El requinto del “Cuarteto Vendaval” Gerardo Arias Solórzano, perdió la batalla contra el cáncer

Augusto Solórzano López /ASICh

Este martes fue sepultado tras haber emitido el último suspiro de su productiva vida el lunes último, quizá el más original de los ejecutores del requinto acústico que ha dado Chiapas, dotado de un extraordinaria voz y con estilo propio que pocos pueden presumir:

GERARDO ARIAS SOLÓRZANO

Luchó, se entregó, clamó a Dios, pidió, reclamó y decía que por gracia del señor el, volvería a trabajar para tocar su requinto y cantar como nunca. Tengo pendientes me dijo el lunes 18 de febrero en una plática amplia con él.

Este texto, salió publicado en Diario de Chiapas el martes 19 de febrero de este año: Es un músico formado desde abajo, lo trae de familia, hijo de Chiapas con ascendencia Guanajuatense, hombre de metas, exitoso y triunfador en todas; nunca doblegado, siempre acompañado de su inseparable requinto acústico, hoy libra una cruenta batalla contra un cáncer pulmonar al que derrotará, confía, por el mismo, por su familia, por su gente y porque hay mucho que cantar.

Y así como hoy se entrega y pide salvación a Dios, así pidió a su papá hace 55 años, cuando solo tenía 5, que le enseñara “a tocar”; Heriberto Arias Paredes, ejecutor maestro en casi todos los instrumentos aceptó y un año después su hijo, ya tocaba la guitarra.

A 52 años de haber conocido y aprendido las notas musicales y el pentagrama; 45 de ellos de carrera profesional, el Cuarteto Vendaval fue su “motor de arranque” al centro de un mundo de carencias que le permiten exclamar en 1969 ¡el mundo es mío!

Sus tesoros; Dios, su esposa, dos hijas, tres requintos y “mi gente” casi grita el creador de uno de los más definidos requintos de México; de estilo propio y una voz que no es ajena para varias generaciones que saben del Arriaguense, maestro en música en universidades.

GERARDO ARIAS SOLÓRZANO

Ese valor del romance nacional nacido el 3 de octubre de 1953 en Arriaga, Chiapas, quien ha derrochado arte y música por más de cuatro décadas, respira hondo y clama al supremo, ¡quiero vivir!, para regresar, trabajar y cantarle a México y a Chiapas como siempre.

Esta piedra angular de los románticos de Chiapas no ha dejado piedra por mover, lo mismo hizo radio que café cantante, TV, centro nocturno y acompañó a estrellas e intérpretes del cine nacional y aún cuando disfrutó de bienestar, su situación económica actual es crítica, como sucede con casi todos los artistas.

Exalta a sus padres Heriberto Arias Paredes de Apateo el Alto, Guanajuato y a su madre, Estela Solórzano Chavarría de Arriaga, Chiapas, de quienes recibió el don del arte y espíritu de lucha por seguir metas, alcanzarlas y ser alguien.

Sus hermanos, Amparo, Eduardo, Laura; él Gerardo en cuarto sitio, Carlos, Guadalupe y Blanca Estela. Los hombres músicos de primera y las mujeres dedicadas al hogar, pero, en conjunto siempre unidos y siempre luchadores.

Gerardo Arias Solórzano con plena lucidez a pesar de la enfermedad que lo mantiene fuera del medio artístico desde hace poco más de un mes habla de su paso por la Escuela “Tipo” Camilo Pintado y su ingreso al Cuarteto Vendaval.

A los 6 años recibió su primera guitarra que su padre le obsequió; a los 10 en 4º año de primaria en la “Tipo”, crea su primer cuarteto con el que recorre la Costa y llega a la similar Escuela Tipo de Tapachula, (1964) cumpliendo sus primeros 11 años de edad.

En 1965 nace el Cuarteto Vendaval, cuyos fundadores fueron Olinto Solórzano +, (armonía); Eduardo Peregrino, (requinto); Pedro Aquino, (bajo) y Jorge Castro, (primera voz). La primera canción que graba este grupo fue Amor Necio de Ariosto Trujillo.

