Falsa disyuntiva

Isabel Gómez Macías

Hasta hace poco Fidel Castro y Hugo Chávez promovían el uso del etanol como combustible. Pero a partir de la visita de Bush a Brasil, en la que se firmaron acuerdos para que Brasil incrementara la producción de biocombustibles, dieron un giro de 180 grados a estas posturas y empezaron a presentar al etanol como amenaza a los pobres, lo que algunos han llamado la guerra fría del etanol .
Este cambio se debió más a cuestiones políticas que a razones de soberanía alimentaria o ambientales. En México vemos algo similar, ya que a partir de la crisis de la tortilla se generó una controversia sobre la viabilidad de producir bioenergéticos, especialmente etanol, pues EU lo elabora a partir de maíz, cultivo base de la alimentación de los mexicanos. Se ha hecho creer que producir biocombustibles representa una amenaza para la soberanía alimentaria.

El pasado 26 de abril se aprobó la Ley de Promoción y Desarrollo de Bioenergéticos; la discusión ha sido intensa, pero sin duda esta ley representa una puerta para que México encuentre alternativas para solucionar problemas en el campo, el medio ambiente y la oferta energética.

Todos los países contribuyen a dañar nuestro planeta. Según el Banco Mundial, México es uno de los países de América Latina que más contribuye a la contaminación del aire y al cambio climático. Durante los últimos 150 años el CO2 en la atmósfera se ha incrementado 70% y el metano 145%. Ante esta preocupante realidad no nos decidimos a reducir las emisiones de gases ni a mitigar el daño hecho al planeta; prueba de ello es la oposición al etanol. Es imperativo contribuir al esfuerzo multinacional por un planeta limpio. Ninguna comunidad puede fortalecer su desarrollo sin una visión capaz de sustentar la calidad y el acceso al aire, tierra y agua limpios.

En una primera etapa, conforme a la citada ley, el etanol sustituirá en 6% al MTBE, derivado del petróleo tóxico y contaminante del agua. El etanol, en cambio, es seguro, renovable y de alto octanaje, sus componentes se asimilan sin daños a la atmósfera y no contamina el agua. Esta ley combina esos beneficios con la posibilidad de que la agricultura genere riqueza y bienestar para México, a través de la adopción de nuevas tecnologías que permitan producir y usar bioenergéticos renovables y limpios. El etanol puede ser un factor determinante para el desarrollo del campo; las tierras ociosas se pueden reconvertir a cultivos en los que se establezcan proyectos de bioenergía, cuidando los aspectos hidráulicos, de desarrollo social, de viabilidad agroclimática, el uso eficiente del agua a través de sistemas de modernización del riego y el balance energético de la producción mediante tecnologías que reutilizan los subproductos de este proceso. Por otra parte, el CO2 se puede capturar y comercializar en las industrias refresquera y cervecera. Y por último, estas tecnologías autosuficientes utilizan las vinazas, que pueden ser tratadas y convertidas en un biofertilizante que no contamina.

En esta coyuntura, la apertura del campo a esta nueva industria brindará la oportunidad de enfrentar los grandes retos del sector. Para las plantas de etanol que se establezcan existen tecnologías de punta que permiten lograr la mayor eficiencia y el cuidado del medio ambiente como premisa de sustentabilidad en su actividad. Además, la derrama económica captada por la inversión en estos proyectos contribuiría a arraigar a los productores del campo en sus regiones, evitando la migración y mejorando su calidad de vida.

Así, el debate surgido de la crisis de la tortilla, que presenta la alternativa entre utilizar las tierras para producir alimentos o producir bioenergía, es una falsa disyuntiva. La producción de etanol puede utilizar sorgo dulce, caña energética y remolacha, que no atentan contra la soberanía alimentaria.

Hoy podemos escribir una nueva historia; nos corresponde a autoridades, empresarios y productores aprovechar estas oportunidades. Alejémonos de las posiciones maniqueas que definen lo bueno y lo malo en términos absolutos, y aprovechemos las alternativas y opciones que nos ofrece la ciencia y la tecnología para construir una civilización sustentable.

www.emision.org.mx.

Presidenta de la Fundación Emisión

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