Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

El país en caos

El fin del presidencialismo absolutista en México, tiene sus consecuencias; aunque la figura presidencial ha sido rebasada por la sociedad dentro de un esquema lógico y de parcial democracia, el anarquismo, por un lado y la flaqueza gubernamental por otro, se han convertido en un dique que no permite que el país avance dentro de la civilidad, la comprensión y el diálogo abierto.
A nueve meses de haber asumido el cargo, Enrique Peña Nieto, no ha podido asumir los retos autoimpuestos durante la campaña electoral… O por lo menos, no ha tenido la capacidad para dar a la Presidencia de la República, la fortaleza adecuada para hacer frente a grupos de oposición sistemática que a su vez, han sido poco propositivos y, por lo menos ayer, mantenían en jaque a las autoridades.
El pretexto, muy alejado del razonamiento de Estado, es la tolerancia; buena medida, si los opositores estuviesen manifestando sus ideas de forma clara y respetuosa. Infortunadamente, hasta entrada la tarde del domingo —y en días previos— la provocación y los actos de violencia, se radicalizaron peligrosamente.
Ello, sin duda, no da tanta cuenta de un grupo de anarquistas sedientos de sangre, sino de la debilidad del Estado ante la obligación de garantizar a cada mexicano bien nacido, la seguridad y la certeza adecuadas. No es ésta, una convocatoria al autoritarismo, sino a la buena administración de la autoridad para el bien de todos.
Cierto es que hay molestia generalizada por los pésimos resultados de la administración de Peña Nieto. Las finanzas públicas son un desastre; la economía va en rápida picada. La seguridad, no existe. Los empleos se fueron a la baja; la gobernabilidad está en ruinas, en fin, tenemos a un país con más desgracias que esperanzas.
Pero la mayoría de mexicanos, apáticos o no, mantienen una postura estoica, sabedores que recurrir a la violencia, solo agravaría la caótica situación del país. No es fácil confiar en una administración gubernamental ineficiente, pero sí es recomendable mantener la calma puesto que la violencia, solo favorece a quienes quisieran ver al país totalmente desbarrancado. Suficiente debemos tener con la crisis como para ahondarla con actos que dejarían secuelas irreparables en el futuro inmediato.
A vuelo de pájaro, pareciera que el país no tiene, por lo menos para éste sexenio, ninguna salida; las reformas que se pretenden llevar a cabo, no son por el momento, la solución a décadas de corrupción, negligencia y abandono institucional. Los desacuerdos parlamentarios que han arrastrado al país hasta donde hoy se encuentra, son hijos de la deshumanización política y la pasividad de todos.
Ese entrampamiento en la llamada Cámara Alta y esa falta de operadores efectivos, son factores que nos recuerdan que el oficio parlamentario dejó de serlo desde que elegimos a los mismos personajes para esos cargos. Los que ayer eran senadores y hoy diputados —o a la inversa—, parecen no tener tema para el diálogo. Como autómatas, votan a favor o en contra, dependiendo del interés que les convenga defender o atacar.
Ese es un problema de fondo que surge desde el momento en que el ciudadano emite su voto. Eso nos mantiene rezagados en todos los temas y aspectos. De ahí deriva, en parte, la crisis que hoy tiene a México postrado ante un pequeño grupo de radicales, dirigidos por quién sabe quién.
Lo que antes fue un día para el elogio mutuo, hoy es distinto; eso es bueno, alimenta la democracia y revive la esperanza de tener un país en tránsito hacia el primer mundo. Lo peligrosamente malo es que la anarquía y la violencia. Una cosa es expresar la inconformidad con ideas y otra, ensangrentar al país.
Una cosa es acotar al presidencialismo absolutista y otra, acorralar a la inmensa mayoría de mexicanos que si bien no es partícipe de los desmanes, está igualmente molesto e incómodo, pero dispuesto a ser congruente con la realidad del país.
Ojalá, el gobierno ejerza su obligación de otorgar certeza jurídica y social a los ciudadanos y los anarquistas, asuman las consecuencias de sus acciones. México, no puede ser rehén ni de uno ni del otro.

Tarjetero

*** Ayer entró en vigor el Tratado de Libre Comercio entre México y Centro América. Chiapas, por lo que se avizora, podría verse muy favorecido. Podría… Porque el esquema comercial y migratorio, asuntos que van de la mano, será el talón de Aquiles de ese Tratado, cuya profundidad desconocemos. Para que el comercio entre las naciones sea fluido, debe haber una política hacendaria y migratoria adecuadas. Y debe haber políticas integrales rigurosas para evitar la mala praxis que se ha fortalecido con el contrabando. Hasta hoy, ninguna autoridad ha explicado bien a bien, cuáles van a ser las ganancias de los miembros de ese Tratado. En fin. ***
El llamado al diálogo hecho por el secretario de Gobernación durante la entrega del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, solo será efectivo si juntos, Ejecutivo y Legislativo, revisan a fondo las reformas propuestas. Antes, solo tendremos episodios lamentables como los ocurridos ayer en el Distrito Federal. *** Torpes, estúpidas, para ser más precisos, las declaraciones del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval en contra de los migrantes centroamericanos. Acusarlos, sin más fundamento que sus fobias personales de ser ladrones, es reprobable. Aunque ya fue reconvenido por las autoridades federales en materia de discriminación, lo dicho por éste sujeto, es lamentable. *** Un muladar estaría más limpio. El parque central de Tuxtla y las calles y avenidas aledañas, son peor que un muladar. Los fétidos olores, parecen no estorbar la holgazanería de los maestros que ahí han instalado un plantón indefinido. Ojalá nos dieran una lección por lo menos, de limpieza. Pero no soñemos. Si así son de sucios, no imaginemos como son en sus escuelas. ¡Pobre niñez! *** Luego nos leemos.
amksheratto@hotmail.com

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