Fallece el cronista y rescatista de tradiciones de Tuxtla

El cronista y rescatista de las tradiciones Tuxtlecas, Manuel de Jesús Martínez Vázquez falleció la madrugada de este lunes 20 de febrero.
Los restos de quien fuera miembro distinguido del Consejo de la Crónica Municipal de Tuxtla Gutiérrez fueron velados en una funeraria del poniente de la capital de Chiapas, en donde sus familiares, amigos y compañeros le dieron el último adiós.
Todavía en enero pasado escribió una de sus últimas crónicas:

LA CANDELARIA DESDE COPOYA

Es el día 29 de enero, los integrantes del Patronato ya han preparado el traslado de las imágenes de la virgen María en las tres advocaciones que veneran los habitantes del cercano pueblo de Copoya; el día treinta muy temprano el sastre lavandero, que es el único que puede vestir y desvestir a los santos de la veneración de la mayordomía zoque, ya ha recibido los vestidos de las imágenes de La Candelaria, del Rosario y de María Olachea. Vestidos escogidos entre los que han llevado como regalo, ya sea por una manda o porque permanecen en el baúl sagrado.
La bajada de “Las Copoyitas”, como se dice en Tuxtla Gutiérrez, es con motivo de la virgen de la Candelaria, cuya fiesta se celebra con gran pompa en la casa del Prioste el 2 de febrero de cada año.
A eso de las 8:00 de la mañana, del 30 de enero, todos los socios de las vírgenes de Copoya se reúnen, pues tienen que estar presentes para la gran celebración del 2 de febrero “Día de La Candelaria”. El Prioste (Prior) que va a festejar a la virgen está muy temprano. Las imágenes que estaban guardadas en sendos cofres, envueltos en finas esteras o petates: dos más pequeños y uno de regular tamaño, pues la imagen de la virgen de La Candelaria es de poco más de un metro de altura, han sido descubiertos, cada bulto con su respectivo mecapal para ser cargado por quienes se ofrecen, a cual más para sentirse benditos o curados de algún mal.
A eso de las 9:00 de la mañana, sale la peregrinación de la Iglesia de Copoya acompañando de rigor todos los socios de “Las Copoyitas”; así también gran cantidad de devotos, destacando los danzantes del carnaval zoque y las yomó-etzé (yomo: mujer y etzé: baile) mujeres que bailan, por lo regular por manda o por promesa. Actualmente acompañan los parachicos tuxtlecos, pues se hace la aclaración que los parachicos de Chiapa de Corzo solo le bailan a San Sebastián y en su propio lugar.

DANZANTES ZOQUES

Ese día 30 de enero muchos devotos, generalmente de clase media, se van a Copoya para acompañar a las vírgenes, portando arreglos florales que dan un colorido muy original. El contingente es muy numeroso y como el camino de Copoya a Tuxtla es un descenso de la meseta de Copoya es digno de verse.
El contingente transporta a las imágenes a la casa del que llaman “Madre Prioste”, donde habrá mequé o fiesta en grande y se darán los platillos zoques llamados puxacxé y zispolá. El primer guiso es de vísceras de res y el segundo es con carne de res. Estos riquísimos guisos se acompañan con tamales de masa horneados llamados cananés que hacen las veces de bolillo.
Las imágenes han sido colocadas en un altar especial en que lucen un esplendido somé, especie de arco de hojas y flores, donde se cuelgan algunas roscas de pan o de azúcar, frutas, muñecos de pan que se llaman “ponsoquí”, imitando a los zoques con trajes de fiesta. Dos somés verticales y sobre esos un horizontal, enmarcando al altar. Se hacen tamales de bola para la velación que es por toda la noche y, según ellos, los tamales no se cuentan al elaborarlos, pues de lo contrario no alcanzarán y es que en la noche todos los que van a visitar a las Copoyitas, son recibidos con tamal y café.
La noche del 30 llegan hombres y mujeres con somés, arreglos florales hasta las primeras horas del día siguiente, sin faltar la marimba; no faltan, asimismo las enormes carpas que instalan en la calle para la velación. En algunas casas, donde cuentan con patios grandes, improvisan una caseta de manta llamada yotetoc (de yoté, manta y de toc, casa) colocando una mesa para un altar y alrededor de la caseta improvisan un sembradío con lechugas, cebollas, coles, albahaca y, a los lados y al frente de la caseta, tallos con hojas de plátanos y racimos respectivos, así como las mejores cañas de maíz con las buenas mazorcas. A eso de las 4:00 de la tarde son llevadas las imágenes con música típica y a veces con marimba en un camioncito para acompañar con música a donde son recibidas por la familia que en orden de pedida le corresponda.
Al llegar a dicha casa, se repite el ritual que puede ser más modesto o con mayor pompa, según las posibilidades de los pedidores. Las llegadas a las casas se llaman sentadas de las Copoyitas y del 30 de enero se prolongan hasta un domingo anterior al domingo de Ramos de la Semana Mayor de cada año. Ese domingo, acompañan a las virgencitas de Copoya un gran contingente, una de las costumbres muy típicas que solo los auténticos tuxtlecos la conocen. Las subidas de las vírgenes de Copoya resultan más atractivas por el gran contingente que las acompaña.
Con motivo del día del Rosario, vuelven a bajar para el segundo domingo en el mes de octubre, temporada en que permanecen en un mismo lugar para venerar a la imagen llamada María Olachea, nombre debido a que esta imagen fue llevada de una de las ermitas de los ranchos de los Olachea, uno de tantos que en el siglo XIX aún existía correspondiente al enorme latifundio que los encomenderos de apellido Olachea poseían, desde Pichucalco hasta los valles de Jiquipilas y Cintalapa, de lo que ahora solo queda “La Valdiviana”.
Este origen ya pocos lo saben, pues a principios del siglo XX los curanderos de espanto en sus invocaciones ya mencionaban a María Olachea como intercesora. El 15 de octubre llevan a cabo el ritual de los joyozuctoc en honor a Santa Teresita y que consiste en confeccionar unos ramilletes que sirven para dar investiduras cuando alguien se compromete a celebrar alguno de los Santos y que, por lo general, principian con el de menor jerarquía como lo es la virgen de Santa Catarina el 25 de noviembre.
El 15 de octubre se congregan en la casa del prioste de la virgen del Rosario, penúltimo cargo y de gran responsabilidad y respeto, donde los socios se disponen a elaborar los mencionados ramilletes que los dan a quienes lo solicitan mediante una aportación. ¡Estas son nuestras tradiciones! ASICh

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