Itinerario Político

Ahora todos reclaman paternidad

Ricardo Alemán

En trabajo de parto la reforma; nadie sabe si gozará de cabal salud
El recién nacido no tendrá un solo padre; será como “el mole poblano”

Ahora resulta que todos, especialmente azules, amarillos y tricolores, pelean la paternidad del futuro infante, de apellido energético y petrolero.

A punto del alumbramiento, lo cierto es que la reforma petrolera vive un doloroso trabajo de parto que, en el extremo, podría llegar a una urgente operación cesárea. Aun así, muchos apuestan a un parto natural, saludable, de consenso, a pesar de que nadie puede cantar victoria, sobre todo porque los meses de gestación del engendro petrolero fueron de altísimo riesgo, con insistentes amagos de aborto.
Por eso, y porque nadie sabe “cómo viene” el nonato, si aparecerán defectos genéticos, si no viene con una tara congénita, si gozará de cabal salud al momento del alumbramiento —porque nadie puede descartar que la reforma nazca muerta—, llama la atención que apenas iniciado el trabajo de parto se multipliquen los potenciales padres. ¿Por qué ahora todos o casi todos reclaman la paternidad de la reforma petrolera? La pregunta vale porque hasta hace pocas semanas, muchos apostaban a un aborto inevitable.

Pero la exaltada euforia por la paternidad de la reforma petrolera tiene una explicación que, por elemental, parece ridícula. Es decir, líderes partidistas, legisladores federales, políticos profesionales y la clase política en general tienen la mirada y la neurona puestas en la elección federal de 2009, por un lado y, por el otro, en los procesos para renovar media docena de gobiernos estatales, a celebrarse en ese mismo año.

No pocos expertos de la cosa petrolera y energética sostienen que el “producto” que en horas y días por venir parirán las cámaras del Congreso, muestra una peligrosa anemia, porque su peso está por debajo de los mínimos para garantizar supervivencia, desarrollo saludable y eficacia en su desempeño motriz; aseguran que no sobrevivirá siquiera una terapia intensiva y mucho tiempo en incubadora, y que podría padecer una parálisis de por vida. Lo cierto es que los conocedores del tema energético no le auguran larga vida, un buen futuro a la reforma petrolera.

Sin embargo, nada de eso les importa a los líderes partidistas, a los jefes del Legislativo, a los políticos profesionales. Lo que ahora importa es la renta político electoral —que no petrolera— de una reforma cuya bandera exhibirán todos y por todo el país para ganar la confianza ciudadana. Y es que en busca del voto popular para 2009, tricolores, amarillos y azules presumirán la paternidad de la reforma petrolera. ¿Realmente se le puede acreditar a uno solo de esos varones de la política la paternidad de la reforma petrolera? ¿Cómo pegará en la conciencia colectiva de los ciudadanos, potenciales electores para 2009, la reforma petrolera?

Está claro que en confirmación de la esquizofrenia que los ataca, los amarillos radicales —los mismos que mandaron “al diablo” a todas las instituciones, los mismos que hicieron todo contra una potencial reforma petrolera de consenso en el Legislativo, los mismos que ordenaron “cero diálogo” con el “espurio”—, reclamarán para su causa la paternidad de esa anémica reforma, a la que maltrataron, golpearon, y de la que renegaron.

Pero no les faltará razón. Y es que el sector de Los Chuchos puede reclamar la herencia genética de la reforma, porque a pesar de todo fueron quienes rompieron la alianza PRI-PAN y que “jalaron” el debate a su cancha. Pero nadie puede negar que el otro grupo, el encabezado por el “legítimo”, resultó rotundamente perdidoso. ¿Por qué? Porque a pesar de la impostura lopista, el derrotado candidato presidencial siempre le apostó a que no naciera la reforma petrolera; se negó a acudir al Congreso para negociar la reforma petrolera, y hasta hizo todo lo posible por inducir su aborto. Pero claro, en la naturaleza de los fanáticos lopistas está el oportunismo. Que lo compren quienes no los conozcan.

Los azules, sobre todo el presidente Calderón y el jefe del PAN, Germán Martínez, tampoco pueden hablar de paternidad responsable. La genética azul que heredó la reforma petrolera es menor. Lo que queda de la iniciativa enviada por el presidente Calderón es bien poco. Sin embargo a los azules se les debe reconocer, por lo menos, el mérito de tolerar que sus adversarios metieran mano —o lo que se quiera— en la gestación de la reforma. Esa tolerancia pudiera ser vendida a los electores como un triunfo político, con buena renta electoral.

¿Pero que pasó con el PRI? Pues les guste o no a azules y amarillos, los tricolores —igual que sus primos Chuchos— lograron meter el mayor potencial genético en la reforma, por lo que también pretenderán colocarse la “medallita”. Sin pasión ni fanatismo, debemos aceptar que la reforma petrolera es —como el mole poblano—, producto de muchos chiles.

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