Hong Kong

Eugenio Anguiano

La historia de Hong Kong, nombre que en idioma cantonés significa “bahía perfumada”, es una de las más fascinantes de los últimos 165 años, durante los que han ocurrido cambios espectaculares en el ámbito geopolítico mundial. Un territorio de mil 71 kilómetros cuadrados que alberga a 6.9 millones de habitantes y está compuesto de varias islas, la principal de ellas llamada Hong Kong o Victoria, y de un territorio continental enclavado en la provincia china de Guangdong.
La parte continental es la más extensa y se compone de la península de Kowloon (ó “nueve dragones”), la que con la isla central conforma la famosa “bahía perfumada”, y al norte los Nuevos Territorios. Los británicos se apoderaron de este enclave en varias etapas: en 1842, después de la llamada “primera guerra del opio”, se adueñaron a perpetuidad de Hong Kong, a la que entonces se describió como una “roca desierta”; en 1860, al firmarse la paz del segundo conflicto bélico del opio, se apropiaron de Kowloon, también a perpetuidad, y en 1898, Londres le arrancó a China las isla de Lantau y los Nuevos Territorios, esa vez por 99 años.

Cuando en 1984, Margaret Thatcher, primera ministra conservadora de Gran Bretaña, y el reformista Deng Xiaoping, quien sin ser formalmente jefe de gobierno ni de Estado actuaba como líder indiscutible de China después de terminada la era de Mao Tse Tung, negociaron el acuerdo para la eventual devolución de la joya de la corona británica a China, la dama de hierro intentó limitarla a lo que el imperio chino había cedido por 99 años, alegando que Hong Kong y Kowloon habían sido adquiridos legalmente a perpetuidad. Pero para los chinos, tanto comunistas como sus adversarios nacionalistas, los Tratados de Puertos del siglo XIX eran “tratados desiguales”, fruto de la repartición de China en esferas de influencia, concesiones portuarias y pequeños territorios coloniales por parte de las potencias extranjeras, mediante la fuerza y la intervención de las cañoneras.

Al final, en la negociación bilateral con los británicos se impuso la posición de la República Popular China, de forma tal que a la medianoche del último día de junio de 1997, todo el territorio de Hong Kong pasó a manos chinas bajo el acuerdo de “un país, dos sistemas”. La próspera colonia se convirtió en Región Administrativa Especial de China, misma que hasta 2047 conservará su propio sistema económico, moneda, judicaturas, policía y administración; el gobierno central de China se hace cargo únicamente de las relaciones exteriores de esa región (pero respetando los acuerdos internacionales vigentes de la ex colonia), de la defensa y de la seguridad nacional. La Ley Básica sobre la región, que aprobara la Asamblea Popular Nacional de China, es una especie de miniconstitución que rige jurídicamente a Hong Kong y le otorga autonomía amplia de administración, incluidos los juicios de última instancia, que se ventilan en una Corte Final de Apelaciones hongkonguesa, cuyos miembros son ratificados por la Asamblea china.

A 10 años de haberse transferido la soberanía de este pequeño y próspero territorio, se han desvanecido muchos de los temores manifestados en 1997 por los medios de información occidentales y pro occidentales, en cuanto a que el régimen comunista chino iba a intervenir excesivamente en los asuntos de Hong Kong, con lo cual destruiría la bonanza de sus habitantes y el dinamismo de los negocios de alcance global que ellos impulsan. La Región Administrativa Especial ha continuado floreciendo como una portentosa economía de servicios, un punto de intermediación comercial y financiera entre los primeros del mundo y una sociedad cada vez más cosmopolita.

El producto bruto por persona fue de 27 mil 600 dólares el año pasado y, según el Banco Mundial, en 2005 Hong Kong era la décima economía más rica del orbe, no obstante que a partir de 1980 la distribución de su ingreso comenzó a hacerse crecientemente desigual.

En esta primera década del experimento chino de “un país, dos sistemas”, Hong Kong ha avanzado y progresado en todo, excepto en lo relativo a democratización, la que se tendría si los 60 miembros del Comité Legislativo, en vez de solamente la mitad de ellos, y el jefe del Ejecutivo, fueran electos por voto directo de los ciudadanos. Se había fijado 2007 para lograr el primer objetivo, y 2008 para el segundo; pero el régimen de Pekín ha detenido el proceso, que ahora se vuelve incierto, por lo menos en cuanto a fechas. Por otra parte, Samuel Finer, famoso experto en historia de gobierno, señalaba que Hong Kong era un sistema político único: antidemocrático, pero libre. Por lo pronto, en sus primeros 10 años como Región Administrativa Especial de China, el sistema legal de Hong Kong parece haber sido confiable e imparcial, y la información ha fluido sin cortapisas: dos pilares de la libertad.

Profesor investigador de El Colegio de México

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