El mundo cambiará

Enrique del Val Blanco

Hoy existen dos aconteci-mientos económicos a nivel mundial que sin duda harán cambiar la forma en que se conducían las políticas económicas en los distintos países. Por un lado, está la situación iniciada con la crisis de las hipotecas subprime, por su nombre en inglés, y que ahora está arrastrando a los fondos especulativos y sobre todo al ingreso de las familias estadounidenses, pero también de otras partes del mundo. Por otro lado, aparece ya con claridad el traslado del poder económico mundial de manos de los países desarrollados a los que se califica como “emergentes”, encabezados por los llamados “BRIC”, acrónimo de Brasil, Rusia, India y China.
El primer asunto, el de las hipotecas fallidas, ha puesto de cabeza a las principales bolsas del mundo, que no ven una salida fácil y la vuelta a la normalidad. La semana pasada volvieron a caer, como consecuencia del anuncio de la restricción del crédito al consumo realizado por las autoridades estadounidenses.

Las expectativas sobre la crisis hipotecaria son que cada día aumente más el hoyo. El pasado verano, cuando por fin se hizo pública, el gobierno estadounidense declaró que el asunto andaba entre 50 y 100 mil millones de dólares; hace unos días anunció que podría ascender hasta 150 mil millones de dólares, pero recientemente el Deutsche Bank lo ha estimado en 400 mil millones de dólares. El conocer con precisión la cifra real será casi imposible y se parece a nuestra crisis y rescate bancario, que día a día se incrementa. La realidad que prevalece en los mercados financieros es el aumento cotidiano del miedo y la incertidumbre, afectando a todo el sistema económico.

Según se informa, hay 2 millones de personas que contrataron este tipo de hipotecas y que, como resultado, tendrán que pagar mayores intereses por lo menos durante los próximos 18 meses. Como sus tasas se ajustarán al alza, muchos de ellos no podrán pagar y seguramente optarán por vender sus casas, lo cual impactará negativamente a uno de los sectores más dinámicos de la economía estadounidense.

A la crítica situación que está viviendo ese país, aunque lo niega, hay que agregar los precios del petróleo, que si siguen cercanos a los 100 dólares por barril se calcula que el galón de gasolina llegará a los cuatro dólares el próximo año, lo cual también podría impactar al sector automotriz, al restringir la compra de automóviles.

Se diga o no, en ese país se está entrando en una recesión. Las cosas van de mal a peor, mientras que no se vislumbran signos de recuperación en el corto plazo. Estas son noticias malas para ellos, pero también para muchos países que, como el nuestro, dependen de la economía estadounidense para su desarrollo. El desastre de Irak y la proximidad de las elecciones presidenciales en Estados Unidos son ingredientes que tampoco ayudan a mejorar el panorama. Por ello, ya existen incógnitas con respecto a la economía que ha sido el motor del siglo pasado, situación por la que mucha gente ya está alejándose del dólar al no considerarlo confiable.

Frente a lo anterior, el otro acontecimiento que está provocando un gran cambio económico en el mundo es el crecimiento increíble del Producto Interno Bruto de algunos países de Asia, encabezados por China e India, provocando que la brecha que separa el crecimiento económico entre los países desarrollados y no desarrollados sea cada día mayor en favor de estos últimos, cosa nunca vista en la historia económica desde que se registran datos fehacientes. Ya desde hace siete años el conjunto de economías emergentes crece por arriba de 4% y el pronóstico para este año asciende a 8%, mientras que las desarrolladas se ubican por abajo de 3%, según el Fondo Monetario Internacional.

Las economías en desarrollo son las que hoy generan entre 30% y 50% del producto global. Sus exportaciones ya representan más de 40% del total mundial y su demanda de petróleo en los últimos años ha significado las cuatro quintas partes de la demanda mundial, lo que de paso ha originado este vertiginoso incremento del precio por barril en todo el mundo.

Otro cambio radical es que, por primera vez en la historia moderna, los motores de este ritmo de crecimiento económico ya no dependen de la inversión extranjera ni de los créditos de los organismos internacionales; ahora los superávit económicos les permiten ser oferentes de crédito e, incluso, de programas de ayuda encubierta, como la que hace China en África para asegurarse el abastecimiento de materias primas.

Entonces, ahora tenemos a la que era la gran potencia en crisis y a varios países denominados por la burocracia económica internacional “economías emergentes” convirtiéndose en potencias.

Con el petróleo alrededor de los 100 dólares el barril, por cierto la mezcla mexicana esta semana ronda los 85 dólares; el dólar cayendo a un nivel nunca antes visto para colocarse la tasa de cambio de un dólar y medio por un euro; con varios países reduciendo su compra de bonos del Tesoro estadounidense y transformándolos en euros o en oro; con los hasta ahora denominados países desarrollados teniendo que aceptar, por su debilidad económica, la inversión de China mediante sus fondos soberanos en sus bancos e industrias, es claro que estamos viviendo un gran cambio, aunque soterrado y mantenido bajo la alfombra por los gobiernos y los bancos centrales, con el pretexto de no asustar, pero en realidad sin saber qué hacer.

Y aquí radica el principal problema de lo que sucede hoy en el mundo. Los que dirigen las economías se encuentran dando palos de ciego. Será imposible volver a la situación que tenía hace algunos años este sistema económico de mentiras, robos y farsas, en el que los fondos especulativos eran los reyes. Esta forma de desarrollo económico capitalista ya no da para más. Ya no es asunto de ciclos económicos y cuanto más tarde lo entiendan más harán sufrir a los ciudadanos, que son en última instancia los que pagan las consecuencias de la cerrazón y la incapacidad.

Analista político y economista

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