PAN, PRI y PRD: a cirugía plástica
Ricardo Alemán
Cerca de Villepin y lejos de Aznar; peeling para cambiar la cara del PAN
Cambios cosméticos en PRI y PRD; mucho más que mano de gato rumbo a 2009
Convencidos de las bondades electorales de la imagen pública, de los maquillajes milagrosos y la renovadora cirugía plástica, las coquetas damiselas llamadas partidos políticos han recurrido a todos los trucos para conquistar, con sus encantos, el voto popular.
A 10 meses de que convencidos o incautos deban elegir de entre azules, amarillos o tricolores para renovar “la casa del pueblo”, PAN, PRI y PRD recurren a todas las fórmulas capaces del milagro de la belleza y la confianza frente al caprichoso electorado que, debemos decirlo, se deja engañar con frecuencia por una cara bonita.
¿Qué cara, imagen, credibilidad tienen hoy frente a los ciudadanos los partidos? Lo que vemos son apenas los preparativos de una imagen que entre abril, mayo y junio de 2009 podría ser muy distinta, porque los tres principales partidos viven una de las peores crisis de imagen y algunos hasta parecen empeñados en aparecer como auténticos monstruos de la política. Por lo pronto, es notorio que PAN, PRI y PRD ya recurren a costosas cirugías plásticas. Cambian cara y cuerpo, pero alma y corazón permanecen intactos.
El caso más reciente es el del PAN, cuyo jefe nacional —que prometió combatir a los “meones de agua bendita”, en clara referencia a poner distancia de la derecha extrema— hoy también parece empeñado en borrar la imagen de un partido azul vinculado con la derecha española del ex presidente José María Aznar —otrora cliente preferido del PAN—, y que para Germán Martínez es algo así como la parte vulgar de la derecha europea.
Que nadie se equivoque —parece decir el michoacano—, el nuevo PAN ya no se junta con el vulgo de la derecha. Ahora es tiempo del coqueteo con la derecha moderna, culta, ilustrada. Y quien primero respondió al llamado resultó ser el ex primer ministro de Francia, Dominique de Villepin —diplomático, político, escritor y grafómano impenitente de la vida, obra y milagros de Napoleón—, quien el pasado miércoles visitó la sede del PAN en donde dictó una conferencia sobre los desafíos de México y la Unión Europea.
En realidad, el PAN se somete a una cirugía plástica mayor —rumbo al proceso electoral de 2009—, que va desde la guanajuatización del partido —crear una red de militantes de base capaz de articular los procesos electorales— hasta la reforma estatutaria que concentra las riendas territoriales del partido y la selección de candidatos a puestos de elección popular en la dirección nacional, y la mudanza de imagen, para colocarse cerca de la derecha internacional de las ideas y, con ello, lejos de la derecha dogmática.
Pero el PRI no se queda atrás. El tricolor vive uno de los mejores momentos desde que fue echado del poder en 2000. Pasó un largo sexenio prácticamente en agonía. Sobrevivió “de milagro”, y una vez en franca recuperación podría ser el más dotado para ganar la mayoría en la Cámara de Diputados en julio próximo. ¿Por qué? ¿Acaso porque los electores no tienen memoria? ¿Acaso porque el PRI cambió?
No, el PRI no cambió. O mejor dicho, bajo la presidencia de Beatriz Paredes —política de talentos reconocidos y claridad de miras— ha permanecido anclado en ese cómodo papel de “fiel de la balanza”, sin cuya opinión y votación —y sobre todo frente a la vigente polarización— no se mueve una hoja del árbol del poder real, de la política. Con la consabida habilidad de huesos viejos, el PRI fue a su asamblea nacional, entendió que los vientos soplan a su favor, tiró el lastre del “madracismo” y hasta se aventó la puntada de emparentarse con la doctrina socialdemócrata.
Es decir —en sintonía con la polveada de derecha moderna que se dio el PAN—, el PRI se decidió a lucir un rostro de partido de centro-izquierda, al moderno estilo de la socialdemocracia europea. Cirugía plástica de cara y cuerpo. Porque por debajo el de Beatriz Paredes es el PRI de siempre.
Y en el partido político donde de plano son insuficientes los milagros del maquillaje, las bondades del bótox, la delicadeza del peeling, los riesgos de la liposucción y hasta una cirugía plástica mayor, es en el PRD, que vive la peor crisis en su historia de 20 años; está en duda su doctrina, identidad, ideología, proyecto, congruencia y su propia supervivencia. ¿Por qué llegó el PRD a ese nivel?
Hace 20 años, ya en trabajo de parto para el nacimiento del PRD, Octavio Paz dijo que los amarillos corrían un riesgo de origen, portaban la tara genética de la antidemocracia heredada del PRI y del marxismo-leninismo. Tenía razón. Hoy, para cambiar su cara rumbo al 2009, el PRD acuerda alianzas con PRI y PAN. Cirugía mayor contra natura. Al tiempo.
