Itinerario Político

AMLO: genética de la derrota

Ricardo Alemán

¿Quién dijo a AMLO, Encinas y Ortega que el PRD es de ellos? ¿Y los ciudadanos?

No respetan a militantes y tampoco se respetan ellos; Encinas terminó en títere

Nadie puede negar el cochinero electoral en el que se metió todo el PRD el 16 de marzo pasado para elegir a su nuevo presidente.

Pero tampoco nadie puede negar que todas, absolutamente todas las elecciones para nombrar presidentes del PRD han sido eso, el mejor ejemplo de la cultura del cochinero, que siempre se resolvió mediante negociaciones y acuerdos, a través de la aplicación de efectivos controles de daños y las urgentes operaciones cicatriz.
Y en efecto, existen diferencias en la elección del pasado 16 de marzo en el PRD, respecto de anteriores procesos. ¿Cuáles diferencias? Primero, que el cochinero que impulsó el líder dominante del partido —que en este caso es Andrés Manuel López Obrador— no resultó suficiente para doblegar al cochinero que impulsó su adversario histórico, Jesús Ortega. Y segundo, que a pesar de chantajes, presiones, amagos, Ortega no aceptó negociar y recurrió al Tribunal Electoral.

Por eso es de risa —y significa un insulto a la inteligencia y el sentido común—, que Alejandro Encinas acuse a toda esa institución política, que es el PRD, y a su grupo hegemónico, Los Chuchos, de un cochinero en el que participó con singular alegría el propio Alejandro Encinas. ¿A poco no sabía Encinas el cochinero en el que se metió? ¿A poco el grupo político de Encinas no hizo exactamente las mismas cochinadas que sus adversarios? ¿A poco no se proclamó ganador el señor Encinas —la misma noche del domingo 16 de marzo—, aún cuando no se conocía el resultado de la elección? ¿Cómo se le llama a ese albazo electoral? ¿Qué no era parte del cochinero para forzar la negociación?

En realidad lo que presenciamos luego del 16 de marzo pasado es una copia de lo que vimos luego del 2 de julio de 2006; la aparición de la tara genética de la derrota. Es decir, que como muchos otros políticos herederos de la genética del PRI, López Obrador y ahora Alejandro Encinas, dejan ver que son portadores de la tara genética de la antidemocracia, que se traduce en su incapacidad para reconocer la derrota.

En 2006, AMLO llegó al 2 de julio sin cuestionar el proceso electoral. Una vez que perdió —hoy sabemos que la derrota se debió a muchas circunstancias, sobre todo los propios errores de AMLO—, inventó el cuento del fraude, chantajeó, pretendió negociar, pero al final el Tribunal Electoral declaró ganador a Calderón, a partir de las evidencias disponibles, lo que desató una campaña de infundios e insultos contra el Presidente, al que lo más suavecito que le dijeron fue “espurio”.

En 2008, Encinas llegó al 16 de marzo sin cuestionar el proceso. Sin tener las pruebas, se declaró ganador, intentó un albazo, pretendió negociar a cambio de quedarse con la Presidencia, se negó a recurrir al Tribunal Electoral, y una vez que fue declarado derrotado, a partir de las evidencias disponibles, se declaró víctima de un fraude, llamó espurio a su adversario, y se negó a asumir la secretaría general, pero su grupo asumirá el resto de canonjías.

Como no ganaron ni en 2006 y tampoco en 2008, entonces todo es un cochinero, todo es un complot, todo es parte de las mafias, y todo debe ser destruido, incluso el partido más importante de la izquierda mexicana y que —deben saberlo AMLO y Encinas—, no les pertenece, sino que es de los ciudadanos que creyeron y votaron por los amarillos en dos décadas. ¿Quién les ha dicho a AMLO, Encinas, Ortega… que el PRD es de ellos?

Pero la feria de las incongruencias, el insulto a la militancia, a la doctrina, a los electores, van mucho más allá. ¿Qué significa que Encinas reniega de la secretaría general, pero se queda dentro del partido para destruir al grupo hegemónico? Que otra vez reproducen las taras genéticas de la antidemocracia. La elección fue un cochinero, los jefe del partido son la peor burocracia, traidores y entreguistas; las instituciones son mafias… ah, pero el dinero público y de las prerrogativas y las otras posiciones de poder, dentro del mismo partido, sí valen, sí deben ser retenidas. ¿Cómo se le llama a esa esquizofrenia?

Dentro del PRD y en el llamado campo de la izquierda mexicana todos tienen el derecho a defender sus posiciones, sus cuotas de poder, a sus respectivas corrientes y tendencias, pero nadie se puede llamar dueño de un partido político o de una tendencia ideológica, porque las siglas partidistas, el color de las banderas y las burocracias de los partidos no son nada sin la sociedad, sin los militantes, a los que ni Encinas ni Ortega y menos AMLO respetan.

Pero el problema es aún mayor, porque ni ellos mismos se respetan. Y si existen dudas, basta ver el triste papel de Alejandro Encinas, venido a títere del mesías legítimo. Y sí, dicen los conocedores del comportamiento: “origen es destino”.

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