El desplazamiento

Víctor Flores Olea

Rechazamos enérgicamente una vez más el len-guaje agresivo y amenazador de George W. Bush hacia Cuba, que en efecto es también revelador de su impotencia para cumplir las intimidaciones que ha proferido en contra de la isla. Mucho más en el momento en que la opinión pública mundial, y una amplia mayoría de la interna en Estados Unidos, lo descalifican como uno de los más ineficientes y violadores del derecho internacional y de la Constitución de ese país. El oportunismo de la filípica es también claro, ya que estamos en vísperas de una nueva votación en la Asamblea General de Naciones Unidas en que se condenará otra vez el bloqueo de Estados Unidos a Cuba.
Lo anterior, por lo demás (en relación con nuestros artículos anteriores sobre China y el sudeste asiático), es una muestra adicional de que el actual sistema de poder del capitalismo vive ya un serio desplazamiento de las regiones del norte de América y Europa hacia un nuevo eje que tendría su ancla en el nuevo poder económico que se desarrolla en Asia, con las implicaciones geopolíticas y geoestratégicas que este hecho significa para el mundo, y con sus inevitables repercusiones en lo científico y tecnológico.

La tesis no se refiere exclusivamente al formidable empuje de China, sino a un nuevo polo que ya se configura y que integraría, por necesidad, a India y a Rusia. Hasta hoy, las torpezas políticas de EU están acercando a esos países, pero también la dinámica de la colaboración entre ellos se irá afianzando en favor de ese nuevo eje decisivo de las relaciones internacionales.

El “desplazamiento” será gradual y construirá sus perfiles según las circunstancias, no irrumpiría de la noche a la mañana, sino que su afirmación sería paulatina pero sostenida: se presentará sobre todo bajo la forma de una intensa competencia económica con EU y con la Unión Europea, sin que sean de excluir roces más agudos (un efecto de freno a ese desplazamiento está representado por lo pronto por las cuantiosas inversiones occidentales en tales países).

Debe decirse, sin embargo, que la invasión militar de EU a Irak y Afganistán, la alianza con los militares de Pakistán (una espina clavada en el corazón de la India) y el proyecto de una cortina “defensiva” de cohetes en los países del este europeo (la República Checa y Polonia), directamente dirigida contra Rusia, ha causado el sobresalto de los dirigentes del Kremlin, y contribuye ya a la configuración del nuevo eje a que nos referimos.

Immanuel Wallerstein, con abundancia de argumentos, insiste en las limitaciones del sistema-mundo capitalista encabezado por Estados Unidos y Europa: la debilidad resultaría por la competencia económica cada vez más desventajosa y por los errores políticos del imperio estadounidense. La suma de tales debilidades conduciría a lo que llamo aquí el “desplazamiento” de las relaciones económicas generales (también en lo científico y tecnológico, y militar) hacia los países mencionados, que cubren un arco que va del este de Europa hasta el extremo oriente.

Sus inmensos recursos naturales, su enorme población sumada (cerca de la mitad de la población del globo), sus recientes avances económicos, en lo inmediato las enormes reservas financieras, sobre todo de China, gracias a una amplia exportación positiva, son factores de su fortalecimiento, aunque también concentra en pocos años las terribles contradicciones que han marcado al capitalismo desde sus orígenes. Desigualdades, destrucción brutal del medio ambiente, limitaciones serias a los derechos humanos y sociales, son todos conflictos que se traducirán, tarde o temprano, en acciones políticas al interior. Digo que las contradicciones sociales y naturales que los países capitalistas “clásicos” generaron a lo largo de siglos, China los reproduce en dimensiones colosales en un relativo corto tiempo, y esta es una situación inédita de consecuencias imprevisibles.

“Desplazamiento” de las relaciones de poder pero no solución de los más graves problemas que han generado esas relaciones de poder de subordinación y desigualdad abismal. Nuevos centros de poder y por tanto nuevas causas de roce y conflagración, debilitamiento objetivo de la potencia más grande de la historia y sustitución gradual de su eje de influencia por uno nuevo, pero no solución de los problemas de la humanidad.

Eso sí, ascenso desenfrenado del consumismo y avance de los niveles de vida de cientos de millones de hombres y mujeres que han vivido hasta hoy marginados, muchos de ellos en la miseria, y en este sentido, mejores condiciones para una impresionante cifra de seres humanos. Pero no, por lo que se ve, acercamiento al mundo más humano que esperamos, aunque uno de los efectos positivos de la carga conflictiva en marcha podrá ser la de acelerar los caminos de una democracia (por ejemplo en China), que esperamos no sea la simple copia de la occidental, reproduciendo sus mentiras y ocultamientos, sino una democracia más auténtica.

En alguno de los mensajes que recibí se me recuerda amablemente sobre los esfuerzos latinoamericanos en otra dirección. Precisamente en la dirección de crear espacios de solidaridad, independencia y mejor democracia (incluso con base comunitaria), que servirán para adelantar las condiciones de vida de las mayorías continentales. En próximo artículo trataré precisamente de esos esfuerzos en América Latina.

Escritor y analista político

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