Itinerario Político

Calderón: ¿Presidente rebasado?

Ricardo Alemán

Le enoja la realidad que difunden los medios, a los que reprende
Frente a Wal-Mart pierde el ‘timing’ político de hombre de Estado

Unos lo creen víctima del síndrome del “solitario de palacio”. Para otros está enojado por los escasos resultados en seguridad. Los de más allá ven desesperación, si no es que debilidad.

Lo cierto es que algo parece no andar bien no sólo en la casa presidencial, sino con el propio Felipe Calderón. En días recientes se produjeron tres acontecimientos cuya lectura deja ver que, en efecto, parece aislado, le enoja la elemental difusión de noticias sobre criminalidad, y parece desesperado por los insuficientes resultados en la materia. Las evidencias están a los ojos de todos.
En una de las muchas entrevistas de radio y televisión que ofreció por su segundo Informe al Congreso, habló por primera vez del choque abierto, visible para todos, entre los titulares de la PGR y la SSP: Eduardo Medina Mora y Genaro García Luna. Y ante el asombro de muchos justificó la pelea con un argumento débil: hay “traslape” de responsabilidades entre ambas instituciones.

Además explicó así las diferencias: “Hay cierta competencia entre las capacidades y logros de cada quien, pero tienen muy claro todos los integrantes del gabinete de seguridad, no sólo ellos (Medina Mora y García Luna), sino el secretario de la Defensa, el de Marina, el de Gobernación, que la orden es actuar de manera coordinada y eficaz”. ¿Qué debemos entender, sobre todo luego de la espectacular movilización social contra la inseguridad y de la no menos trascendente firma del Acuerdo por la Seguridad, entre buena parte del Estado mexicano?

Primero, queda claro que Calderón conoce bien el pleito. ¿Pero sabrá hasta qué punto la disputa afecta la eficacia en la tarea fundamental contra el crimen? Si vemos el asunto a través de la lente de los resultados, queda claro que el Presidente, sus instrucciones y objetivos han sido rebasados por una pelea que coloca en segundo lugar el objetivo central. Y es que en medio de esa disputa aparece el secretario Juan Camilo Mouriño, quien no sólo sigue creyendo que viven sus aspiraciones presidenciales, sino que trabaja duro para hacerlas crecer.

Dice Calderón: “La orden es actuar de manera coordinada y eficaz”. Buenas intenciones, pero alejadas de la realidad. ¿De verdad actúan en forma coordinada Mouriño, García Luna y Medina Mora? Los hechos dicen que no. ¿Qué significa el costal de compromisos en el Acuerdo por la Seguridad? Si revisamos cada uno de los 75 puntos, veremos que el gabinete los ha incumplido de principio a fin; que los dos primeros años han servido para bien poco.

Queda claro que Mouriño, Medina Mora y García Luna no son lo competentes que creyó el Presidente. Y si es así: ¿por qué siguen en sus cargos? ¿Sólo porque son amigos de Calderón? Si eso es cierto, el asunto preocupa. Y es que la gravedad de la inseguridad, los altos niveles de violencia que hacen ver cerca la ingobernabilidad, no serán resueltos con una “orden” como “póngase de acuerdo”. En todo caso se coloca en esos cargos a personas capaces de entender el valor del trabajo en equipo.

Días después, el 4 de septiembre, se produjo un doble mensaje muy preocupante. Alejado del timing político de un hombre de Estado, Calderón fue a la celebración del 50 aniversario del gigante comercial Wal-Mart, justo el día en que la Corte falló contra la cadena por someter a sus trabajadores a condiciones laborales de esclavitud, de las llamadas “tiendas de raya”. ¿No hay un asesor que informe, prevenga y cuide la imagen del Presidente para evitar que aparezca celebrando con grupos a los que otro poder, el Judicial, sanciona por explotación decimonónica? ¿O en Los Pinos comparten esas prácticas? Si es así, ya quedó claro.

En ese mismo acto, Calderón pareció estallar contra derechos elementales en democracia: la difusión de noticias. Dijo: “A veces parece que, por lo que vemos u oímos o leemos en algunos medios, aquí sólo hay espacio para la tragedia y parece que de lo que se trata es de eliminar todo resquicio de esperanza de los mexicanos… se puede pensar y se puede buscar a veces hasta deliberadamente que en el México nuestro sólo hay perversión y terror y dolor; que sólo hay maldad y criminalidad, pero no amigos y amigas, en México hay problemas pero nada que no sea remontable o superable”. ¿Qué debemos entender de ese mensaje?

Queda claro. Al presidente Calderón no le gusta el México que ve a través de los medios. Pero resulta que esa realidad no desaparecerá por dejar de transmitirla en los medios. Tampoco por desinvitar a comer a los periodistas. Se acabará cuando los servidores públicos sean eficientes, cuando cumplan su chamba, cuando sean bien seleccionados, cuando no ocupen los cargos por amiguismo, sino por su probada capacidad, cuando estén dispuestos a rendir cuentas y a renunciar por vergüenza, no por la revocación de mandato.

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