Jorge Chabat
Hace un par de días el secretario de Goberna-ción, Francisco Ramírez Acuña, confirmó lo que varios analistas habíamos dicho desde que ocurrieron los primeros atentados del Ejército Popular Revolucionario en julio: que los servicios de inteligencia del gobierno no están funcionando bien y que, por ello, no se pudieron prever los ataques del EPR. Ramírez Acuña justificó el deterioro del Cisen por la baja de mil elementos de ese centro en los últimos años y la reducción de presupuesto en 2007 frente al 2006. Puede ser.
De hecho, en el presupuesto del 2007 hay, en efecto, una reducción pequeña, de poco más de 3%, con respecto a 2006. Pero, ¿es esa una explicación suficiente? Sin duda la reducción de personal pudo haber influido. Aun así, quedan muchas interrogantes. Si bien el Cisen no pudo prever los ataques del EPR en julio y septiembre, ¿qué pasó con la inteligencia militar? ¿O es que, como ocurrió con los alzamientos en Atenco contra el nuevo aeropuerto capitalino en 2001, los servicios de inteligencia sí los previeron pero quienes deciden no tomaron en cuenta dicha información? Ciertamente subsisten muchas interrogantes.
Ahora bien, a estas alturas lo que queda claro es que el gobierno mexicano no le puede apostar a tener servicios de inteligencia con bajo presupuesto. Buena parte de las amenazas que enfrenta hoy el Estado mexicano sólo se pueden enfrentar con estructuras de inteligencia profesionales y bien equipadas. El terrorismo, el narcotráfico y otras formas de delincuencia organizada, tales como el tráfico de personas o las pandillas juveniles (y no tan juveniles), se deben enfrentarse con inteligencia.
Ningún Estado en el mundo tiene la capacidad de vigilar todas las instalaciones estratégicas, todos los puntos de un posible ataque terrorista, como tampoco ningún Estado del mundo puede revisar a todas las personas y a todos los aviones, barcos y vehículos automotores para detectar cargamentos de droga. Así no funcionan las cosas. Los gobiernos actúan para prevenir estas amenazas sobre la base de información previa, de “pitazos”, como se dice comúnmente. ¿Y qué son los “pitazos”? Información de inteligencia, resultado de un esfuerzo minucioso de recopilación y análisis de datos, versiones informales, rumores, reportes de agentes infiltrados, información de otros gobiernos. Esa es la apuesta que debe hacer el gobierno mexicano.
Ciertamente el despliegue de los operativos policiaco-militares para recuperar partes del territorio nacional del narcotráfico era una prioridad del gobierno de Calderón y, a pesar de que éstos no redujeron inicialmente la violencia, al final parecen haber contribuido a la decisión racional de los capos de la droga de pactar una tregua para reducir la violencia. Sin embargo, el Estado mexicano no puede quedarse en eso. Si bien la violencia se ha reducido, el narco no ha desaparecido ni desaparecerá.
Lo mismo ocurre con el terrorismo y otras amenazas. Esto es, el Estado mexicano debe contar con cuerpos policiacos y con el apoyo de última instancia del Ejército, pero no se puede quedar sólo con ello. Hay que apostarle a construir servicios de inteligencia profesionales y más eficientes. En este sentido, todo sugiere que el acuerdo entre México y Estados Unidos para combatir el narcotráfico (y seguramente otras amenazas), el mal llamado “Plan México”, tiene la mira bien puesta al contemplar un mejor equipamiento de los cuerpos policiacos y de los aparatos de inteligencia.
El panorama en términos de seguridad es, ciertamente, preocupante. Los ataques del EPR han añadido una amenaza a la lista de las preocupaciones del gobierno mexicano. Y no es una amenaza menor. Desde luego que la pobreza y la injusticia fomentan la aparición de este tipo de grupos y es claro que hay que resolver estos problemas, pero mientras ello ocurre no podemos dejar que el EPR siga realizando ataques criminales a la economía nacional. Para ello hay que fortalecer al Cisen y a los aparatos de inteligencia del Estado mexicano. Y eso significa, entre otras cosas, darle recursos, entrenamiento y volverlo una prioridad en la agenda.
Sin duda que hay muchas prioridades en México, pero la seguridad es la primera. Tal vez no la más importante, pero sí la más urgente. Así pues, las disculpas no bastan cuando se trata de los servicios de inteligencia. La inteligencia debe ser la primera tarea del Estado. La decisión de no tener servicios de inteligencia eficientes es la decisión menos inteligente del gobierno.
jorge.chabat@cide.edu
Analista político e investigador del CIDE
