Gasto público insostenible

Rogelio Ramírez de la O

La economía del país está prácticamen-te sentada, vistas las ventas estancadas o en caída de muchas empresas entre los primeros seis meses. Esto augura un muy lento crecimiento en 2007 y 2008, el cual se agravaría si además empresas y trabajadores resultan golpeados con nuevos impuestos.
De ahí que el eje principal de cualquier ajuste fiscal siempre debió ser la reducción del gasto público antes que nuevos impuestos. Pero tanto la administración de Vicente Fox como la actual se resisten a reducirlo y a explicar para qué quieren más impuestos. Ello explica que el puro anuncio de una propuesta recaudatoria provoque críticas y que se expongan múltiples ejemplos de desperdicio del gasto, haciendo la propuesta oficial indefendible.

Las críticas tienen razón. Entre 2000 y 2006 el gasto público creció en 75 mil millones de dólares o 2% del PIB. Pero el gasto en inversión física directa sólo aumentó mil millones, lo que significa que el incremento se dirigió al gasto corriente, es decir la administración por parte de la burocracia absorbió 74% del aumento del gasto. La propuesta fiscal del gobierno plantea una reducción de 0.5% del PIB en cinco años, es decir, sólo 0.1% por año.

Tal parece que el gobierno no se da cuenta que en salvaje aumento del gasto, el mayor ingreso petrolero cubrió 37 mil millones, pero sólo gracias al aumento de precios. Por lo mismo, el ingreso se debió invertir en el mismo sector petrolero, en infraestructura, ciencia, tecnología y fuentes de riqueza permanente, pero el gobierno no lo hizo.

Por eso, ahora que los precios y el volumen de petróleo han caído, la única forma que tiene el gobierno de equilibrar sus finanzas es reducir la inversión directa en 14.3% anualmente hasta mayo. En cambio, siguió aumentado su gasto corriente: los salarios (que con Fox aumentaron en 15 mil millones de dólares) hoy crecen 9.3%. El gasto operativo crece 7% y los subsidios 15%. Así ninguna Reforma Fiscal va a alcanzar.

Estas tendencias inerciales no pueden acabar bien. Las grandes crisis siempre han coincidido con exceso de gasto público, como les ocurrió a José López Portillo y a Carlos Salinas. Sin embargo, las crisis llegaban hasta el final del sexenio. A Fox por un milagro no le llegó ni siquiera al final, pero sólo por los altos precios del petróleo.

Sin embargo, una crisis que corrija lo insostenible del gasto y el recorte de ingresos no se va a retrasar seis años más. El país no podrá evitar un ajuste, sea forzado o voluntario. Ni los altos precios del petróleo si se mantuvieran serían suficientes para evitar un mal desenlace. A diferencia de las pasadas administraciones, ésta sufrirá la caída del volumen de petróleo con gran velocidad.

Como el gobierno no invirtió lo suficiente en exploración ni en refinación o petroquímica, la caída de producción se va a combinar con más importaciones de gasolina y productos elaborados, hasta que venga una gran recesión que las frene.

Además hay otros problemas. La economía perdió competitividad, el campo se debilitó aún más, la mala calidad de la educación y de la administración pública se exacerbaron. La dinámica de todos estos problemas es hacia un mayor deterioro.

Lo que hizo Fox, de no recortar el gasto y no impulsar una cultura de eficiencia y sobriedad en el gobierno, no lo podrá replicar la administración actual y al mismo tiempo salir bien librado.

La vía idónea para cualquier cambio de estrategia fiscal siempre debió ser la reducción del gasto. Se comenta como demagógica la propuesta de reducirlo en 100 mil millones de pesos. Pero lo realmente demagógico es mantenerlo como está y pretender que el enorme ajuste se logre con más impuestos, cuando la economía se ha debilitado. Frente a lo que va a venir en los próximos años, la reducción de 100 mil millones es un juego de niños.

Simplemente hay que considerar un escenario de bajo crecimiento en dos años, de no más de 3% anual. Eso significa poca o nula creación de empleo. Con el volumen de producción de petróleo a la baja, habría que planear que el ingreso petrolero del año pasado (79 mmd) fuera menor en 20 ó 30 mil millones en dos o tres años.

La discusión de cómo cobrar más impuestos es muy secundaria al asunto del gasto: una mera distracción para la clase política. El problema central está en la mala administración del gasto y la falta de visión estratégica del gobierno.

rograo@gmail.com

Analista económico

¡Comparte la nota!