El pájaro azul

Sara Sefchovich

¿Conoce usted el cuento del pájaro azul? Va más o menos así: alguien decide que tiene que encontrarlo y va por todas partes buscando, pasando por dificultades y penalidades, pero nada que lo logra. Cuando decepcionado y agotado vuelve a su casa, se da cuenta que allí está un pájaro azul, en sus narices, y que siempre había estado allí, solo que él no lo había visto. Porque no pudo, porque no quiso, porque no supo cómo.
Así me siento yo. Quienes me leen saben que llevo meses escribiendo sobre un tema que me obsesiona: cuáles son los obstáculos que nos impiden dar el salto adelante como país. Y saben que he estado buscando por todas partes, rastreando en libros y artículos, en entrevistas con todo tipo de ciudadanos y en intercambios de correos electrónicos con los lectores.

Pero de repente se me ha hecho la luz. Basta con abrir el periódico, prender la televisión o la radio y ver cómo son las cosas: allí van felices en sus bicicletas nuestras sonrientes autoridades capitalinas, allí están inaugurando esto o aquello, prometiendo el oro y el moro, instalando una y dos y cien comisiones para cualquier cosa que se les ocurre, echando a andar otro programa más. Y allí está también feliz el Presidente de la República, con su señora esposa y sus lindos niñitos, los varoncitos de traje y corbata, la mujercita con vestido de tul, todos sonrientes junto al Papa, junto al Presidente de ésta y de aquélla nación, todo muy bonito.

Y aquí está la realidad que es muy otra: somos un país atosigado por el crimen, la corrupción, la miseria.

Entonces, ¿por qué anda tan alegre el Presidente de la República? ¿Será porque mientras pasea por Europa nos dejó en prenda su llamado “Plan Nacional de Desarrollo” que no es sino “una fina muestra de ficción burocrática, una obra magna de literatura”, como escribió un lector en una carta enviada a un diario de circulación nacional? ¿De qué se ríe el jefe de Gobierno del DF? ¿Será porque se siente artista de cine perseguido por tantos fotógrafos?

Entonces, ¿qué ando yo buscando explicaciones si la explicación está claramente en la ineptitud de quienes nos gobiernan?

El gran obstáculo es el liderazgo.

Ya lo decía en el siglo XIX Lucas Alaman: “Los errores de los hombres pueden hacer inútiles los más bellos presentes de la naturaleza” y Daniel Cosío Villegas a mediados del XX: “Los dirigentes mexicanos han hecho inútiles las mas profundas promesas de la Revolución”. Y lo dicen quienes nos han estudiado y nos conocen bien, desde Alain Touraine hasta Samuel Huntington: “El problema de México es su liderazgo político”.

Jared Diamond, profesor de la Universidad de California que estudió las razones por las que han decaído las sociedades, asegura que en todos los casos fue por decisiones malas o a destiempo que tomaron quienes las dirigen. Para evitarlo, dice, tendrían que estar dispuestos primero, a reconocer que los problemas existen. Pero entre nosotros eso no sucede.

Todos los días y respecto a cualquier tema nuestras autoridades nos dan las mismas respuestas vacías: que ese asesinato no está relacionado con nada más serio, que “no corresponde a un patrón de delincuencia convencional” y otras sandeces por el estilo. ¿Qué entendemos, qué resolvemos con estas dizque explicaciones? ¿Qué ganamos con que una y otra vez nos digan que están investigando, que están muy alertas, que están trabajando para atender la cuestión?

Y en segundo lugar dice Diamond, tendrían que esforzarse por resolverlos, para lo cual tendrían que estar dispuestos a dejar de lado formas de pensar y de actuar viejas y enquistadas y atreverse a arriesgar lo inmediato (el voto, la aprobación a su persona o a su grupo político) para ver a largo plazo, porque cuando se actúa demasiado tarde, los problemas han crecido tanto que es difícil hallarles solución.

Pero esperar esto es un sueño de opio. Porque si el liderazgo es “Una posición de poder que influye en forma determinante en las decisiones de carácter estratégico, que se ejerce activamente y que encuentra una legitimación en su correspondencia con las expectativas del grupo” como afirma Oratio Petracca y sobre todo, si “es una acción efectiva y no un mero prestigio” como dice K. Lang, pues es evidente que nosotros no lo tenemos. Tenemos algunas personas que ocupan el poder y que nos dicen que están haciendo lo que tienen que hacer, pero nosotros no lo vemos. En nuestra vida cotidiana no lo vemos. No son suficientes los buenos deseos e intenciones, ni siquiera la hiperactividad, mucho menos las sonrisas sobre una patineta.

Sarasef@prodigy.net.mx

Escritora e investigadora en la UNAM

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