El incendio silencioso: Por qué Chiapas se está quedando sin librerías y cómo apagar el fuego

Alberto Alejandro Cano Coutiño

“Cerrar una librería es como quemar los libros libro a libro, un incendio del que quizá no somos conscientes los ciudadanos, porque creemos que aún no nos quema”. Esta frase del senegalés Léopold Sédar Senghor, condena la pérdida de espacios culturales y nos recuerda cómo, al igual que en la distopía de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, la destrucción de nuestra cultura a menudo ocurre de manera silenciosa, a través de la indiferencia antes de que lleguemos a percibir las consecuencias.

Una librería es mucho más que cuatro paredes con estanterías; es el portal físico al conocimiento, al pensamiento crítico y a la empatía. Ya sea en el tradicional formato impreso o a través de las nuevas plataformas digitales, el acceso democrático al libro es el termómetro cultural de una sociedad.

Lamentablemente, en Chiapas, ese termómetro marca una fiebre alarmante. El ecosistema del libro en el estado y particularmente en su capital, Tuxtla Gutiérrez enfrenta una crisis silenciosa pero devastadora. El declive no es nuevo, sino una herida que lleva años abriéndose. En la historia reciente de Tuxtla Gutiérrez, hemos visto desfilar lápidas comerciales de espacios entrañables como la librería “El Periquillo” de Don Arturo Ramos, “Entretente”, la librería del IPN, “Abastecedora de Libros Tuxtla”,” Bookshop”, “La Ceiba”, la recordada librería de Cristal, el Centro Cultural Trillas y otras más.

Hoy en día, las librerías que subsisten en la capital chiapaneca lo hacen bajo condiciones de resistencia pura, tales como Braulios y El Escritorio Moderno se mantienen como bastiones de tradición y gestión cultural, desafiando el paso del tiempo.

En el nicho escolar se mantiene la librería “El Principito” sobrevive enfocándose en textos académicos, técnicos y de autoayuda.

La librería del Fondo de Cultura Económica (FCE) “José Emilio Pacheco”, mediante convenios estratégicos con la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), han logrado mantener el éxito gracias a su excelente ubicación, precios accesibles y personal capacitado, ya en una ocasión estuvieron a punto de cerrar, pero a la voz del hashtag #ElFondoSeQueda y #TuxtlaLeeEnElFCE los ciudadanos presionaron para que esta librería continuara operando.

La invisibilidad periférica de la librería Educal sigue relegada al Centro Cultural “Jaime Sabines”. A pesar de su oferta, padece una severa falta de difusión y accesibilidad, provocando que una gran parte de la población ignore su existencia.

De no generar estrategias de consumo local y subsidios, las librerías independientes que aún quedan, están en la lista de las que están por cerrar, como la librería Porrúa pronta a cerrar sus actividades asfixiadas por los costos de renta y la baja rotación de inventario.

¿Por qué cierran las librerías en México?

De acuerdo con datos del Instituto de Desarrollo Profesional para Libreros (INDELI), la tendencia en Chiapas no es un caso aislado, sino el reflejo de un problema estructural en el país. Contario al mito popular, el principal enemigo no es la falta de lectores. El director del INDELI, Arturo Ahmed, resalta un punto clave: “Si fuera por falta de lectores, las ferias del libro no venderían lo que venden”.

Algunas de las causas detrás del cierre masivo de librerías en México son:

Deficiencias en la administración y gestión, muchos espacios nacen de la pasión por los libros, pero carecen de modelos de negocio sostenibles frente a las economías de escala.

Descapitalización por competencia desleal, históricamente las librerías dependían de la temporada escolar. Hoy en día, las grandes editoriales venden los libros de texto directamente a las escuelas, puenteando a las librerías locales y arrebatándoles su mayor fuente de ingresos estacionales.

Crisis económicas recurrentes, el aumento de las rentas comerciales y la inflación han convertido al libro físico en un artículo de lujo para los márgenes de ganancia del librero.

Y sobre todo las librerías han comenzado a cerrar sus puertas debido a los profundos cambios en la forma en que las personas consumen información y entretenimiento. El avance de los libros digitales, las plataformas en línea y las nuevas tecnologías ha transformado los hábitos de lectura, ofreciendo acceso inmediato a miles de títulos desde un teléfono, tableta o computadora. Muchas personas prefieren ahora la comodidad de descargar un libro en segundos, ahorrar espacio físico y acceder a precios más bajos, lo que ha reducido significativamente la venta de libros impresos.

Ante este nuevo reto, las librerías deben reinventarse y adaptarse a las nuevas formas de consumo cultural y tecnológico. Más que competir directamente con los libros digitales, necesitan transformarse en espacios culturales y comunitarios que ofrezcan experiencias que el entorno digital no puede sustituir. Esto implica promover actividades como presentaciones de libros, clubes de lectura, talleres, conferencias y eventos culturales que fortalezcan el vínculo entre los lectores y la comunidad.

Asimismo, es importante que incorporen la tecnología a sus servicios, ofreciendo catálogos digitales, ventas en línea, redes sociales activas y acceso a libros electrónicos, combinando así lo tradicional con lo moderno. Las librerías también pueden especializarse en ciertos géneros, impulsar autores locales y brindar una atención más personalizada, creando una experiencia de compra más humana y cercana.
Salvar una librería es salvar nuestra propia historia. Es hora de exigir que las leyes se cumplan y que el libro vuelva a circular con fuerza en las venas de Chiapas.

¿Qué opinas sobre la situación de las librerías y bibliotecas en Chiapas?

Si deseas, podemos profundizar en cómo estructurar una propuesta ciudadana específica para reorientar la ley de bibliotecas, la aplicación de presupuestos al fomento a la lectura y el libro en nuestro Chiapas.

*Bibliotecólogo y promotor de la lectura.

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