Enfrentamiento universitario en Michoacán

Miguel Ángel Vite Pérez

La mañana del 30 de mayo de 2007, en la ciudad de Morelia, parecía que iba a ser un día más en la vida cotidiana de sus habitantes; sin embargo, no lo fue para los que realizan sus actividades en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSH).
Pero cabe mencionar que lo único que ha alterado la vida universitaria de la capital michoacana, lo cual se ha convertido también en una costumbre, han sido las tomas de instalaciones de parte de grupos estudiantiles, que de esa manera manifestaban su inconformidad contra alguna decisión de la autoridad universitaria. En otras palabras, los grupos de presión estudiantiles -cuando ven afectados sus intereses- recurren a un estilo de negociación, usando la fuerza, radicada en su posibilidad de movilizar a una parte de la masa estudiantil, tanto la que pertenece a las preparatorias como a las diferentes escuelas y facultadas de la Universidad Michoacana.

El potencial de movilidad estudiantil se localiza en las casas de estudiantes (cerca de 54), que reciben para su manutención subsidios del gobierno estatal y de la misma universidad, controlados por los líderes y funcionarios de la rectoría que los usan de acuerdo con sus intereses.

Y quien habita la casa estudiantil, si no acepta formar parte del grupo, puede sufrir la expulsión, es decir, se le quita el apoyo. Una manera tradicional de hacer política clientelar, cuyo uso ya no depende de las creencias ideológicas, sino de la efectividad para provocar alteraciones, caos, que obligue a las autoridades de la rectoría a cumplir con las demandas particulares planteadas.

La diferencia es que ahora la toma de las instalaciones universitarios derivó en un enfrentamiento violento entre los integrantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL), que cerraron las instalaciones, y estudiantes universitarios que ante la finalización próxima del semestre no les conviene la interrupción de labores.

Llovieron piedras, bombas molotov, secuestrados, golpes, y quemaron un colchón en las afueras de la casa de estudiantes, ubicada en las cercanías de la Plaza Carrillo. Mientras, la policía no intervenía o solamente se limitaba a desviar el tránsito vehicular.

Los bandos enfrentados se movieron por la venganza; las razones de ser del paro se olvidaron momentáneamente para buscar al enemigo que pagara con su físico la afrenta y el secuestro de que fueron objeto algunos estudiantes que se opusieron a la toma de las instalaciones por parte de la CUL.

Pero los hechos descritos de manera general no revelan lo que sucede en la realidad: la UMSH ha seguido el proceso que le represente no solamente la adquisición de prestigio universitario, sino que le permita acceder a más recursos económicos por medio del mejorando de sus indicadores de eficiencia terminal y de personal académico con alta calificación, por ejemplo, a través de la contratación temporal o definitiva de doctores con nombramiento del Sistema Nacional de Investigadores (SIN), dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), lo que también facilita la acreditación de sus licenciaturas y posgrados; lo que significa, a fin de cuentas, más becas para sus estudiantes, provenientes de recursos federales y estatales.

Y, al mismo tiempo, existen prácticas autoritarias y clientelares, lo que incluye el tráfico de influencias y la discrecionalidad en la contratación de nuevo personal, ejercida por los directores de facultades e institutos, cuyos lugares son verdaderos feudos, donde la rectoría no tiene influencia.

En dichos feudos, los directores movidos por la urgencia de consolidar por años su poder arbitrario (en los institutos, por ejemplo, los directores ejercen su cargo como una comisión otorgada por la rectoría; en otras palabras, pueden durar bastantes años sin que exista un proceso de elección democrático para su sustitución) se encubre con la necesidad de cumplir con las metas de excelencia cuantitativa, expresadas como el número de doctores con SIN y el número de posgrados, que deberían de formar parte del Padrón Nacional de Calidad, manejado por el Conacyt.

Así, tenemos que en el Instituto de Investigaciones Económicas y Empresariales (Ininee), su director, José César Lenin Navarro Chávez, ha logrado en cinco años gestionar recursos para la construcción de instalaciones y de infraestructura académica, usando programas de excelencia académica del Conacyt, como el Programa de Repatriación y Consolidación Institucional, para obtener plazas de doctores, que han realizado sus estudios en el extranjero o en alguna universidad pública del país, que posteriormente utiliza para su propio beneficio, despidiendo al doctor que la generó y ocupándola con alguno de sus recomendados.

De este modo, Navarro Chávez ha entendido que las plazas, creadas con dinero de la federación, es la mejor manera de construir las relaciones de poder en su feudo y, frente a la autoridad de la rectoría, lo legitima porque se presenta como un director eficiente y comprometido con los rendimientos académicos cuantitativos.

Por tanto, en la UMSH las prácticas autoritarias de los directores han encontrado su impulso en la acreditación de sus programas y planes de estudio de licenciaturas y posgrados, ante la Secretaría de Educación Pública (SEP), lo que no ha entrado en conflicto con las demandas de los grupos estudiantiles que exigen ventajas pero no evaluaciones para ingresar, debido a que en el fondo resulta ser lo mismo que hacen los directores.

miguelvite@yahoo.com

Analista político

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