Historias de reportero

Molinar y Lozano, casi a golpes
Carlos Loret de Mola

A la oficina del senador panista Javier Lozano Alarcón, ex secretario del Trabajo, llegó Juan Molinar Horcasitas, ex secretario de Comunicaciones y Transportes, luego director del IMSS y posteriormente secretario de Acción de Gobierno del PAN.
El tema de la reunión era la postura del partido frente a las reformas planteadas por el presidente priísta Enrique Peña Nieto. Lozano, más cercano al grupo del ex mandatario Felipe Calderón, ha recriminado a la dirigencia nacional encabezada por Gustavo Madero Muñoz —de la que Molinar Horcasitas es parte esencial— que se han entregado al nuevo régimen a cambio de nada.
Molinar planteó que había que aprobar lo contenido en el Pacto por México, firmado por Madero en el Castillo de Chapultepec. Lozano le reclamó su incapacidad para ser una oposición al PRI y le dijo que en el Senado, los votos comprometidos al PRI no se darían en automático. Era el 12 de diciembre de 2012. Lozano y Molinar, encendidos en la discusión, casi llegaron a los golpes. Se gritaron, se amagaron pero finalmente no se tocaron.
El episodio es una radiografía de lo que sucede adentro del PAN. Apenas este fin de semana la cuestionada dirigencia de Gustavo Madero reportó una caída de 80% en su militancia, que pasó de un millón 868 mil 567 a 368 mil 253 ciudadanos. Hoy, el PAN cuenta con un padrón confiable que los ha exhibido más pequeños, más derrotados, más divididos. Ya en la recta final del sexenio anterior era bien sabida la rivalidad entre Gustavo Madero y Felipe Calderón. No se dirigían la palabra y en privado hablaban (lo siguen haciendo) muy mal el uno del otro. En Los Pinos, Madero no era nadie y Calderón no pesaba en las decisiones del panismo orgánico. Por si la crisis no bastara, estaba peleada con ambos la candidata presidencial Josefina Vázquez Mota. El resultado: tercer lugar en la elección de julio pasado.
Los muestra también como un partido que, en el camino de conquistar y ejercer el poder, perdió el talante democrático que lo caracterizó por años: los números millonarios de militantes activos y adherentes que presumía el partido en la recta final del gobierno calderonista estaban inflados, porque quienes querían una candidatura y la peleaban en una elección interna registraban a ciudadanos —incluso simpatizantes de otros partidos— solamente para que pudieran votar por ellos en el proceso panista y así ganaran la postulación. Una mapachería electoral.
En diciembre de este año se someterá a elección el cargo de dirigente nacional del PAN (Gustavo Madero puede intentar repetir). El proceso sucederá tras el primer año de gobierno de Peña y después de 13 elecciones que tiene la agenda política 2013, la más relevante, sin duda, la de gobernador de Baja California, donde el PRI luce más competitivo que nunca para conquistar esa posición, que es bastión panista desde 1989, hace casi un cuarto de siglo.

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