Itinerario Político

PRI: la reforma posible

Ricardo Alemán

Con una puntería que dejó boquiabiertos a amarillos y azules, el PRI no sólo presentó ayer su reforma petrolera sino que ratificó su calidad de “fiel de la balanza”
Es un “bien elaborado refrito” de la iniciativa presidencial
Hasta julio de 2009 sabremos el impacto de las enmiendas promovidas

Con una puntería que dejó boquiabiertos a amarillos y azules, el PRI no sólo presentó ayer su reforma petrolera sino que ratificó su calidad de “fiel de la balanza”.

¿Cuál será, al final, la reforma petrolera posible? Sí, la que ayer presentó el PRI, esa que con algunos ajustes menores —producto de acuerdos y negociaciones— será apoyada por el PAN y por la parte dialogante del PRD.

Por eso el PRD de Los Chuchos se apresuró a dejar claro que, antes del periodo ordinario de sesiones, presentará su propia iniciativa. El anuncio lo hizo el senador Carlos Navarrete, a quien los talibanes amloístas calificaron de “vendido”, “traidor” y toda clase de linduras, por cometer el pecado capital de hacer política.

¿Pero en qué consiste la reforma del PRI ayer, cuyo mérito debe ser acreditado a dos políticos de colmillo largo y retorcido: Manlio Fabio Beltrones y el ex candidato presidencial, Francisco Labastida?

En rigor, no es más que un “bien elaborado refrito” de la iniciativa del presidente Calderón. Se trata de una reforma que crea un nuevo Pemex: un moderno esquema corporativo, en manos del gobierno, sin la carga del sindicato, con nuevas fórmulas fiscales, y que podrá contratar, como hasta ahora, a empresas privadas para que hagan el trabajo, sin que se les pague en especie.

Según especialistas, es la misma reforma que presentó Calderón, pero con “un vestido diferente”, que le quita toda la carga negativa dizque privatizadora. Y casualmente —paradojas de la grilla—, buena parte de ese nuevo vestido que se elaboró para Pemex fue confeccionado por la parte seria y sensata de los amarillos.

Y es que, en buena medida, lo que vemos en torno a Pemex no es más que un trabajo político de “filigrana” con objetivos bien definidos y que pretende dejar “chiflando en la loma” a los fanáticos de AMLO, que terminarán autorrelegados de la reforma, gritando rabiosos que de todas formas se privatizará Pemex, en tanto que la reforma aprobada no será la que presentó el PAN, sino la exhibida ayer por el PRI, a la que a regañadientes —para efectos mediáticos— se sumará un sector de los amarillos, quienes en realidad son dueños de buena parte de la paternidad del chamaco.

Así, el desenlace en septiembre —el de la reforma petrolera aprobada por la mayoría de los tres grandes partidos, a los que se sumarán Panal, Verde y Alternativa—, para efectos mediáticos, resultará de un largo proceso de gritos y sombrerazos, tomas de tribunas, prolongados debates, risibles consultas ciudadanas y, luego de ello, un acuerdo político cercano al consenso.

Luego de ese proceso —realizado al estilo del viejo PRI, que apuesta al tiempo como fórmula para el reacomodo—, la imagen de amplios sectores sociales será que los talibanes amarillos son un puñado de intransigentes que a todo dicen que no y cuyo objetivo es dinamitar no al gobierno de Calderón, sino al Estado todo. ¿Por qué dinamitar al Estado? Porque creen que luego de la vergonzosa derrota electoral de julio de 2006, sólo pueden llegar al poder mediante el terrorismo político.

Es decir, que luego de todo un tortuoso camino político, la reforma petrolera “posible” no será la que presentó el presidente Calderón, sino una modalidad preparada por el PRI —lo que le quitará a la reforma el tufo de privatizadora—, cuyos elementos centrales salieron de la autoría de un sector amarillo. Así, en la cola de la reforma aparecerá un PAN aparentemente sometido que, en esa lógica mediática, deberá tragar sapos y serpientes.

Algunos dirán que el ganancioso de la reforma será el PRI de Beltrones, de Labastida, de Paredes o de Gamboa. Otros le acreditarán a ese partido haber sometido al Presidente y echado abajo su propuesta. Una porción menor de ciudadanos dirá que ganaron los sectores negociadores del PRD, y no faltarán las voces de los que, ya en el delirio, dirán que gracias “al movimiento” de AMLO se hizo la reforma.

Pero será hasta julio de 2009 cuando conozcamos la verdadera encuesta sobre esa reforma, el impacto social de otras enmiendas promovidas por el gobierno de Calderón en la primera mitad de su gestión; conoceremos la encuesta sobre la actitud asumida por un PRI negociador, dialogante y dispuesto a regresar al poder, y sobre un PRD fracturado y destruido por sus guerras intestinas. Ahí sabremos si Calderón, Beltrones o AMLO hicieron el trabajo adecuado, no sólo en la reforma petrolera, sino en la política real. Al tiempo.

En el camino

Felicidades a Gustavo Lomelín por el inicio de una alternativa noticiosa en la televisión matutina, en el canal 34 mexiquense, frecuencia que de suyo marca brecha.

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