El río y la realidad

Macario Schettino

Fue Heráclito quien imaginó al tiempo como un río, guiado por su cauce, siempre el mismo, pero siempre también diferente. La metáfora es muy buena, como que lleva 2,500 años. Ya es lugar común eso de que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, pequeña distorsión de la idea original.
Como un río discurre la realidad, y como un río tiene diferentes movimientos, corrientes, fenómenos, que van juntos, pero con su propia dinámica. Y aunque todos van en el mismo río, no son todos iguales, ni en forma ni en importancia. Hay, en la superficie, pequeños remolinos, saltos de agua producto de piedras y ramas, espacios estancados, llenos de lodo. Un poco más abajo, hay corrientes más constantes, aunque puedan ser en ocasiones traicioneras. Apenas sobre el lecho, un flujo diferente, continuo, suave pero permanente.

Como el río discurre la realidad, decíamos, con una superficie arrebatada, con corrientes que a veces traicionan, y con ese flujo constante en el fondo. Y la realidad, como el río, puede interpretarse superficialmente, o puede verse a través de las grandes dinámicas, no siempre continuas, o, con mayor profundidad, leerse como el suave paso de tiempos y edades.

En el análisis, se acostumbra llamar coyuntural al que se dedica a descifrar remolinos, a interpretar el viaje de hojas y ramas, a leer los rápidos producto de rocas. Y suele llamarse estructural al que prefiere orientarse a las corrientes que no se notan, a menos que uno se sumerja. Poco esfuerzo se hace para llegar al lecho mismo del río, a esos movimientos de larga duración.

Hoy mismo, se dedica gran esfuerzo a los remolinos que produce Vicente Fox, que habiendo sido mal presidente, es peor después. Era de esperarse, lo primero y lo segundo, pero su paso por la Presidencia fue resultado de una corriente estructural, era un paso necesario dado lo abrupto del terreno. Lo segundo, en cambio, ningún sentido tiene, pero puede dar espacio a otras corrientes profundas que hace tiempo se acercan a la superficie. La transparencia, que poco a poco aflora, ganará mucho cuando sea general, aplicable igual a expresidentes que a sindicatos, políticos, empresarios, universidades, medios de comunicación.

De la misma manera se interpretan, como disturbios superficiales, lo que son fuertes corrientes profundas en los partidos políticos. Se distrae el análisis en las ramas de Espino, o en las de Encinas, sin ver la profunda transformación del sistema de partidos en México, similar sólo al vivido a mediados de los ochenta.

Se ven las pequeñas piedras en la reforma fiscal, en la electoral, o se atisban en las ya cercanas energética, laboral, de seguridad, sin percibir que el río está cambiando de dirección, que no son piedras, sino meandros. Por ver las ramas y las piedras, no se nota que el río ya dejó de fluir en una dirección, y que está cambiando su curso. La catarata que hace poco parecía inevitable quedó atrás, el agua sigue avanzando entre rápidos y gargantas.

No se puede ver el fondo, porque las distracciones de la superficie son muchas. Apenas si se alcanzan a ver, en ocasiones, las corrientes que emergen de lo profundo, pero esto dura poco. Mucho menos se atiende al lecho, que requiere sumergirse demasiado. Los cambios generacionales, seculares, se subordinan al chapuzón cotidiano.

El río lo es todo, es la atractiva y confusa superficie, es la suma de las corrientes más profundas, y es el cauce y el lecho. Nadie puede entender el flujo viendo sólo remolinos y saltos de agua; nadie puede, viendo sólo el lecho del río, comprender la complejidad de la superficie. Es cuando se da a cada elemento la importancia que merece, cuando se reconoce la influencia que tienen éstos entre sí, cuando el río nos es comprensible.

México vive momentos de cambio profundo, que se reflejan en modificaciones estructurales en la economía, la política y la sociedad. Modificaciones muy fuertes y rápidas, que producen fenómenos superficiales muy atractivos, llamativos pero irrelevantes. Estos fenómenos sólo se comprenden bien cuando lo estructural y lo profundo forma parte de nuestra interpretación de la realidad.

En unos años, habrá muchos que se preguntarán cómo fue que México se transformó. Hoy podrían verlo, si dejasen la superficie por un momento.

www.macario.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

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