas de toneladas de básicos quieren ser presentados como robos por hambre de los desesperados y desposeídos que abundan en todo el país.
No faltan, incluso, los que pretenden emparentar el fenómeno como la moderna expresión de Chucho El Roto o de Robin Hood, en la que los barones del crimen organizado y el narcotráfico se habrían convertido en benefactores de los pobres, a cambio de que esos sectores protejan a los mafiosos. Lo cierto es que con un poco de memoria se podrá comprobar que el primero en emplear el narcopopulismo fue el mayor narcotraficante de la historia, Pablo Escobar, quien igual que los narcos mexicanos regalaba dinero, víveres, despensas, dinero a los pobres.
Pero existe una pregunta aún más preocupante. ¿Cuántos diputados o gobernadores puede ganar el narcopopulismo? No falta mucho para ver el narcopartido político. Por lo pronto los partidos encontraron la horma de su zapato. Al tiempo.
EN EL CAMINO
Por cierto, el 8 de febrero en Soyotlán, Jalisco, Andrés Manuel López Obrador arengó a sus seguidores a que “agarren todo lo que les den, porque es dinero del mismo pueblo… el PRI y el PAN primero empobrecen y luego reparten migajas… Agarren todo, pero voten con libertad”. ¿Qué no es la misma estrategia del narco?