El 21 de septiembre de 1967 ingresa como suplente eventual en el Cuarteto Vendaval, tocando el bajo acústico, luego de haber iniciado su preparación secundaria en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas en 1965.

Ese año, forma el Trío Tuchtlán y cantaban temas como Celoso, Zorba el Griego, etc., en el Patio Central del Icach en tardes y noches de ensueño, pero con la mira ya en el Cuarteto Vendaval.

Alrededor de 1968, el para entonces ya famoso Cuarteto Vendaval, ya lleva tres discos grabados en Peerless, en tanto Gerardo, sigue con ellos ganando $20.oo por “gallo” o serenata que siguen solicitando hasta hoy día, pero no tanto como el ayer.

Por estos tiempos El Vendaval se va al D.F., a trabajar ya que por acá las cosas no estaban muy bien económicamente. Gerardo, queda y se incorpora al Grupo Moisés y la Resurrección, ejecutando guitarra eléctrica como armonía.

Un año después en el ’69, pasa a formar parte como bajista en el Trío Los Elegantes. En septiembre de ese año se cimbra el C. Vendaval, sale Eduardo Peregrino (requinto) y entra como tal quien fuera requinto del Trío Impero de Virginia López, Ataín García López.

Esto, propicia el llamado del Vendaval (septiembre 69) para que Gerardo se traslade a México e incorpore al Cuarteto como bajista, viaje que se traduce en preparación profesional con el maestro Ataín y “el mundo es mío…” ¡exclama!

“El dinero llegó como nunca, (y se ilumina su mirada) y se pregunta; a dónde no conocí y en dónde no fui; obtuve todo, y así, logré ayudar a mi mamá…que era mi sueño”.

Recuerda sus grandes glorias con el C. Vendaval en el Restauran Deni’s o sus intervenciones en los espectáculos de el Piporro, El Loco Valdéz, El Pirulí o Carmen Salinas en el D.F. “por citar algunos…se ufana”.

Guarda especial acento por las actuaciones especiales que tuvieron en la Hacienda de Los Morales, Ojo de Agua y presentaciones en sitios y familias de exclusiva sociedad.

De regreso en 1971, los Vendaval, hacen un año de Radio en RCN de Tuxtla en el programa, “Serenata” (con Augusto Solórzano López); un año de trepidante éxito, pues graban el LP “Déjenla” (de Héctor Martel Delgado) en Capitol y vuelve la cadena de éxitos.

Se entusiasma y hasta se olvida por momentos del cáncer pulmonar al que dice con fuerza notable “venceré” y se torna sentimental cuando habla de su esposa Cruz Marina Flores Velasco, con quien casa en 1972 y año de su revelación como solista.

Gerardo Arias Solórzano, alterna actividades, perseguía el triunfo y en 1973 graba con el Vendaval un segundo LP, “Gordita” (Abelino Pérez). Hace una pausa y evoca “Siempre en Domingo” de Raúl Velasco en donde se presentan el 15 de enero ‘73 en la edición México Magia y Encuentro.

“Para esa actuación en la TV nacional el Cuarteto Vendaval es patrocinados nos dice, por el entonces gobernador de Chiapas, Dr. Manuel Velasco Suárez +”.

En el marco de este movimiento musical en el país; destaca Siempre en Domingo, el Festival de la OTI y México Magia y Encuentro y en 1970, los Vendaval graban el LP “El Triste” (de Roberto Cantoral) con Ataín García al requinto, tema con el que ganó el OTI José José y por lo mismo estaba muy de moda.

Los triunfos no cesan; Gerardo no desaprovecha el tiempo, la bohemia para él, era ajena y es así como crea la Rondalla de la Escuela de Medicina de la UNACH en 1975 – 1982, obteniendo un 2º Premio Nacional de Rondallas en el Concurso celebrado en la Universidad Juárez de Durango en 1977.

