Itinerario Político

Miedo al día después

Ricardo Alemán

Mientras muchos siguen “clavados” en culpar al gobierno federal por el supuesto o real retraso al atender la epidemia, en la casa presidencial, en el Poder Legislativo y el Banco de México otean los efectos de lo que ya es “el día después”

Es decir, que además de las medidas para frenar la emergencia sanitaria y lograr que se estacione, son urgentes acciones económicas, políticas y sociales, para contener la ola expansiva que ya provoca la epidemia en la industria, el comercio, los servicios, turismo y, sin duda, en aspectos político-electorales como el proceso de julio próximo.

¿Qué debe hacer Felipe Calderón ante el paro de actividades industriales, comerciales y de servicios en el valle de México? El asunto se agrava si se añaden los efectos nocivos de la crisis económica global, de la que aún no existen indicios de salida —y su cauda de desempleo—, a la suspensión de actividades a causa de la epidemia.
Paralizar cines, espacios recreativos y deportivos, restaurantes, bares, cantinas, centros nocturnos y la educación en general —de la que dependen muchas industrias— provocará un impacto económico demoledor que de manera directa repercutirá en los ingresos de miles de familias, además de la potencial quiebra de centenares de empresas —sin contar la voraz ola de clausuras que en el DF ha desatado el gobierno de Ebrard en las últimas horas—, que viven en la incertidumbre porque nadie sabe cuánto durará la emergencia.

Nadie duda que para el Estado y sus instituciones resulta prioritario contener la epidemia, sus efectos y evitar la pérdida de vidas humanas. Sí, es prioritario. Pero también lo es prevenir la quiebra de empresas, la ruina económica de los pequeños negocios e impedir el otro contagio: el que se da entre la crisis económica y la epidemia.

En el Congreso de la Unión se trabaja para proponer a presidente Calderón una definición sobre objetivos claros rumbo al “día después”, en tanto que los partidos políticos analizan costos de una potencial suspensión de las elecciones de julio próximo. Todo bajo una premisa: nadie sabe el tamaño de la epidemia y menos cuánto durará la emergencia.

En 1918 la gripe española mató a 50 millones de personas. En 1957 una segunda epidemia arruinó economías completas. Y en 1968 una nueva pandemia hizo estragos globales. Estamos ante un asesino invisible, versión natural de terrorismo: el viral, en el que compartir el espacio es compartir la enfermedad. ¿Está preparado el Estado mexicano para el día después?

EN EL CAMINO

Dictadura del virus. Imposible los Sueños en mármol de Rodin. El beso hoy llama a la muerte.

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