Marcelo en Los Pinos
Ricardo Alemán
Ebrard actúa como estadista
Rompe el tabú del “espurio”
Finalmente, el jefe de Gobierno del Distrito Federal olvidó las rencillas político-electorales construidas en julio de 2006 y, por primera ocasión, acudió a Los Pinos a un encuentro de gobernadores presidido por Felipe Calderón.
Hasta donde se sabe, a Marcelo Ebrard no le dio tirria saludar al Presidente; tampoco lo atacó un contagio virulento por pisar la casa presidencial y menos le hicieron “fuchi” al gobernante capitalino que, junto con un puñado de sus pares, aspira a despachar en esa misma casa oficial. ¿Qué pasó luego de la visita de Marcelo a Los Pinos y del encuentro con Calderón?
Pues no pasó nada. Ni Marcelo Ebrard dejó jirones de su gobierno en la puerta de Los Pinos, ni perdió un ápice de convicciones y doctrina, y menos traicionó a nadie. Sencillamente el jefe de Gobierno del DF se comportó como debió hacerlo desde el inicio de su gobierno; como un estadista, un político que al momento de ser votado por una mayoría de ciudadanos coloca por sobre sus intereses personales y de partido los de aquellos que lo eligieron para el ejercicio del gobierno. Ese es un gobernante.
En el otro extremo, tampoco se puede decir que Felipe Calderón ganó la foto, los reflectores, o que venció a Marcelo o al “legítimo”. Durante el encuentro de gobernadores con el Presidente en Los Pinos, Ebrard y Calderón tampoco pactaron acuerdo alguno, negocio alguno, ninguna claudicación del jefe de Gobierno del DF; Calderón no logró mayor o menor legitimidad y tampoco cedió terreno para una derrota de su gobierno.
En su calidad de jefe de gobierno y de Estado, Felipe Calderón hizo lo que tenía que hacer y estuvo donde debió estar —en un momento de crisis como el que se vive—, en tanto que en su calidad de gobernante de la capital del país y pretenso rumbo a 2012, Marcelo Ebrard acudió a lo que debía acudir. “Yo debo estar ahí”, concluyó horas antes, en apego a su responsabilidad de gobernante y estadista.
En el fondo —y más allá del resultado positivo que para la salud de todos supone el encuentro entre gobernadores y el presidente Calderón—, Marcelo Ebrard acabó con uno de los más grandes mitos que pesaba sobre sus aspiraciones presidenciales, con el tabú del “espurio” que le endilgó a Calderón el resentimiento político electoral. Marcelo tiró un lastre, una pesada herencia que le impedía ser identificado como un gobernante con capacidad y cabeza propias.
Y es que, nos guste o no, en la conciencia colectiva de millones de ciudadanos quedará impresa la imagen de aquellos gobernantes —azules, amarillos o tricolores— capaces de reaccionar rápido y de manera eficaz en torno a una emergencia como la que vivimos por la epidemia de gripe, y que colocan por sobre sus intereses, compromisos, fobias y filias políticas, el interés de los ciudadanos.
Marcelo rompió la cadena de resentimiento y odio que lo sujetaba y comprometía a otro proyecto político y que se había convertido en un lastre para sus propias aspiraciones. Al adoptar el papel de estadista, sin las ataduras que le hacían creer que era una traición colaborar con las instituciones del Estado —en beneficio de los ciudadanos—, Marcelo Ebrard no sólo recupera su estatura como gobernante y aspirante presidencial, sino que abona a su causa presidencial elementos indispensables: confianza, sensibilidad, sensatez y la imagen de un gobernante capaz de cosas mayores.
Junto con las de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto —cuya imagen ante la emergencia se fue a las nubes—, la imagen de Marcelo Ebrard será una de las gananciosas frente al proceso electoral. Y es que uno de los saldos de la crisis sanitaria que paralizó a buena parte del país durante 15 días es, precisamente, la calificación que les dan los ciudadanos a los gobernantes. ¿Cuántos votos sumará o restará a los azules, tricolores o amarillos la crisis de gripe? Al tiempo.
EN EL CAMINO
Ahora resulta que aparecen voces que se dicen decepcionadas porque el número de muertos por la epidemia fue de un puñado. Argumentan que debieron producirse cientos de muertos para justificar la paralización del país y —como ya ocurre— que México sea visto como el reino de los apestados… Por cierto, ¿dónde están las guerreras de género, que nos expliquen por qué mueren más mujeres que hombres?
