Raúl Cremoux
Es rara la semana en que Felipe Calderón no haga algo para acentuar que tiene el control. Tan marcada es esa determinación que en poquísimo tiempo ha logrado acreditar un contraste abismal con las frivolidades de su antecesor. Pero quizá en los últimos días ha proclamado lo que marcará el quinquenio que le resta en el poder.
De ser uno con sus propios dichos y acciones de esta semana, Felipe Calderón habrá trazado el cambio de timón que le dará cuerpo a las transformaciones que necesitamos. En días pasados fue sentado ante una variada concurrencia disímbola y contradictoria de supuestos líderes con la que, ingratamente sorprendido, no estuvo de acuerdo. Por ello improvisó claros y profundos cuestionamientos sobre las fortunas originadas en la falta de congruencia entre lo que se dice y se hace y, principalísimamente, sobre el sacrificio de millones de seres humanos.
Las citas que inesperadamente hizo son elocuentes. De Ortega y Gasset dijo: “Las generaciones que se abandonan a un destino arrellanado transcurren sin dejar huella en la historia, se hunden, se pierden, se opacan en la mediocridad, en la desesperanza, en la inercia”. De Elliot citó: “El que es congruente, es capaz de sacrificarse y de escapar a los demás”. A partir de estas citas hechas suyas y otros pronunciamientos, ya no será suficiente la retórica oficial sobre la desigualdad social que, como abultada cicatriz, le da el perfil y carácter a la nación.
Tienen que venir las transformaciones. Quizás motivado por ello, Calderón ha reaccionado con inusitada rapidez ante la medida de frenar el aumento del gas, la electricidad, el diesel y la gasolina hasta el año próximo. Esta determinación tendrá un costo elevado para las finanzas públicas, pero aspira a que la repercusión directa sobre la población sea aplazada.
El incremento en los energéticos, impulsados por gobernantes de los tres grandes partidos, lo impusieron los legisladores de también las tres grandes corrientes partidarias. Por supuesto, ningún organismo político quiere asumir la factura y la pasan como si viniera en los supuestos empeños de la reforma fiscal promovida por el Presidente. Los beneficios directos, teóricamente, van a los gobiernos estatales para formar una plataforma mínima destinada a la satisfacción de necesidades colectivas en cada entidad federal.
La reforma fiscal, es obvio, no es suficiente. La telaraña de intereses económicos y políticos le da un grado menor de efectividad en lo que, como sociedad, necesitamos; el fardo inercial es enorme y es ahí donde el gas de Calderón tendrá que ser mucho más vigoroso. Quizás ya comenzó a fluir en estas dos ocasiones señaladas: molesto entre supuestos líderes de todo tipo y determinante ante los aumentos que el Congreso originó y aprovecharon los especuladores de siempre, que ya trasladaron alzas a los precios de numerosos productos y servicios.
Las palabras de Calderón habrá que valorarlas en la dimensión cotidiana. Deberemos aquilatarlas al paso de los días y sólo el tiempo dirá si son válidas o no para la transformación nacional. Cual colofón, afirmó ante los líderes: “Esta minoría selecta, esta élite, tiene una responsabilidad enorme con su generación y con nuestro tiempo. Pienso que las minorías selectas marcan cadencias y tienen mucho más que hacer que los demás”. Congruencia, ya es proclama de Calderón, ¿será válida para todo su gobierno o fue flor de una semana?
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Escritor y periodista
