Esteban Moctezuma Barragán
Por razones distintas, la izquierda y la derecha en México están unidas en una postura común: no considerar la política poblacional como prioridad para el desarrollo.
Cuando leemos análisis de cómo otros países se han desarrollado, mientras que México sigue estancado en el subdesarrollo, entre las causas mencionadas está siempre presente la falta de cambios en las leyes, las “reformas estructurales” para modernizar el fisco, el sector energético o las relaciones laborales.
También comúnmente se señala la falta de inversión en infraestructura y la inseguridad pública. Pero un gran tema ausente es el demográfico. Nunca, o muy rara vez, se pone la lupa en la imperiosa necesidad de reducir el crecimiento de nuestra población.
Es increíble constatar cómo el tema del crecimiento poblacional está excluido en casi todos los análisis sobre el desarrollo mexicano. Parece que nuestros economistas, legisladores, politólogos y científicos sociales no quieren tocar un tema “políticamente incorrecto” y lo evaden inconsciente o conscientemente, al grado de que no forma parte de la agenda nacional, ni de la discusión en el Congreso.
Comúnmente se compara nuestro lento desarrollo frente a casos de éxito, como España. Cifras van y cifras vienen sobre el sorprendente crecimiento del Producto Interno Bruto español frente al mexicano. Se comenta insistentemente que, en los años 60, los dos países éramos similares en nivel de desarrollo, pero, lo que no se subraya, es que en 1960 ambos países teníamos 40 millones de habitantes y que hoy, después de casi 50 años, España sigue manteniendo una población cercana a los 40, e incluso un poco menor (38), y México subió a 110 millones.
Si dividiéramos el PIB de México entre 38 millones de personas, nuestras cifras macroeconómicas nos ubicarían muy por encima de casi todas las naciones del mundo. El desarrollo es algo complejo que obedece a múltiples variables pero, sin duda, una de ellas es la demográfica, y mi pregunta es ¿por qué en México casi no se analiza ésta?
Quizá sea porque en nuestro país los grupos de izquierda tachan de “malthusiano” a todo aquel que se atreva a mencionar que una causa de la pobreza es la sobrepoblación. Argumentan que la injusticia nace de las relaciones sociales y productivas inherentes al capitalismo, y que hablar de crecimiento poblacional es desviar perversamente la atención de la raíz misma del problema.
Por su parte, los grupos conservadores ven en el tema poblacional un tema vinculado a la indeseable idea de control natal, y prefieren cerrar los ojos ante un fenómeno social que afecta la calidad de vida general para evitar tropiezos y “piedras en el zapato”.
La realidad es que México es un productor neto de pobreza. La situación es crítica. De los 110 millones de mexicanos que somos, 20 viven en pobreza extrema, 60 en pobreza y 30 millones cuentan con un buen nivel de vida. Pero, si vemos nuestro país desde la visión de los nacimientos, la situación se muestra aún más crítica. Veamos. De cada 110 nacimientos, 30 nacen en pobreza extrema, 70 en pobreza y 10 en un adecuado nivel de vida.
Esta realidad es contundente y constatable. ¿Podemos seguir ignorándola?
Trabajar sobre el tema de población no solamente afectará su crecimiento, también incidirá en su distribución territorial (por ejemplo, para decidir dónde ubicar macroproyectos como el aeropuerto), y permitirá prepararnos para el cambio en la pirámide de edades (único aspecto que hoy preocupa, más razones financieras de los fondos de ahorro, que para buscar elevar la calidad de vida general).
Ignorar el tema es negar que lo que es bueno para las familias es bueno para el país. “La familia pequeña vive mejor”.
Presidente de la Fundación Azteca
