Dueños del “ya basta”
Carlos Loret de Mola
Unos gritan “¡Ya basta!” a Calderón, le llaman asesino, exigen pactar con los criminales y piden que el Ejército regrese a sus cuarteles. Los otros exigen gritar ese “¡Ya basta!” a los delincuentes y afirman que no hay más camino contra la violencia que el del Presidente, que nadie ha propuesto una estrategia mejor. Ambos grupos están haciendo política, piensan en votos y se dedican a lo que es su especialidad desde casi una década: polarizar, dividir.
Los dos discursos no dejan espacios: “estás conmigo o estás contra mí”. Fundamentalistas. Para ellos hay víctimas de la violencia buenas (si piensan como ellos) y malas (si piensan distinto). Dignas e indignas. Los que coinciden con su pensamiento son héroes de la patria. Los que disienten de su discurso reduccionista son traidores o cómplices de los criminales. La izquierda de champaña se pone su disfraz de pobre, asume la representación de los más necesitados y, racista, discrimina a las víctimas. La derecha no pecadora criminaliza a sus opositores, no explora la autocrítica y desdeña todo clamor de hartazgo ciudadano, pues considera que está motivado por intereses de partido.
La violencia alcanza niveles intolerables y para enfrentarla poco ayudan el odio y las posturas irreductibles. No tienen derecho a eliminar el derecho a disentir, sobre todo porque entre sus dos extremos caben muchos matices: una cosa es no estar de acuerdo con la idea infantil de que Calderón es el causante y responsable único de la violencia, y otra muy distinta aceptar que su estrategia anticrimen no merece más que la matraca y el aplauso (¿y el lavado de dinero? ¿y la profesionalización de las policías locales?).
Especialistas, observadores, analistas y activistas ciudadanos han propuesto ideas para ajustar, modificar o afinar esta lucha en muchos foros. No han sido escuchados. Es falso que los que critican no proponen.
En el otro extremo hay frases: “que regrese el Ejército a los cuarteles”, “alto a la masacre de Calderón”. Como si declarar oficialmente “el fin de la guerra” llevara a terminar con la violencia, los capos se retirarán a jugar damas chinas, sus sicarios adoptarán códigos de ética y no hubiera un decapitado más, ningún joven inocente asesinado, ninguna fosa clandestina rebosante de cadáveres, ningún alcalde o gobernador al servicio de la mafia.
Si persistimos en pensar que uno de los dos grupos políticos tiene la razón absoluta sólo nos quedará esperar sentados a que llegue el día en que todo México sea como Tamaulipas: Estado fallido.
SACIAMORBOS
Un escándalo coquetea al Tribunal Colegiado en Materia Penal del DF: circula copia de un correo electrónico que aparece emitido desde la cuenta de un connotado abogado en el que se lee que cuenta a sus clientes —dueños de cadenas populares de comida y cafés rápidos— de una mordida de 2 millones de pesos para los magistrados que están por fallar un asunto que disputan con una conocida franquicia de comida italiana.
