Itinerario Político

PGR: cadena de torpezas

Ricardo Alemán

¿Qué esconden los Mouriño y el procurador Medina Mora?
Parece que el titular de Gobernación es víctima de “fuego amigo”

La mecha del sospechosismo detonó cuando la PGR recurrió al amparo para negar al IFAI investigaciones del gobierno español sobre el empresario Manuel Carlos Mouriño Atanes.

Y no era para menos. La duda colectiva prendió potente: ¿Qué esconden los Mouriño? ¿A qué le teme el secretario de Gobernación? ¿Qué oculta la PGR…? Otro escándalo en torno a los Mouriño —que para los adictos al derrotado aspirante presidencial es la versión moderna de los “villanos favoritos”—, y otra torpeza en la cadena ya larga de la gestión de Eduardo Medina Mora.
Antes —con argumentos insostenibles—, la PGR pretendió tirar la despenalización del aborto aprobada por la Asamblea Legislativa del DF. Pero la Suprema Corte recetó una derrota humillante al confirmar que el aborto es legal, como lo legisló el Congreso capitalino. Luego la PGR hizo el ridículo al investigar el crimen del periodista estadounidense Bradley Will, abatido en un fuego cruzado entre policías y la APPO en Oaxaca. Por ridícula, poco seria y nada creíble —además de que planteaba una hipótesis contraria a la elaborada por la CNDH—, la versión de la PGR no sólo fue desechada, sino que se habló, incluso, de presunta complicidad con el gobierno de Ulises Ruiz.

La historia del nuevo escándalo en el que se ha metido la PGR de Eduardo Medina Mora y la Secretaría de Gobernación de Juan Camilo Mouriño se desprende de una investigación que realizó la policía española sobre la fortuna de los Mouriño —Grupo Energético del Sureste (GES), entre otras empresas exitosas—, entre los años 2000 y 2003. Nadie sabe el tamaño y el fondo de la indagatoria española sobre los Mouriño. Sin embargo, particulares mexicanos se enteraron de que la investigación se había realizado y que la PGR tenía en su poder la información.

Por ello acudieron a la PGR y al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), para conocer su contenido. La PGR de Eduardo Medina Mora negó la información a los particulares y al IFAI, con el argumento de que la policía española la entregó al Estado mexicano “con el carácter de confidencial”. Más aún, en una decisión insólita, harto cuestionable, la PGR pretendió ampararse para no entregar la información. Esa decisión, por extrema y absurda —y porque detonó el sospechosismo—, dio cuerpo al nuevo escándalo.

Y es que cuando la PGR se negó a proporcionar la información, hizo crecer la duda sobre el origen de la fortuna de los Mouriño, que ya había sido cuestionada cuando con “puntería de apache” López Obrador denunció manejos nada claros de las empresas de los Mouriño con Pemex. Esas “irregularidades” sirvieron para alentar la campaña contra la supuesta privatización petrolera, pero también significaron la muerte política de Juan Camilo Mouriño, quien apenas si llegaba a la titularidad de la Secretaría de Gobernación, cuando su credibilidad y confianza social ya estaban por los suelos.

Pero más allá de las guerras y escarceos mediáticos, todo indica que es un móvil político lo que está detrás de los escándalos que han colocado a los Mouriño en el centro de la discusión nacional. ¿Por qué? Porque para un sector social, sobre todo para aquellos que creen la fantasía del fraude electoral en las elecciones de 2006, Juan Camilo Mouriño es algo así como el artífice de ese fraude, además de que no sólo era el asesor principalísimo del entonces candidato Felipe Calderón, sino uno de sus mejores amigos.

Cuando Mouriño fue llevado a Gobernación —y a pesar de su notoria inexperiencia política—, muchos vieron al más aventajado de los pretensos para 2012. Y por eso —porque para muchos es el artífice del fraude, símbolo del empresariado oportunista y tramposo y, por si fuera poco, un presidenciable en potencia—, debía ser destruido por sus adversarios.

Pero los adversarios no sólo vienen de los partidos antagónicos al PAN y al gobierno de Calderón. No, también están en la propia casa de los azules. Y es que con el paso del tiempo, con el avance del sexenio, el “grupo compacto” de Los Pinos se decanta y se reacomodan los intereses rumbo a gobiernos estatales, al Congreso y, por supuesto, hacia 2012. Para no pocos de los potenciales aspirantes a 2012, el señor Mouriño fue la primera víctima de esa carrera y, por ello, debe ser quitado del camino.

¿Qué fue lo que ocurrió cuando la PGR negó la información sobre los Mouriño? El golpe fue directo a la credibilidad y la confianza —de por sí mermada— del secretario de Gobernación. ¿Fue casual ese nuevo escándalo? Vale recordar que en política no hay casualidades, sino causalidades. Y todo indica que Mouriño ya no sólo es combatido desde fuera, sino que “duerme con el enemigo”.

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