Alberto Begné Guerra
Una de las críticas más recurrentes a los progra-mas sociales en nuestro país se refiere a su carácter asistencial, ya que en lugar de generar las condiciones y los incentivos para que, con libertad, sean los propios ciudadanos quienes tengan la capacidad y la responsabilidad para mejorar su situación en mediano y largo plazos, buena parte de dichos programas se han orientado a la construcción de clientelas políticas, basadas en la entrega directa de recursos públicos. Con ello no sólo se restringe la autonomía ciudadana, sino se impide, además, que los ciudadanos asuman realmente la construcción de su futuro.
Desde la perspectiva de una izquierda ciudadana, comprometida efectivamente con las libertades y la lucha contra la desigualdad, la Coalición Socialdemócrata en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) —integrada por dos diputados de Alternativa Socialdemócrata, uno de Convergencia y uno del Partido del Trabajo— nuevamente ha revitalizado la discusión en torno a las reformas legislativas que se requieren para el desarrollo de nuevas y mejores políticas públicas en materia de bienestar social en la capital del país. En efecto, recientemente propuso, y el lunes pasado fue dictaminada favorablemente, una iniciativa de ley con el fin de promover la creación de instituciones de apoyo y solidaridad social tan eficaces como han probado ser, durante más de dos siglos, las sociedades mutualistas de seguros.
En términos generales, una sociedad mutualista puede ser definida como una organización sin fines de lucro, integrada voluntariamente por individuos que aportan una cuota periódica para tener acceso a un servicio específico, y cuyos principios son la solidaridad y la ayuda mutua.
Aunque los orígenes históricos de las sociedades mutualistas pueden rastrearse en la Edad Media, no fue sino hasta mediados del siglo XIX cuando en Inglaterra surgió la versión moderna de este esquem a de apoyo y ayuda colectiva, como un arreglo para que pequeños grupos de personas —generalmente de escasos recursos— integraran un fondo de ahorro colectivo destinado a gastos de atención médica y funerales de cualquiera de sus integrantes.
Las sociedades mutualistas se convirtieron en una solución sencilla y efectiva para que los sectores más pobres y desprotegidos de la sociedad británica construyeran redes básicas de protección social propias, financiadas y administradas por ellos mismos, anticipándose así a la llegada de la seguridad social provista por los gobiernos.
Debido a sus buenos resultados, a lo largo del siglo XIX las sociedades mutualistas comenzaron a ser adoptadas en otros países europeos —España, Francia, Alemania e Italia, por citar algunos ejemplos— y a comienzos del siglo XX se expandieron por todo el mundo, logrando, además, adecuarse a la llegada de la seguridad social, como una responsabilidad fundamental del Estado.
Dados los limitados alcances y las distorsiones de muchos de los programas sociales, es imprescindible recuperar, rediseñar y actualizar formas de organización y mecanismos de solidaridad social que, debidamente regulados, sirvan al propósito de incorporar a los grupos más desprotegidos de la sociedad a la seguridad social en sus muy diversas vertientes, a través de esquemas de participación colectiva administrados por los propios beneficiarios y sin fines de lucro.
Por estas razones, en noviembre de 2006 la Coalición Socialdemócrata en la ALDF propuso crear una ley específica que permitiera crear y regular el funcionamiento de las sociedades mutualistas en nuestra ciudad, y con ello abrir la posibilidad de que todos los capitalinos interesados aprovechen su enorme potencial, especialmente en materia de seguros médicos y de vida, donde el mercado ha demostrado ser ferozmente excluyente.
Por encima de cualquier expresión retórica, la socialdemocracia en México debe constituir una vía alternativa, a la vez crítica y constructiva, creativa y responsable, para ofrecer respuestas a la sociedad en sus demandas históricas contra la desigualdad y la exclusión social. Con esta iniciativa, la Coalición Socialdemócrata confirma de nueva cuenta con acciones concretas su compromiso en favor de la construcción de una verdadera sociedad de derechos, donde todas las personas tengan cabida. El reto es extender, por la vía del dialogo y la construcción de acuerdos, estas iniciativas y reformas a todo el país.
Presidente de Alternativa Socialdemócrata
