JOSE LUIS ROQUE POPOMEYA
AUNQUE EL MONO…
Sin afán de querer parecer misógino, o herir susceptibilidad de personas o asociación civil aludida, haremos el siguiente comentario, aclarado el asunto, iniciamos.
Escuchar a los integrantes de la cámara baja y alta del Congreso de la Unión con respecto a la medida tomada para que personas del mismo sexo, se unan en contrato civil con sus pares, deja para la reflexión social.
En el caso de la determinación autorizada por el gobierno de Marcelo Ebrad, haya él, la permisividad de este asunto. Pero, cuando se tocan aspectos como los regulados por la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, con respecto a la responsabilidad que actualmente ocupa el contrato de matrimonio, y que éste sea aplicable para todos los Estados de la república mexicana, en el “contrato social”, deja también reflexión.
De lo anterior, como siguiendo ejemplos de Argentina y Uruguay, el pasado jueves 05 de agosto, “la Suprema Corte de Justicia de la Nación, declaró por constitucional una ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, en la capital mexicana, al rechazar, una demanda del gobierno federal”. (AFP)
El magistrado Fernando Franco, explica que “la procreación no es un término esencial del matrimonio”, contrario a lo emprendido por una fiscalía de la procuraduría del gobierno federal que considera se violan los derechos fundamentales de los niños que pudieran ser dados en adopción a estas parejas.
El caso en América latina, puede no ser el único. Sin embargo, dos aspectos llaman la atención, si bien pudiera asistirle la razón a Fernando Franco, la madre natura o la regla instintiva de la maternidad o paternidad, le explicarían lo contrario.
La ciudad de México así como los diversos Estados del país, presentan poblaciones con alto índice de divorcio, familias neuróticas, padres que viven en la misma casa, pero separados (simulación de familia integrada), disgregación familiar por enfermedad o fallecimiento, madres solteras, padres viudos o solteros, entre otras expresiones sociales productos de los actuales tiempos; que producen hijos abandonados, huérfanos, dados en adopción, hijos lacerados física o psicológicamente, pero en la realidad del hecho, sin considerar el tipo de la personalidad de quien integra la pareja o quienes actualmente viven bajo el código civil en matrimonio.
Quienes saben de estos asuntos, consideran que la figura de la mujer en el niño, jamás la podrá suplantar el padre, ni la del padre la madre, en término sociales, podrá representarla, pero términos fisiológicos o psicológicos, jamás ocupar su lugar.
La sociedad nos vende la idea que la madre que se queda sóla con los hijos, se convierte en madre y padre. Pero la verdad es que sólo es madre, realizando su actividad como tal, sólo que ahora aumenta la responsabilidad económica y social que le pudo haber correspondido al padre; pero el sentimiento paterno (y todo lo que conlleva esa relación filial ejercida por el hombre), no lo puede dar ella, pues tendría que convertirse en él.
El mismo ejemplo, puede concederse al padre, que se queda sólo con sus hijos e hijas. Éste tratará de generar un ambiente casi muy cercano al que ofrecería la figura materna, pero jamás darle el verdadero recurso, que proporcionaría ella.
El niño o la niña, requieren por necesidad, en sentido general, identificarse con personas de su mismo sexo (salvo que sus tendencias estén desviadas hacia otra línea), aprender a realizar ese papel (que no a jugar).
Nos comentaba uno de nuestros lectores, que aunque en la relación del “contrato social”, y uno de los dos, viva de forma pasiva y el otro activa, y son del mismo sexo, y el niño no presenta ninguna desviación a su género, sería como llevarlo a padecer confusiones que más tarde le provocarían serios libertinajes; como puede ocurrir lo contrario.
El negar la presencia natural de la triada, padre-madre-hijo, por conceptos ideológicos y de política vestida de modernismo, necesariamente impulsa a quienes su voz y su voto, son subestimados, a tratarlo como objetos y no como a sujetos.
Si de por sí, la sociedad y la familia en términos de unidad y fraternidad, están atravesando serias rupturas y crisis, ante el bombardeo masivo de la permisividad, el que, se apuntale más esta noxa social, lleva aún más a la desintegración de las familias en sus diversas presentaciones y extensiones que actualmente cohabitan.
¿Puede un hombre en términos masculinos, educar como base social, a su hija? ¿entenderla como mujer? ¿sentir como mujer (no imaginarse que lo es) para hablar de sus experiencias vitales a su hija? ¿tener acaso el instinto maternal para nutrir, a su prole?
Las mismas interrogantes, queda también en términos femeninos al educar como base social a su hijo.
Si se habla por ejemplo en la relación laboral, ¿es la misma atención y respuesta que se recibe de una persona del sexo masculino, al de una del sexo contrario? Por mucho, aunque ambos intercambiaran papeles.
Y conste, quien esto escribe, no se está en contra de la ley que favorece la unión de personas del mismo sexo, sino, el llamado es a la reflexión sobre la adopción y el tipo de medidas que tendrán que generarse para ofrecerle mejor vida familiar y de integridad psicológica a los futuros niños, por unirse a estas nuevas formas de familia.
Por lo pronto este oleaje liberal, como bien lo marca la agencia AFP, ha logrado que 16 Estados de 32 desde el 2007, vayan despenalizando el aborto, que también es un hong, para el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.
Sin dejar a un lado, la influencia de la globalización que está dando revueltas a las leyes propias de cada País.
¿Será que se busca formar un solo frente mundial?. Todo puedo suceder. Hasta ahí, uf!!. CORAM POPULO, EST VOX DEI (LA VOZ DEL PUEBLO ES LA VOZ DE DIOS). Escritos por favor enviarlos a colentornos@yahoo.com.mx y mensajillos por celular a 961 1500 150.
