JOSE LUIS ROQUE POPOMEYA
¿Y EL CUENTO DE HADAS?
A finales de este mes, es posible que la empresa Disney, lleve a la pantalla grande, uno de los cuentos de hadas más famosos del mundo: Rapunzel. De los hermanos Grimm.
También identificable a este cuento de origen Alemán, como verdezuela.
En la trama, los escritores hacen referencia a: Una pareja que quiere un hijo vivía al lado de un jardín rodeado de paredes que pertenece a una hechicera.
La esposa finalmente embarazada, tiene un antojo terrible de rapunzel, nota algunos rapónchigos (rapunceles) plantados en el jardín, y los anhela hasta la muerte.
Su marido decide ir a robar y juntar unos cuantos para ella y termina siendo descubierto por la hechicera, la Dama Gothel, quien lo acusa por robo. Él le ruega piedad, entonces la hechicera le da algunos rapónchigos para que se los lleve a su casa con la condición de que el hijo que está esperando su esposa le sea entregado al momento de su nacimiento. Él acepta. El bebé nace: una niña. La hechicera aparece reclamándola, le designa el nombre de Rapunzel y se la lleva.
Cuando Rapunzel cumple dos años, la Hechicera la encierra en una torre en el medio del bosque. La Dama Gothel iba a visitarla todos los días y le pedía que deje su largo cabello dorado caer, para luego trepar hasta la torre. («Rapunzel, Rapunzel, deja caer tu cabello así puedo trepar la escalera dorada»)… y terminan siendo felices el hijo del rey y la protagonista de este cuento.
Esto nos lleva y obliga reflexionar que, visto en el sentido común, algunos podrán decir que nada que ver con la realidad. Y puede ser que la razón le asista, sin embargo, puede estar haciendo referencia al pensamiento concreto de la edad adulta.
Pero no hay que dejar de lado el objetivo que persigue el cuento de hadas en la población a la que va destinada: Los niños (y a aquellos que no han perdido esa alma infantil).
A veces en las prisas, y en este mundo lleno de conflictos internos, externos y bombardeos continuos ajenos a las propias creencias o libre pensamiento, se deja de creer en la fantasía.
Podrá existir por ahí literatura que refiera en términos aviesos, que este tipo de cuentos posiblemente, fueron hechos reales, deformados por los escritores y a veces hasta grotescos, y generarse en consecuencia discrepancias por en honor a la verdad. No se trata de elaborar por el momento, dimes y diretes.
Se pretende en este caso, de reconocer el valor del cuento de hadas, comparativamente delante de otros que sus intereses son ajenos a las dudas humanas y su existencia, que incluso puedan ser contemporáneos.
Se menciona por ejemplo que los cuentos de hadas tienen mucho que ver con la superación del conflicto existencial, por ejemplo, algunos le vinculan con el dominio de los problemas psicológicos del crecimiento (superar las frustraciones narcisistas, los conflictos edípicos, las rivalidades fraternas; renunciar a las dependencias de la infancia; obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración, y un sentido de obligación moral), el niño necesita comprender en este caso, lo que está sucediendo en su yo consciente y enfrentarse también con lo que sucede en su inconsciente. Los expertos como Bruno Bettelheim, refieren el hecho de que el niño puede adquirir esta comprensión, y con ella la capacidad de luchar, no a través de la comprensión racional de la naturaleza y contenido de su inconsciente, sino ordenando de nuevo y fantaseando sobre los elementos significativos de la historia.
Los cuentos de hadas tienen un valor inestimable, puesto que ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí sólo. Todavía hay algo más importante, la forma y la estructura de los cuentos de hadas sugieren al niño imágenes que, sin saberlo ellos (los niños), le servirán para estructurar sus propios ensueños y canalizar mejor su vida.
No hay que olvidar que tanto para el niño como para el adulto, el inconsciente es un poderoso determinante del comportamiento.
Uno de los problemas que a veces se tiene en estos tiempos contemporáneos, por ejemplo la creencia común de los padres es que el niño debe ser apartado de lo que más le preocupa: sus ansiedades desconocida y sin forma, y sus caóticas, airadas e incluso violentas fantasías. Un sinnúmero de padres, posiblemente están convencidos de que los niños deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas. Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida real no siempre es del todo agradable.
