Futuro nada halagüeño

Enrique del Val Blanco

Los acontecimientos ocurridos en los últimos 30 días en México son muy preocupantes, sobre todo por la percepción que muchos tenemos de la incapacidad del actual gobierno y la mayoría de los políticos ante la celeridad con la que se está descomponiendo la situación en el país.
Son muchos los signos alarmantes que nos remiten a otras épocas que ilusamente se suponían rebasadas y que ahora están surgiendo de nuevo debido, por un lado, a la pequeñez intelectual de los políticos, que están más preocupados por su ambición personal y la foto, pensando más en su futuro que en el futuro del país y, por otro, a un gobierno que parece más estar jugando a la televisión, tratando de imitar la exitosa serie estadounidense The west wing para vender sus propuestas y derrotar a los enemigos con la ayuda de los medios de comunicación, en lugar de asumir que el paquete de asuntos insolubles crece día con día y poco o nada exitoso ha hecho para resolverlos.

Actitudes de lo más ridículas, como es el choque entre el gobierno federal y el local del Distrito Federal, sea por los símbolos patrios, por determinar cuándo fue el inicio de la Independencia y lo último, que si uno no lo viera diría que no puede ser, por la lucha de espacios en el zócalo capitalino. A estos asuntos tan “fundamentales” dedican parte de su tiempo servidores públicos que deberían estar atendiendo otros asuntos mucho más graves y verdaderamente importantes para la ciudadanía, más allá de su promoción personal o la defensa de quién sabe qué principios. La realidad es que como mexicanos da vergüenza leer o ver estas disputas, cuando los problemas que se tienen en frente son en verdad inmensos.

El relajo que desde hace varias semanas se traen los tres partidos principales sobre las reformas electoral y fiscal, ahora aderezado por otro asunto, como es la Ley Federal de Radio y Televisión, no deja de sorprender. Cada día hay una nueva posición sobre cada uno de estos temas, y cuando parece que ya todo está cocinado se empieza de nuevo, tan sólo alargando el tiempo, y todo para que cuando falten algunos minutos para la decisión final lleguen a un acuerdo que no sabemos para quién va a resultar beneficioso.

En el caso de la reforma electoral, la ayudadita que les ha dado a los diputados y senadores el hasta ahora presidente del IFE ha sido inmensa, y especialmente lo ha sido la confirmación de que se trata de una persona que no puede, de ninguna manera, seguir al frente del instituto pues, como ya se ha demostrado, hoy muy pocos confían en él, o mejor dicho nadie más allá de las televisoras, que ahora por cierto se envuelven en la bandera nacional en este mes patrio y, por un lado, algunos de ellos dizque rechazan los dineros públicos para las campañas y, por el otro, amenazan si no se continúa dando el gran negocio de la propaganda electoral.

Lo anterior es parte del gran problema nacional, ya que el cinismo también prevalece en parte de muchos representantes de la iniciativa privada, que ha sido la mayor beneficiada en los últimos años con las canonjías públicas que ahora están en disputa. Es verdaderamente insultante que los que para nada son un ejemplo de honorabilidad, transparencia y democracia pretendan ahora ser los máximos defensores de estos principios.

En la reforma fiscal se ha demostrado la novatez e incapacidad del actual régimen para llevarla a cabo; pasamos de la CETU al IETU y al mágico aumento del precio de las gasolinas, en los que una vez más la pequeñez y el miedo de los políticos y gobernantes ha hecho que, como si se tratara de un asunto mágico, alguien, ya hoy no se sabe quién, propuso dicho aumento; sólo falta que los panistas digan que fue Dios, pero todavía no aparece para confirmarlo. Y no hay hasta ahora nadie que haya tenido el valor para decir de dónde salió dicha propuesta y quiénes la apoyan. Y lo que es peor, la reforma propuesta incrementaría sólo en dos décimas de punto el crecimiento de la economía.

Una vez más el proyecto de Presupuesto federal es bajo y reducido en muchas áreas, por más que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público trate de justificarlo con verdades a medias, ya que en él se afecta negativamente a sectores básicos, como es el caso de la educación superior, por ejemplo, en donde una vez más la Cámara de Diputados tendrá que meter el lápiz y realizar modificaciones para sacar adelante a este importante sector.

Pero mientras los políticos están en estas discusiones, la guerrilla ha hecho de nuevo su aparición y en poco tiempo. Lo más preocupante es que ha tomado desprevenidas a las fuerzas gubernamentales cuando, sin ser un experto, era previsible que las acciones de este tipo se incrementaran, sobre todo a partir de la desaparición, por lo visto forzosa, de dos personas claves para la guerrilla y que hasta ahora no se sabe qué pasó con ellas.

Las noticias sobre las acciones guerrilleras de esta semana han dado la vuelta al mundo en las primeras planas, por lo que la tan afamada seguridad para la inversión en México empezará a ponerse en duda y provocará segundos pensamientos en muchas empresas extranjeras, lo cual también contribuirá a poner en aprietos al crecimiento de la economía nacional, tan necesario para poder atender a los millones de pobres.

Sería muy conveniente que, frente a los acontecimientos recientes, los políticos hicieran un alto en el camino y junto con el gobierno revisaran las prioridades y la forma de sacar adelante al país, para evitar que en poco tiempo nos convirtamos en una Colombia, pero gigante. Ya tenemos a los narcotraficantes operando en grande, ahora reaparece la guerrilla también mostrando los dientes, y en medio de todo la presencia cada día mayor del Ejército rebasando a los civiles. Así empieza la descomposición. Tengan altura de metas y cuidado, ya que son directamente responsables los que nos gobiernan desde el Ejecutivo hasta el Legislativo.

Analista político y economista

¡Comparte la nota!