Itinerario Político

Poder y desvergüenza

Ricardo Alemán

Por el poder, la izquierda pisotea historia y origen
En el Zócalo arropan al “buen gobierno” de Ebrard
El líder está en lo suyo: el poder. Y como si el “asesinato del antro” fuese menor, convirtieron el mitin del Zócalo en ropaje y aplauso para el “buen gobernante” que es Marcelo Ebrard.

Y es que para el líder y su claque “el asesinato del antro” no fue más que un tropiezo sin más importancia que el molesto ruido mediático. Por eso, cuando no se cumple el novenario del luto de la ciudad —decretado por el propio Ebrard—, la llamada izquierda se sacudió el polvo de la “insignificante caída” y ya está de pie; de vuelta con su líder y en lo suyo: el poder.

Pero nadie se atreve a responder la gran interrogante: ¿a quién le importa —en esa dizque izquierda que rabiosa reclama soberanía petrolera— la justicia, la aplicación de la ley, la sanción a los responsables del crimen colectivo, acabar con la grosera impunidad y la perniciosa corrupción que campea en el GDF y sus delegaciones?

En realidad ni falta que hace, ya que la respuesta la conocen todos, está a la vista de todos —claro todos los que quieren ver y escuchar—: a ninguno de esos líderes de izquierda les importa nada la muerte de 12 personas, menos la sanción de los responsables ni terminar con la impunidad y la corrupción. ¿Por qué?

Porque líderes y lacayos están en lo suyo: la persecución del poder, sea pisoteando medio siglo de historia de la izquierda mexicana, sueños y esperanzas de generaciones completas; sea pasando sobre los derechos humanos de los menores que fallecieron y sus familias; sea pateando la memoria del 68 y el 71, destruyendo al partido político que nació para acabar con el PRI y que acabó secuestrado por el mismo PRI.

El poder como motor. ¿Por qué lanzar operativos espectaculares contra jóvenes como los del New’s Divine —antes que contra negocios irregulares y delincuentes—, que muestran al del DF como un gobierno represor, no lejano a los de Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo? Elemental: porque el jefe de Gobierno aspira a otro escalón del poder: el presidencial. Los operativos espectaculares eran y son parte de la propaganda de Ebrard para engordar su popularidad como presidenciable.

La desvergüenza como respuesta. Lo preguntamos toda la semana pasada y lo volvemos a preguntar hoy. ¿Dónde están los próceres de la izquierda, los líderes del 68, del 71, los defensores de los derechos humanos, los que en las últimas cuatro décadas gritaban a todo pulmón contra los abusos cometidos por los gobiernos del PRI y del PAN? ¿Dónde están Rosario Ibarra, Elena Poniatowska, El Pino, Pablo Gómez… aquellos que por décadas han impulsado comisiones de la verdad? ¿Dónde están los intelectuales de izquierda, los líderes del PRD, las mujeres, las ONG, los medios que se significaron por la crítica severa a los autoritarios gobiernos del PRI y del PAN?

En la mayor de las desvergüenzas, todos o casi todos prefieren callar; silencio cómplice que solapa. Son una pena que casos como el de Rosario Ibarra —que llegó a las posiciones de poder que ha ostentado y ostenta gracias a su lucha por la desaparición de su hijo, y que además preside la Comisión de Derechos Humanos del Senado— que piensen que el gobierno de Ebrard no merezca ser criticado y menos sancionado por un crimen colectivo como el del antro New’s Divine.

¿Por qué se niegan a criticar al gobierno de Ebrard? ¿Por qué en ese caso “mucha gracia y nada de justicia”? ¿Acaso la sangre de los jóvenes muertos en el antro no es del mismo color y sus vidas valen lo mismo que la sangre y la vida de los perseguidos en la guerra sucia, en 68 y 71, en Aguas Blancas?

Y todos esos vividores de la llamada izquierda guardan silencio ante un crimen colectivo y de Estado como el de New’s Divine porque unos están en el poder —senadores, diputados, jefes de gobierno, de- lgados del DF, gobernadores, alcaldes, o porque otros son empleados de todos los anteriores—, y otros porque luchan por el poder, como López Obrador, Manuel Camacho, Cuauhtémoc Cárdenas, Lázaro Cárdenas Batel, Jesús Ortega…

En plena desvergüenza, muchos de ellos estaban el domingo en el Zócalo, como si nada, en un mitin dizque para defender la soberanía petrolera, pero que todos saben que se trata de una grosera campaña electoral anticipada. Defienden a Ebrard sin importar la clase de gobierno que construye, el Frankenstein que defienden con su silencio cómplice; no importan los jóvenes muertos, sus familias sus derechos humanos ni la justicia y menos la congruencia con el pensamiento de izquierda. En la desvergüenza del poder ahora quieren involucrar al gobierno de Calderón en el crimen del antro. Queda claro que lo que importa no es más que el poder. Lo demás… y la sociedad, “les vale madre”

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