Del amigo Joaquín Sabina: Y yo me muero de ganas de decirte que me muero de ganas de decirte que te quiero, y que no quiero que venga el destino a vengarse de mí y que prefiero la guerra contigo al invierno sin ti.
Daniel Flores Meneses
Danfm@hotmail.com
ENTRE EL FUTBOL Y LOS POLITICOS
Estaba a punto de comenzar a ver el super partido México, Panamá, cuando sonó mi celular ( su timbre es música de uno de los conciertos de Brandenburgo de Bach) que suena medio mampito. Era mi amigo Héctor que indignado me decía que la profesora Elba Esther Gordillo no tenía vergüenza. Yo le pregunté porqué y me dijo que si no había leído sus declaraciones en donde se enojaba por lo expresado por expertos de la UNESCO, que señalaron que en México el SNTE, o sea su sindicato, vende las plazas, magisteriales. Si ya leí pero voy a hacerlo con detenimiento le dije yo.
Ya ni la burla perdona, me dijo, piensa que los mexicanos somos una bola de tarados que no sabemos de sus triquiñuelas de sus vendimias oficialistas, en donde siempre ha catado el vino que le pongan enfrente. Así estaba de enojado mi amigo, cuya voz potente me hizo alejar un poco el celular de mi oreja treintañera.
Pero no fue solo eso, no, no, no, faltaba lo peor, ver a los jugadores mexicanos enfrentándose a los gigantes del Canal de Panamá, que les dieron una lección de coraje, pero sobre todo de superación profesional, me recordó al Pachuca contra el Gremio de Porto Alegre recientemente que le rebano las mejillas con cuatro goles y una bailada. ¡Vaya manera de sufrir!
Si antes éramos los “reyes” claro entre comillas, de la CONCACAF, y Estados Unidos nos la pellizcaba en ese deporte de conjunto, ahora somos el hazmerreír de la zona. Eso era antes, ahora tenemos doce años que no les ganamos, y para acabarla de amolar resulta que aparecieron estos panameños divididos nada más por el Canal, que están jugando un futbol, verdaderamente interesante y se convertirán junto con los gringuitos en dos trabucos, y si la Federación Mexicana de Futbol, no se prepara y pone un hasta aquí a la dineriza va a pasar a formar parte de una triste historia de recule como dicen en mi pueblo.
Se preguntará usted porqué ahora estoy escribiendo de mis desconsuelos futbolístico. La verdad es que es mejor escribir de eso que de los consuelos políticos, sobre todo de Doña Elba Esther, esa mujer chiapaneca, que hay que reconocerlo tiene bien puestas sus falditas aunque estas hayan sido diseñadas por el sistema priistas, un el modisto de las pasarelas.
Es mejor hablar del futbol, que de los diputados, ¿a poco no¿. Mejor hablar del TRI de Hugo que de Narcos, es mejor hablar del América, (¿qué? No le gustó¿) que de las listas de candidatos de los partidos políticos para octubre.
No me importa que me recuerde a mi pobre progenitora, pero soy americanista, de hueso amarillo azulado. Pero soy hombre de bien… tomar en serio a la vida, claro está. Si no métase a www.bolonautas.Com.superior.xx. y verá mi catalogación escrita por los directores del portal, más interesante de Chiapas. Es tan buena que ya hasta del buró de crédito me borraron.
De la maestra hablaremos el próximo martes, esto no quiere decir que mañana sábado no vaya a escribir, lo que pasa es que hay que pasar un fin de semana agradable sin malos recuerdos como esos y más. Por ahora lo dejo con su mejor compañía que es su conciencia.
Salud y revolución social.
Ahora lo dejo con
minuto
El adjetivo latino minutus (pequeño) procede del verbo minuere (mermar, reducir), con origen en el indoeuropeo mei- (pequeño), al igual que disminuido, menor, menos, mínimo, minucia, etc.
En latín medieval al minuto se lo denominó minuta, palabra clave extraída de pars minuta prima (primera parte pequeña), así llamado originalmente. En español, derivó a minuto, y como tal se documenta desde el siglo xv.
Algo parecido ha ocurrido con la palabra segundo: del indoeuropeo sek- (seguir), procede del latín sequire, con idéntico significado y de éste, también del latín, secundus (que sigue a otro, segundo). En latín medieval se llamó secunda, extraído de pars minuta secunda (segunda parte pequeña), que es como en principio se denominaba cada una de las partes en que se dividía una minuta.
