PAN y PRI: por el voto del miedo
Ricardo Alemán
Las elecciones de julio estarán marcadas por inseguridad y violencia
¿Por qué votaría por su diputado un elector de Juárez, Tijuana, Culiacán…?
No es novedad que las elecciones de julio próximo —que renovarán 500 diputados y seis gobiernos estatales— estarán marcadas por la inseguridad, la violencia y la ingobernabilidad.
Lo nuevo de ese proceso electoral, en todo caso, sería que el llamado “voto del miedo” determine el resultado. En ese caso tampoco estaríamos ante algo inédito —ya que el voto útil es una estrategia de viejo cuño—, si acaso que por primera vez sería estrategia de un gobierno de derecha.
Todos conocen los sondeos de especialistas sobre las preferencias electorales rumbo a julio próximo —con el PRI a la cabeza, seguido del PAN y con un lejano tercer lugar para el PRD—, pero resulta notorio que ninguna de esas empresas se haya ocupado de medir el impacto de la inseguridad en el ánimo de los electores; si la emergencia estimulará el abstencionismo o detonará una concurrida asistencia a las urnas.
¿Por qué acudiría a votar por su diputado federal —en julio próximo—, un elector de Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana…?
¿Cuál sería el motor para expresarse en las urnas, ante los elevados niveles de inseguridad, narcotráfico, criminalidad y la poca eficacia de los tres órdenes de gobierno y los tres Poderes de la Unión?
¿Por qué y por quién votar, si a la hora buena, legisladores federales al Congreso colocan los intereses partidistas, personales y electorales por encima de prioridades sociales como aprobar las reformas para contener la inseguridad?
El voto del miedo, dicen conocedores del tema, es una poderosa y peligrosa arma politico-electoral. ¿Por qué? Por su doble filo. Y es que por un lado puede servir para estimular el voto en favor de un gobierno o una estrategia ya conocida. Es decir —según el refranero popular—, asistimos al claro y clásico “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.
Por otro lado, el voto del miedo se puede convertir en poderoso antídoto contra el ejercicio libre y razonado del voto. O si se quiere, que si el miedo a la violencia, inseguridad, impunidad, se puede traducir en copiosa votación, también es cierto que puede ser el mejor estímulo al abstencionismo. Y frente a la situación que se vive —de fuerte presencia violenta de los cárteles—, es muy probable que prevalezca lo segundo. ¿Por qué? Porque son evidentes miedo y desánimo entre potenciales electores.
Como todos recuerdan, el caso más reciente de la utilización politico-electoral del voto del miedo estuvo a cargo del equipo de campaña y del propio candidato presidencial del PRI, Ernesto Zedillo, quien alcanzó una votación histórica en 1994 —de más de 14 millones de votos—, luego de estimular el temor a dos inéditos en la vida política nacional: el alzamiento del EZLN en Chiapas y el crimen de Luis Donaldo Colosio.
¿A quién conviene, en la elección intermedia de 2009, estimular el voto o la abstención electoral del miedo? Precisamente aquí aparece el hilo fino de la disputa politico-electoral desatada entre el gobierno de Calderón, el PAN y el PRI.
Es público que a su llegada a Los Pinos Felipe Calderón convirtió en prioridad de su gobierno la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Al tiempo recibió informes sobre niveles e implicados en la narcopolítica. Al concluir el segundo año de su gestión el presidente deslizó la especie de que el PRI lo había dejado solo y que junto con gobernadores y alcaldes de todos los partidos, los tricolores no asumían su responsabilidad en la lucha contra el narcotráfico.
Suficiente para que el PRI se dijera difamado y perseguido. Por eso apeló a la desmemoria, acusó al PAN y al gobierno de Calderón de decir “estupideces” y de politizar la inseguridad, y llegó al extremo de negar la historia. ¿A quién se le ocurre pensar que el PRI tiene responsabilidad en el florecimiento del crimen, la violencia y la impunidad? Al final, el PRI cerró toda posibilidad de aprobar en el Congreso las reformas propuestas por el Presidente, precisamente en materia criminal.
Suficiente para que el PAN y el gobierno de Calderón llamaran irresponsable, chantajista y amnésico al PRI frente al narcotráfico y el crimen organizado. En el extremo, los azules retaron al PRI a demostrar su compromiso en la lucha contra el narco, con la aprobación de las reformas propuestas por Calderón.
En resumen, parece que el PAN le apuesta al voto del miedo para ausentar electores de las urnas y bajar los potenciales votos del PRI, en tanto que el PRI parece apostarle a no entregar al PAN y al gobierno no un triunfo, sino un avance en la lucha contra el crimen organizado. Disputa que sólo pondera los beneficios electorales, mientras los muertos se apilan por miles. ¿De qué lado está la irresponsabilidad? Al tiempo.
