Angel Mario Ksheratto
La visita de Obama, ¿y a nosotros qué?
Mientras el presidente Obama esté discutiendo el tema migratorio con su homólogo mexicano, en Texas, cientos de obreros estarán levantando el ominoso muro mediante el cual, desde la administración Bush, se ha buscado el fin al ingreso de miles de latinoamericanos que van tras la surrealista fantasía americana, ésa que pinta los sueños de color rosa, pero deja a muchos en el negro luto de la muerte. Será ante todo, un diálogo entre sordos, una conversación hipócrita que sin duda, levantará expectativas y hará elevar loas para una política internacional estadounidense que, si bien es cierto en pocos meses ha sido perfectamente dirigida por Barak Obama, no garantiza el cumplimiento, a corto plazo, del cúmulo de promesas gringas, cuyo objetivo primario es recomponer la imagen del país norteño, venida a menos tras los ocho años de erráticas maniobras políticas de George W. Bush, a quien el mundo le debe la actual crisis financiera.
Ayer mismo, medios de comunicación de la frontera norte de México e incluso, de Brownsville, resaltaron los trabajos del muro, cuyo costo, se dijo, es de 1.2 billones de dólares. ¿Cómo entender el mensaje del señor Obama respecto a su visión del comercio, el intercambio y la cooperación si su administración continúa con los trabajos de autoaislamiento y segregación que inició su antecesor? ¿Cómo explicará a los mexicanos sus intenciones de flexibilizar la política migratoria mientras en su territorio persiste una actitud amenazante y frívola?
Hay quienes opinan que el muro que se empezó a erigir en Texas, es un capricho del gobernador Rick Perry, del Partido Republicano. De así ser, nos recuerda las declaraciones recientes de un alto funcionario estadounidense, quien dijo que el problema del narcotráfico en México, se debe a que el Gobierno de Felipe Calderón, no tiene control territorial. Me parece que es allá, en la tierra del Tío Sam, donde no se tiene control territorial, con todo y que surja el alegato de la autonomía estatal. Bien dicen, entonces, que no se debe escupir al cielo. De todas formas, no encontramos un punto de apoyo moral a las posibles explicaciones que a partir de hoy, ofrezca el gobernante estadounidense en el tema migratorio.
De ahí la necesidad que el Presidente Calderón, en uso de sus facultades y atribuciones y además, en estricto apego a los tratados internacionales que existen, exija al señor Obama, acciones contundentes, no discursos demagógicos. De ésos, ya estamos hasta el copete. Nos los dicen nuestros políticos y los escuchamos de los vecinos del norte. El respeto al derecho de los migrantes de buscar una vida más decorosa (a digna, raras veces llegan) no puede pasar solo por la fatuidad del palabrerío hueco que, a veces, se llena con ilusorias promesas que son rotas cuando están aún en gestación. Cierto es que el mundo ha puesto su confianza en el señor Barak Obama y que éste ha convencido a todos de sus bondades, pero debemos estar claros que solo los actos contundentes, serán los que valgan en ésta nueva etapa de entendimiento con los Estados Unidos. México ha sido socio inseparable de aquel país; casos ha habido en que la cooperación se ha convertido en sumisión y entreguismo, como en los tiempos de Vicente Fox, quien a punto estuvo de, literalmente, lamerle las patas a Bush. Otros, como Echeverría y Salinas, por mencionar solo a dos, que no tuvieron empacho en hipotecar al país entero, para quedar bien con los gobiernos gringos. Ya va siendo hora que la relación sea seria, respetuosa, responsable. A Estados Unidos le pasa lo que al PRI: Cuando tuvo el poder, abusó de éste; el tiempo fue implacable y ahora, no hay forma que ese partido, se recupere. Los gobiernos de aquel país, por décadas, han abusado, no solo de México, sino de todos los países del mundo. Eso ha enfadado a todos, quienes fuimos testigos de actos insólitos hacia los güeritos. Ahí está el zapatazo a Bush, los atentados mortales contra intereses norteamericanos en Medio Oriente, Asia y otras partes del mundo, que evidencian el hartazgo que se tiene. Millones creen que Obama cambiará esa visión. Sí, pero con acciones contundentes, no con discursos de baratija. No nos queda más que dar la bienvenida al señor Obama, al país de la mano de obra barata, al país de las ilusiones, los sueños rotos y la discriminación… De aquella parte, claro está. Acá de siempre tenemos pobreza y marginación. Que no le espante ver rostros hambrientos, si es que le dan una vuelta por el México real.
Tarjetero
*** Es de escándalo el asunto de los incendios forestales; en columnas pasadas, advertíamos de ese riesgo e incluso, dijimos que para algunas autoridades forestales, les resulta conveniente que los incendios se disparen, incluso en zonas donde es impensable una conflagración de esa naturaleza. Pues ahora, hasta en los manglares, zonas pantanosas en áreas reservadas, hay incendios desastrosos. ¿No le resulta sospechoso? ¿Por qué le conviene a las autoridades forestales? Sencillo: entre más incendios reportan, más recursos extraordinarios les asignan para el combate de éstos. Obviamente, no se invierte ese dinero en lo que debieran sino que va a parar a las bolsas de éstos señores. Eso no es de ahora. Nomás que nadie dice ni hace nada. *** La semana pasada agradecía con el alma a la gente que se despojó de todo para ayudar a los colegas guatemaltecos que fueron irresponsablemente abandonados en la Ciudad de México por quien ya no es dirigente de la ARRPRECH, órgano periodístico que respetamos todos, como organización, claro está. En tales agradecimientos, omití, sin mala intención, a dos personas que fueron fundamentales en el rescate de nuestros colegas y hermanos: el doctor homeópata Abiezer Domínguez Hernández y la distinguidísima comunicadora coleta, Mercedes Díaz Solís. El doctor, muy generosamente, atendió a media docena de periodistas que presentaban algunos malestares propios de la penosa aventura que sufrieron. Y Mechita, como siempre, gentil y colaboradora con todos. Un abrazo a ellos. *** Luego nos leemos.
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