Jorge Emilio González M.
Hace más de tres años fui objeto de un ataque político para dañar mi reputación y tomar el control del Partido Verde con fines electorales. De poco sirvieron las evidencias de que el video fue editado con el objetivo de afectarme, y pese a que quedó constancia en aquel video de que rechacé todos los ofrecimientos, casi nunca se transmitió ese fragmento en los medios de comunicación.
Con la firme intención de que se aclarara este asunto, solicité licencia a mi entonces cargo de senador de la República para permitir la realización de todas las investigaciones, por lo que la Procuraduría General de la República abrió líneas de indagación y fui exonerado de la comisión de cualquier ilícito.
Desde esa ocasión señalamos que se trató de una estrategia para perjudicar mi carrera política. No obstante, ante la incredulidad que despertaba una posible conspiración fraguada desde el Estado para destruir a los adversarios políticos, hubo quien prefirió fijar su atención en los presuntos actos de corrupción y considerar aquellas imágenes como pruebas de mi culpabilidad.
Hoy comienza a surgir la verdad con el testimonio del autor de aquel video, en el que reconoce abiertamente la celebración de reuniones con funcionarios federales de alto nivel, con el consentimiento de Vicente Fox, para planear la manera en que habría de lastimarse mi reputación a través de un escándalo.
Resulta lamentable que en el México contemporáneo la competencia por el poder deba recurrir al desprestigio y no al debate de las ideas. Pero no debemos sorprendernos. Durante el gobierno del ex presidente Fox, como nunca antes se había visto en la historia de nuestro país, se hizo uso del espionaje al más puro estilo de las policías secretas de los regímenes más autoritarios.
Paradójicamente, el primer gobierno surgido de la alternancia democrática pasará también a la historia como el gobierno que más recursos del Estado distrajo para desprestigiar a sus adversarios, con acciones que poco tienen que ver con la competencia electoral, el debate de proyectos de nación y la tolerancia propias de una democracia, sino con estrategias que se asemejan a las de estados de corte policial e incluso fascista. Cuando no era posible cooptar o en el peor de los casos hacer desaparecer a los disidentes, los estados autoritarios alrededor del mundo han recurrido al encarcelamiento sobre delitos fabricados, y a tácticas de infamia y desprestigio.
Sin ninguna calidad moral ni política, el ex presidente que trató de apoderarse del Partido Verde Ecologista ahora se pasea alrededor del mundo como un grotesco paladín de la democracia, metiendo solamente en apuros a la diplomacia mexicana. El candidato que llegó a la Presidencia envuelto en la bandera de la democracia y del cambio, sin ningún descaro trató de perjudicar a sus opositores con recursos del Estado, y lo más grave de todo ello es que prefirió la confrontación política con la oposición, dejando de un lado la posibilidad de avanzar en una gran reforma política y económica que permitiera a México competir con el mundo.
¿Cuál es la explicación de ello? En el caso del Partido Verde, Vicente Fox cobró la factura del rompimiento de la alianza que lo llevó al poder, lo que incluía impedir una alianza de los verdes con el PRI. Vicente Fox fue cegado por la inagotable y obscena ambición de poder de su esposa Marta Sahagún, que creía poder llegar a la Presidencia de México. Vicente Fox es y siempre ha sido un falso demócrata.
El falso demócrata engañó a la opinión pública desprestigiándome. En adelante, será sólo mi trabajo por los jóvenes y el medio ambiente los que hablen de mi persona.
Presidente nacional del PVEM
