Angel Mario Ksheratto
Tragedia descomunal
Nada se puede evitar ante la furia de la naturaleza; lo inesperado de ésta nos sorprende cada vez con mayor celeridad. Algunos opinan que tragedias como la ocurrida en Tabasco y el norte de Chiapas, pudieron evitarse. Se equivocan en parte. Desde que el mundo es mundo, la naturaleza se ha ensañado contra ella misma; quizá con la tecnología que ahora nos asiste se pueda prevenir la extinción de los seres humanos, pero no los efectos de la furia natural. Aún así, nada podemos hacer que no sea concientizarnos sobre la ineludible necesidad de proteger el medio ambiente, causa humana que podría ser, en todo caso, la razón de fondo por la que los desastres se presenten con más fuerza de lo acostumbrado. Con todo, el daño está hecho y lo que corresponde ahora es cooperar con lo que se pueda para paliar -aunque sea solo eso- la profunda desgracia de millones de ciudadanos que se han quedado en el completo abandono.
Dentro de la magnitud del evento, sin embargo, hemos notado la solidaridad de los mexicanos y gobiernos de otros países para ayudar a los damnificados tanto en la tarea de reconocimiento de los daños, como en el aspecto moral; pero también, la rapidez con que los gobiernos federal y estatal han asumido su responsabilidad para atender los reclamos más urgentes, lo que sin duda, mantiene un estado social más o menos aceptable, aunque debemos alertar sobre el riesgo que se corre si se desalienta la presencia oficial en las zonas de desastre. En Chiapas, la contingencia del huracán “Stan” nos dejó dolorosas lecciones que, en primer lugar, nos enseñaron a ser precavidos, no solo con ese tipo de desgracias, sino con el manejo de los fondos destinados para ayuda humanitaria y posterior reconstrucción. En ese sentido, debemos estar tranquilos, puesto que hasta ahora, las autoridades han estado concientes de su responsabilidad y creemos que actuarán desapegados a la perniciosa corrupción que siguió a aquel terrible acontecimiento.
Ha llamado la atención la celeridad con que los gobiernos de ambos niveles han acudido a ayudar a las víctimas; ello nos da la serenidad necesaria para creer que se atenderá a cada una de éstas sin los tintes de rapiña oficial con que se recurrió con el caso “Stan”. Hasta hoy, la corrupción desatada inmisericordemente contra los afectados, no ha sido investigada, pese al caudal de pruebas en contra de aquella nefasta administración que ahora, lo podemos asegurar, está celebrando la desgracia de los chiapanecos del norte, creyendo que ésa será la cortina de humo con que sigan escondiendo sus raterías. Ahora todo parece ser distinto y lo celebramos, aunque no dejamos de pensar en las víctimas del desastre, a quienes ofrecemos nuestra incondicional solidaridad y respaldo.
Rebatinga
De chile, manteca y hasta de chocolate; nada hay que nos de una luz exacta de lo que se pretende hacer en cuestión de gobernabilidad. Para efectos de tolerancia e inclusión, podemos comprender el hecho que algunos pablistas sigan incrustados en la nómina gubernamental. Pero nos cuesta entender por qué las rotaciones se están dando sin el sentido práctico que debió darse, en virtud de los desaguisados que merecieron sendos mensajes antes de los cambios que ahora conocemos. Alienta que para los chiapanecos, el mensaje sea de control absoluto del poder por parte del gobernador, pero preocupa que los cambios no sean a fondo como la inmensa de chiapanecos desea. ¿Cuál es la táctica y cuál la estrategia? Francamente vemos solo el aspecto superficial, pero no es lo necesario como para que podamos atender el frecuente llamado a la transformación del estado.
En el caso del Ministerio de Justicia, nos preocupa la llegada de quien fuera el “hombre fuerte” del pablismo, Amador Rodríguez Lozano, cuyo trabajo principal fue el de hostigar a los periodistas, elaborando, junto con Julio Fernández, las demandas contra los comunicadores que le eran incómodos al tirano y su pandilla. Eso nos consta y lo sabe él mismo. Aunque sui discurso parece noble y sus intenciones buenas, no deja de preocupar el hecho que, con todo y sus deslindes, pueda tener todavía, fuertes nexos con el exdictador, lo que dificultaría enormemente la consecución de justicia en una dependencia donde se cometieron pifias descomunales que hoy mantienen en la cárcel a cientos de ciudadanos honrados, cuyo delito fue atravesarse en mala hora en el camino de Pablo Salazar y sus esbirros.
Si Amador quiere ganarse el respeto de los chiapanecos (ojo: habrá qué revisar la Ley Orgánica del MJ, para saber si no está usurpando una función que, hasta donde sabemos, corresponde a un chiapaneco por nacimiento, para empezar y para seguir, debe ser abogado de profesión) deberá resarcir el daño ocasionado a los chiapanecos perseguidos por la dictadura salazarista. Los casos de despojo en contra de éstos, son muchos. También deberá actuar conforme a derecho, respetando en todo momento los derechos humanos. Es lo mínimo. Por lo demás, hay muchas cosas que lo desacreditan para el cargo. Lamentablemente, no goza del beneficio de la duda, en virtud de su pasado pablista. Ello lo obliga a hacer bien las cosas, de entrada. De ahí el extrañamiento a su nombramiento.
Tarjetero
*** Desgraciadamente, el Gobierno Federal tuvo qué tener en sus narices una desgracia más para voltear hacia las zonas marginales de Chiapas. Antes, ni de pasada se atrevía a voltear para acá, lo cual nos obliga a exigir que, en un acto de congruencia con los pastosos discursos, la ayuda sea entregada de manera urgente y sin regateos. También nos exige, la contingencia, que nadie politice la desgracia de los demás. Hemos visto, hasta ahora, que el llamado “presidente legítimo”, a pesar de ser de la zona de riesgo, no ha dicho una palabra… Menos que se pare en el lugar de los hechos para ayudar a sus coterráneos. De ahí el llamado a no politizar el desastre. Porque nadie tiene la calidad moral para hacerlo. *** Deposite sus donativos para los damnificados de Chiapas en la cuenta 1798998729 de BANAMEX, a nombre del Gobierno del Estado de Chiapas. *** Luego nos leemos.
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