Rogelio Ramírez de la O
Un debilitamiento económico en Es-tados Unidos, como el que hoy tiene lugar, transmite efectos negativos a México a través de varios canales, lo que augura tiempos difíciles. Es mucho lo que el gobierno debería hacer para no hacerlos aún más difíciles para los mexicanos.
No hay suficiente oferta interna para que la economía crezca más de 4.5% sin generar inflación, debido a insuficiente infraestructura, oferta de energéticos o aun de mano de obra calificada. Tampoco tiene suficiente demanda interna, porque no hay empleo abundante y es bajo el poder de compra de la población. De ahí que la demanda externa resulte vital para mantener cuando menos al sector exportador, aunque sea con la poca infraestructura que ya conoce y que está cada vez más presionada, como los aeropuertos y las carreteras.
Así, el primer impacto negativo transmitido desde Estados Unidos es sobre nuestras exportaciones y tasa de crecimiento. Cuando Estados Unidos sufrió recesión, en 2001, su crecimiento bajó de 3.7% a 0.8%. El de las exportaciones mexicanas pasó de 19% a -3%, y el del PIB de 6.6% a -0.2%. En Estados Unidos la debilidad del crecimiento duró dos años, pero en México tres años. México siempre sufre más, en parte porque las políticas públicas adoptadas ahondan el impacto recesivo.
Este año el crecimiento de las exportaciones de manufacturas bajó de 16% a 7.6% hasta julio. Cuando se desaceleran las exportaciones así pasa con la inversión fija bruta, la cual pasó de 10% en 2006 a 4.9% en el primer trimestre.
Como las empresas posponen inversiones al no saber la profundidad de la desaceleración, el gobierno debe evitar políticas prorrecesivas. Por ello debería aumentar su propia inversión. Para no incurrir en más deuda, debe reducir su gasto burocrático. Pero, irónicamente éste crece 4.1% en términos reales hasta julio, por encima del alto crecimiento de 2006 que fue de 8.9%. Hay que insistir que el ingreso petrolero está cayendo y la inversión en Pemex, que es necesaria para que mantenga su producción, es mucho mayor que en el pasado. De manera que no hay ningún lugar para holgura burocrática.
Otro mecanismo de transmisión es por las remesas de trabajadores. Aunque varios analistas indican que no tienen por qué caer, hay más fe que análisis en sus afirmaciones. La caída de la construcción en Estados Unidos simplemente significa menos empleo. Hoy los hispanos representan 25% de la fuerza de trabajo en ese sector. Por lo tanto reducirán sus remesas, como ya se observa, pues en 2006 crecieron 15%, pero sólo 0.6% hasta junio.
Naturalmente que si el ingreso por exportaciones y remesas se desacelera y las importaciones no bajan, el déficit en la cuenta corriente externa crecerá. Esto ya sucede, pues el superávit de 840 millones de dólares hasta julio de 2006 se convirtió en un déficit de 3 mil 800 millones en 2007. Para contrarrestar esto sin políticas recesivas, debería haber mayor énfasis en evitar los abusos de precios de los monopolios y bajar los costos y precios de la producción de energía.
La reestructuración de Pemex es esencial, pero la estrategia debería incluir el aligeramiento de su deuda de Pidiregas. No tiene caso que el país tenga 71 mil millones de dólares de reservas y que la deuda de Pemex en Pidiregas se acerque a 50 mil millones.
Todas estas acciones son difíciles, porque implican no sólo encontrar soluciones financieras, sino más que nada redefinir las operaciones del gobierno y de Pemex y lograr regulaciones y medidas antimonopólicas más efectivas. Así sería preferible que el gobierno concentrara su atención en eso y no en la firma de más acuerdos de libre comercio que ya alcanzan a 44 países sin que sea claro para qué han servido, aparte del de Norteamérica y el de Europa. El problema fundamental es de competitividad y no de acceso a mercados.
Otro canal de transmisión es vía el crédito. Como la banca en México es principalmente extranjera y enfrenta problemas de liquidez global, reducirá el crédito a México. Lo más probable es que se reduzca el crecimiento de la construcción de vivienda. El gobierno debería acelerar la construcción de otras obras públicas y afinar la regulación y supervisión de la banca comercial para dar suficiente confianza a los instrumentos de crédito a la vivienda.
Siempre hay acciones que el gobierno puede hacer para suavizar un choque externo sin necesidad del Congreso. Todo es que tenga una visión realista, que sepa el rumbo del país y que se organice para hacerlas.
rograo@gmail.com
Analista económico