En este sentido, puede estar muy extendida la negativa a dejar que los niños sepan que el origen de que muchas cosas vayan mal en la vida, se debe a nuestra propia naturaleza; es decir, a la tendencia de los hombres a actuar agresiva, asocial e interesadamente, incluso con ira o ansiedad. Por el contrario, algunos padres, quieren que sus hijos crean que los hombres son buenos; y, a menudo, cuando lo son, preferirían no serlo. Esto contradice lo que sus padres afirman, y por esta razón el niño se puede ver a sí mismo como un monstruo.
La cultura predominante alega, especialmente en lo que al niño concierne, que no existe ningún aspecto malo en el hombre, manteniendo la creencia optimista de que siempre es posible mejorar. En este sentido, Sigmun Freud, por ejemplo afirma que el hombre sólo logra extraer sentido a su existencia valientemente contra lo que parecen abrumadoras fuerzas superiores.
Este es precisamente el mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños, en diversas líneas: que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana: pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injusticias, llega a dominar todos los obstáculos alzándose, al fin, victorioso.
Por ejemplo, muchas historias de hadas empiezan con la muerte de la madre o del padre; en estos cuentos, la muerte del progenitor crea los más angustiosos problemas, tal como ocurre(o se teme que ocurra) en la vida real. Otras historias hablan de un anciano padre que decide que ha llegado el momento de que la nueva generación s encargue de tomar las riendas. Pero antes de que esto ocurra, el sucesor tiene que demostrar que es digno e inteligente. La historia de los hermanos Grimm “Las Tres Plumas”, es un claro ejemplo de lo que se hace referencia.
Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. Esto permite al niño atacar los problemas desde su forma esencial, cuando una trama compleja le haga confundir las cosas. El cuento de hadas simplifica cualquier situación. Los personajes están muy bien definidos y los detalles, excepto los más importantes, quedan suprimidos. Todas las figuras son típicas en vez de ser únicas.
Una persona es buena o mala. Al presentar al niño caracteres totalmente opuestos, se le ayuda a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos, cosa que no podría realizar si dichos personajes representan fielmente la vida real, con todas las complejidades que caracterizan a los seres reales. En este momento el niño, a través del cuento de hadas, le permite comprender que existen grandes diferencias entre la gente, y que, por este mismo motivo, está obligado a elegir qué tipo de persona quiere ser. Las polarizaciones de los cuentos de hadas proporcionan esta decisión básica sobre la que se constituirá todo el desarrollo posterior de la personalidad.
Las elecciones del niño se basan más en quién provoca sus simpatías o su antipatía que en lo que está bien o está mal. Cuanto más simple y más honrado es un personaje, más fácil le resulta al niño identificarse con él y rechazar al malo. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para él niño la pregunta no es: ¿quiero ser bueno?, sino ¿a quién quiero parecerme?. Decide esto al proyectarse a sí mismo nada menos que en uno de los protagonistas. Si este personaje fantástico resulta ser una persona muy buena, entonces el niño decide que también quiere ser bueno.
Por otra parte, contrario a lo anterior, los cuentos amorales no presentan polarización o yuxtaposición alguna de personas buenas o malas, puesto que el objetivo de dichas historias es totalmente distinto: “El gato con botas”, “Jack y las habichuelas”, que con burlas, robo, fraude o mentiras, logra obtener su “triunfo”. Algunos refieren que estos cuentos amorales, parecen no tomar en serio los problemas y las angustias existenciales; las relaciones entre hermanos; en la necesidad de ser amado, y el temor a que se crea que uno es despreciable: el amor a la vida, y el miedo a la muerte. Y es aquí, donde el cuento de hadas, cobra su vital importancia en el desarrollo posterior de la personalidad del niño, que lee o le leen este tipo de escritos, que en la actualidad estiliza para la pantalla grande Disney. Hasta ahí. Uf!. “VOX POPULI, VOX DEI” (LA VOZ DEL PUEBLO, ES LA VOZ DE DIOS). Correos favor de enviarlos a colentornos@yahoo.com.mx. Mensaje y/o llamada al 961 1500 150.
