El emprendimiento es la clave para la prosperidad en Chiapas

Marco Tulio Carrascosa

Hay una crisis que no aparece en los informes gubernamentales con la urgencia que merece.
No genera conferencias de prensa.
No suele encabezar los titulares nacionales.
Y, sin embargo, está golpeando todos los días a miles de hogares chiapanecos.
Es la crisis de la desesperanza económica.
La angustia silenciosa de padres y madres que trabajan sin descanso y aun así no logran construir patrimonio.
La incertidumbre de jóvenes que estudian, se preparan y descubren que el mercado laboral no les ofrece oportunidades suficientes para crecer.
La frustración de emprendedores que tienen talento, ideas y capacidad, pero encuentran más obstáculos que incentivos.
Y la resignación de familias enteras que han aprendido a sobrevivir, cuando deberían estar prosperando.
Porque el verdadero problema de Chiapas no es únicamente la pobreza.
La pobreza es la consecuencia.
El problema de fondo es la ausencia de una estrategia económica capaz de transformar el enorme potencial de este estado en bienestar para las familias.
Durante décadas hemos escuchado discursos sobre desarrollo.
Hemos visto programas sociales.
Hemos presenciado cambios de gobierno, cambios de partidos y cambios de narrativa.
Pero para millones de chiapanecos la realidad sigue siendo la misma:
Trabajar mucho.
Ganar poco.
Y vivir con la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.
Esa no puede ser la aspiración de una sociedad que posee recursos naturales extraordinarios, una ubicación estratégica privilegiada, una población joven y una capacidad productiva que muchos estados envidiarían.
Y es precisamente ahí donde debemos abrir una conversación seria.
Porque ninguna economía puede llamarse exitosa cuando sus familias viven permanentemente preocupadas por llegar al final de la semana.
Porque ninguna estrategia de gobierno puede considerarse suficiente cuando la prosperidad sigue siendo una excepción y no una realidad compartida.
Y porque ningún estado puede aspirar a la grandeza mientras siga administrando pobreza en lugar de construir riqueza.
De acuerdo con datos del CONEVAL, Chiapas continúa siendo la entidad con mayores niveles de pobreza del país. Más del 70% de la población enfrenta algún grado de pobreza, una cifra que debería encender todas las alarmas de quienes toman decisiones públicas.
Pero aquí es donde debemos hacer una reflexión profunda.
La pobreza no solamente se combate con programas sociales.
La pobreza se combate creando riqueza.
Y esa ha sido una de las grandes fallas históricas de la política pública en Chiapas.
Durante décadas se hado privilegiado una visión paternalista donde el gobierno se convierte en proveedor temporal de apoyos, pero no en impulsor de prosperidad sostenible.
Se administran necesidades.
Pero no se construyen oportunidades.
Se entregan recursos.
Pero no se generan ecosistemas económicos.
Se reparten beneficios.
Pero no se desarrollan capacidades productivas.
Y el resultado está frente a nosotros.
Miles de familias atrapadas en ciclos de dependencia económica.
Mientras tanto, otros estados entendieron algo fundamental.
Nuevo León apostó por la industrialización y la atracción de inversión global.
Querétaro apostó por la tecnología, la industria aeroespacial y la innovación.
Jalisco construyó un ecosistema tecnológico que hoy es referencia nacional y latinoamericana.
Yucatán fortaleció la inversión privada, la seguridad jurídica y la competitividad regional.
No son estados perfectos.
Pero comprendieron que la verdadera prosperidad nace cuando las familias tienen oportunidades para generar riqueza por sí mismas.
Y ahí es donde Chiapas necesita cambiar el enfoque.
Porque el futuro económico del estado no puede depender exclusivamente del gasto público.
Debe depender de la capacidad de sus ciudadanos para crear valor.
Para emprender.
Para innovar.
Para producir.
Para competir.
Para exportar.
El emprendimiento no es solamente abrir un negocio.
Es una filosofía de transformación.
Es la capacidad de identificar problemas y convertirlos en oportunidades.
Es generar empleo donde antes no existía.
Es construir patrimonio familiar.
Es crear movilidad social.
Es fortalecer comunidades enteras.
Y Chiapas tiene todas las condiciones para convertirse en una potencia emprendedora.
Tenemos una ubicación geográfica estratégica.
Tenemos una población joven.
Tenemos riqueza agrícola.
Tenemos recursos naturales.
Tenemos turismo.
Tenemos capacidad energética.
Tenemos talento.
Lo que ha faltado es una visión económica que coloque a la familia en el centro de la estrategia de desarrollo.
Porque cuando una familia prospera, prospera la colonia.
Prospera el municipio.
Prospera el estado.
Sin embargo, durante años hemos visto una preocupante ausencia de proyectos transformadores.
Falta una política agresiva para impulsar emprendedores.
Faltan incubadoras de negocios de alto nivel.
Faltan fondos regionales de capital de riesgo.
Faltan aceleradoras empresariales.
Faltan programas modernos de capacitación financiera.
Faltan incentivos para quienes generan empleo.
Falta una estrategia que convierta a Chiapas en tierra fértil para la inversión, la innovación y el crecimiento.
Y esa responsabilidad también recae en el gobierno.
Porque gobernar no es únicamente administrar presupuestos.
Gobernar es crear condiciones para que la gente prospere.
Es abrir puertas.
Es facilitar inversión.
Es generar confianza.
Es construir infraestructura económica.
Es impulsar cadenas productivas.
Es conectar talento con oportunidades.
Hoy muchas familias chiapanecas viven con preocupación porque no ven un horizonte claro de crecimiento.
Y cuando la esperanza económica desaparece, también comienza a desaparecer la motivación.
Comienza la migración.
Comienza la dependencia.
Comienza la resignación.
Y ningún pueblo puede construir grandeza desde la resignación.
Por eso el emprendimiento no es un lujo.
Es una necesidad.
Es una herramienta de libertad.
Es una alternativa frente al asistencialismo permanente.
Es una vía para que las nuevas generaciones no tengan que abandonar Chiapas en busca de oportunidades.
Porque la verdadera transformación de nuestro estado no llegará cuando existan más programas.
Llegará cuando existan más empresarios.
Más emprendedores.
Más innovadores.
Más productores.
Más exportadores.
Más generadores de empleo.
Más familias construyendo patrimonio.
Chiapas no necesita aprender a depender mejor.
Necesita aprender a producir más.
A competir más.
A crear más.
A soñar más en grande.
Y para lograrlo, el emprendimiento debe convertirse en una política de Estado y en una cultura social.
Porque cuando una familia emprende, genera ingresos.
Cuando miles de familias emprenden, generan prosperidad.
Y cuando un estado entero apuesta por el emprendimiento, deja de administrar pobreza para comenzar a construir riqueza.
Ese es el desafío.
Pero también es la gran oportunidad histórica de Chiapas.

Hasta la próxima… ✒️

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