Una parte vital en la vida de este valuarte de la música romántica de México, Gerardo Arias Solórzano, es; su revelación como solista en 1972 al formar parte de la Banda Lacandona y su matrimonio del que atesora con gran amor sus hijas, Yajaira Margarita y Zoé Carolina Arias Flores.

Como solista inaugura el primer café cantante de Chiapas “El Juglar” en 1978. No deja el Cuarteto Vendaval, mismo que –reconoce- fue “su motor de arranque” y siguen las aperturas de los Restauran El Ejecutivo, Costa de Oro, Mesón del Ángel y Hotel Flamboyán en Tuxtla Gutiérrez.

En su paso por la Cultura, en 1981 bajo el patrocinio de la UNICACH y siendo Rector el Prof. Romeo Bustamante Abadía, graba el disco, “Tuxtla Gutiérrez” que contiene Mujer Chiapaneca, y Hacerlo Contigo de Francisco “Paco” Chanona, el de Pulpa de Tamarindo.

Otro momento igualmente destacado aquí; en 1982 nace Sonosur la primera disquera en el estado merced a la inquietud de su fundador, “Paco” Chanona; el primer disco y artista que graba es Gerardo Arias Solórzano y los Románticos de Chiapas con el disco SS001.

“Este disco histórico trae música de los Hermanos Domínguez, el propio compositor chiapaneco, Francisco “Paco” Chanona y en 1983, agrega, grabamos un segundo que se llamó “Gotas de Lluvia”.

Con nostalgia, pero, finalmente había que continuar, deja el Cuarteto Vendaval en 1982 y Gerardo Arias Solórzano, abre carrera como solista 1983 – 2010 bajo el nombre artístico, “El Romántico de Chiapas”.

Subraya discos grabados: dos en Sonosur; dos patrocinados por Don Pepe Brindis, impulsor de valores; Y, uno que le patrocinó el Dr. José Gilberto Aguilar García, y que contiene la inspiración del galeno, “Te quiero sí”.

Del 2010 a la fecha retoma el Trío Los Románticos de Chiapas y en la primera quincena de enero del 2013 se retira por la enfermedad que padece. Sin embargo los antecedentes registran que las molestia le comenzaron hace 6 años, sin saber exactamente qué padecía.

Arias Solórzano, cuenta que sintió en aquel momento, molestias en la garganta cuando estaba montando la voz al tema “Abanico de Colores” de Jorge Montoya Ramírez, en Comitán, pero, que culpó a un problema pasajero y no le hizo caso.

Hoy sabemos que a lo largo de 45 años ha trabajado en lugares cerrados y se convirtió en “fumador pasivo”; posteriormente conoce la bohemia y también comenzó a fumar. Hoy, lleva dos años sin fumar, pero daño el esta hecho: Acepta padecer cáncer pulmonar lado derecho.

Saca el espíritu de lucha y clama a Dios “¡mi deseo es seguir viviendo; sacar a mi esposa y a mis hijas adelante, tengo muchos pendientes y quiero seguir entregado a mi gente…para cantarles”

Gerardo Arias Solórzano cuenta con el apoyo de la empresa donde trabaja Restaurant Zúñiga y del Instituto de Estudios Superiores de Chiapas, Universidad Salazar, en donde es maestro de música y donde también desde el 2009 formó el Grupo “Voces y Guitarras”.

Su primer requinto fue un Pimentel finísimo, el segundo un Villafán y el tercero y último con el que lleva 14 años y que muestra en las fotos es un Amezcua. Todos los conserva con especial y particular amor y cariño.

“Mis sentimientos y emociones se agolpan en mi cerebro. Por eso estoy entregado al supremo, quiero a mi pueblo, la gente. Adoro a mis amigos. Soy elegido de Dios, sé que él, me ayudará para salir adelante”.

“Estoy en sus manos…voy a regresar a trabajar, quiero trabajar y quiero tocar y cantarle al mundo…como me ves ahora primo, cambiando cuerdas y afinando mi tercer requinto, el más modesto de los tres que he tenido en más de 40 años”.ASICh

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