Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

¿Chiapasqueños?

Es la zona más rica del estado: Petróleo, ganado, maderas preciosas, arqueología, historia. Pero también, la región más lejana y olvidada, históricamente, por el centro del estado… Y ¡claro!, por el gobierno federal. Ir a la zona norte del estado de Chiapas, es una odisea que muchos repiten todos los días, por la mera necesidad de pertenencia. Desde Rayón hasta las últimas rancherías colindantes con Tabasco, la gente sabe más de Villahermosa que de Tuxtla Gutiérrez; es raro, por ejemplo, que los ciudadanos se enteren de lo que ocurre en el mundo a través de los Medios de Comunicación de Chiapas. Son los diarios y estaciones de radio de Tabasco, los que leen y escuchan. Razones para ese fenómeno, hay miles.

Empecemos por la carretera. Destrozada por las lluvias y el abandono del gobierno federal que no ha querido invertir en esa zona. Desde que se deja la antigua carretera a San Cristóbal de las Casas, es un riesgo el tramo hasta Pichucalco. La famosa Selva Negra está convertida en una zona de desastre total; los derrumbes se suceden unos a otros y hay tramos en los que el riesgo de caer al vacío, es enorme. De Tapilula a Ixtacomitán hasta Pichucalco, no se diga, pues hay tramos en donde la tierra se ha hundido, dicen los vecinos de esos lugares, desde hace años y ninguna autoridad se asoma siquiera para echar tierra a los enormes barrancos en medio de la carretera.

Y si le seguimos hacia Reforma y Juárez, la cosa no es nada mejor, aunque sí, hay que llamar la atención sobre un hecho curioso: Hay tramos de no más de cinco o diez kilómetros, en los que la carretera se convierte en lujosas autopistas, pero de pronto, se vuelve a caer en caminos vecinales. Inexplicable que solo en partes haya buena carretera. Y si se quiere viajar de Reforma a Palenque, no hay de otra que atravesar casi todo Tabasco que por cierto, de Comalcalco hasta Tenosique, es una carretera pésima, salvo un tramo de autopista que esté en territorio chiapaneco. Todo esto llama poderosamente la atención, pues si de algo presumió el anterior gobierno, fue de lo que ahora vemos, sencillamente, n existe. Tan así que el ex dictador Pablo Abner, solía llamar a los habitantes de aquella zona “chiapasqueños”. A ese grado llegó la indiferencia. De ahí que el anuncio recién hecho en el sentido de ampliar el aeropuerto de Palenque y la autopista Palenque-San Cristóbal, es bienvenido, pero no se debe olvidar el resto de la región. Sería de mucho beneficio que se modernice la carretera al norte, por la zona de Bochil, hasta Juárez y obviamente, al resto de municipios cuya riqueza, seamos francos, la aprovechan los tabasqueños. Ojalá nos escuchen.

Mario Álvarez

Su resignación no es, sin embargo, dejadez y forma de olvido. Tumbado en la sala de su casa, atravesado por cuatro clavos -dos en cada pierna- y atenido a la respuesta de su organismo a los medicamentos, Mario Álvarez, reportero gráfico y textual sin trabajo después de haber sido brutalmente embestido por un borracho, no muestra resentimiento hacia quienes, en el peor momento de su vida, le han dado la espalda. Pero eso sí, no quita la esperanza en la justicia que, en términos laborales, debe alcanzarle para, por lo menos, paliar la suerte que le queda hasta que pueda retomar la normalidad de su vida. Mientras, la espera se hace larga… Y dolorosa.

El caso de Mario nos obliga a reflexionar sobre nuestra labor periodística. Es riesgosa en todos los sentidos y, desde luego, ingrata. Ingrata porque muchos, como Mario, lo dan todo para que a la hora de la verdadera necesidad, pocos sean quienes la entiendan y mejor aún, la sepan compartir. Decir al colega hoy, que nos solidarizamos con él, no basta. Debemos compartir su lucha por dignificar su condición de periodista, pues finalmente, quienes ejercemos ésta profesión, somos parte de la misma, sin que ello signifique distanciamientos absurdos puesto que en sí, todos somos un complemento de todos. Sin unos no existiesen los otros, pero también, sin todos, dejamos de ser sociedad. El llamado es a la conciencia. Ojalá podamos escucharlo a tiempo.

Tarjetero

*** No hay, nos comentaba una fuente del gobierno ayer, ninguna autorización para subir el precio del pasaje en los taxis. “Es un abuso que estamos tratando de corregir”, nos dijo bajo la petición del anonimato -“para no echarnos a los transportistas encima”, argumentó- y anunció que será los propios dirigentes de ese sector quienes den el anuncio en las próximas horas. De hecho, el Ayuntamiento también tenía prevista una acción similar para de esa forma desalentar el “valor” que han agarrado algunos taxistas para cobrar de más por un viaje en el interior de la ciudad. Y es que parece mentira, pero del centro de Tuxtla a las colonias periféricas, hay algunos ladrones que cobran hasta 60 pesos. *** Por cierto, José Rubén Cruz Aguilera, director de Tránsito Municipal, se comunicó con el autor de ésta columna el pasado viernes 18 de enero para anunciar que a partir de ayer, martes, se metería en cintura a los taxistas y choferes del servicio colectivo. ¿Cómo le harán? No lo dijo, pero se comprometió a recurrir a cada letra de la ley para meter orden y respeto en ese sector que anteayer, precisamente, cobró otra víctima. *** Para Gaby, nuestra solidaridad incondicional ante el acoso laboral y el discreto asedio sexual del que viene siendo víctima, así como el compromiso de acompañarla, hasta las últimas consecuencias, en las determinaciones que asuma en busca del decoro y la dignidad de mujer trabajadora. Solo esperamos que el sitio a que pretenden someterla hasta su renuncia por no acceder a las calenturas de quien se cree “muy macho”, no llegue a la calumnia, como pretenden hacer creer con el cuentecillo de la “yegua vieja”. Luchar por el respeto y los buenos modales de los funcionarios, no es, de ninguna forma, chantaje ni extorsión. Es solamente exigencia de justicia. Y si les viene el saco… Estaremos muy pendientes de ese bochornoso caso. *** Luego nos leemos.

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