Macario Schettino
Parece confirmarse que este país tocó fondo en los dos años pasados. Con dificultad, pero también con constancia, se va recuperando prudencia, sensatez, serenidad, y gracias a ello, la capacidad de llegar a acuerdos. Ahora sí tuvimos un informe del Poder Ejecutivo, así haya sido en dos partes: primero, entregando el documento en el Congreso; después, pronunciando un amplio mensaje, en condiciones institucionales. Muy lejos del breve spot televisivo y de la entrega de pasillo del año pasado. Pero mucho más lejos del desplante autoritario que hace un cuarto de siglo permitía al Presidente violar con toda tranquilidad el marco legal.
Más allá del asunto de las formas, que mantuvo ocupados a los medios por un par de semanas, la capacidad de negociar está logrando acuerdos en asuntos de mayor peso. Y como en todo proceso de negociación, nadie gana todo, nadie pierde todo. En esta semana, según se ha dicho, se procederá a la aprobación de dos reformas de fondo, una fiscal y otra electoral. Ni la una ni la otra son reformas definitivas, ni son tampoco al gusto del presidente, o de partido político alguno. En ambas, cada grupo obtiene algo a cambio de ceder otra cosa. No logra, la reforma fiscal, la recaudación originalmente planteada, pero mejorará la actual; no logra, la reforma electoral, corregir por completo las graves fallas de representación y los elevados costos de los comicios, pero sí los reduce.
La aprobación de estas dos reformas es parte de esa capacidad de negociar que hemos comentado. El gobierno tiene urgencia por corregir sus finanzas, como lo reconoció ayer mismo el Presidente, a la luz de la caída en la producción de petróleo y el alza continua de obligaciones pospuestas en el pasado. La oposición cree necesario un cambio en las reglas electorales. Cada uno obtiene parte de lo que quiere. Cada uno cede: la oposición le permite al gobierno mejorar su financiamiento, lo que sin duda implica mejorar su desempeño; el gobierno cede a la presión opositora para modificar al IFE, lo que sin duda tiene costos políticos para el partido en el poder. El tiempo dirá cuál reforma resulta más importante y cuál fuerza política tiene mayor capacidad para aprovechar lo negociado. Pero en la suma, todos ganamos.
Desde 1997, cuando entramos en la etapa definitiva del fin de régimen, hasta este año, sólo fue posible negociar dos reformas, ambas relacionadas con la seguridad social. En aquel año, la del IMSS, y en éste, la del ISSSTE. Esas reformas, como las que esperamos tener esta semana, no lograban resolver todos los problemas de esas instituciones, pero les dieron más tiempo de vida. Son pequeños pasos, como son siempre las reformas. Los grandes saltos, las revoluciones, siempre resultan ser saltos hacia atrás.
El tamaño de los problemas que enfrenta México es muy superior a lo que se está acordando. Pero no tenemos hoy un diagnóstico común que nos permita acuerdos más profundos. Es un problema cultural, de muy larga data, que se está corrigiendo de la única manera posible: con el relevo generacional. Tardaremos todavía varios años en comprender lo que está pasando, y sólo entonces podremos negociar soluciones de fondo. Aunque queramos ir más rápido, no es posible.
Por eso los acuerdos políticos y las reformas son tan valiosos, porque son la muestra de que hemos logrado transitar por el borde del caos y hemos sobrevivido. Tal vez le parezca exagerado, pero no lo es: en 1997 estuvimos al borde del rompimiento constitucional, y lo mismo ocurrió en 2006. La reforma electoral evitará que volvamos a acercarnos al precipicio. Del otro lado, la reforma fiscal llega apenas a tiempo. Sin ella, era previsible una crisis financiera profunda en dos años más. Ya no ocurrirá.
El espacio que abren estas reformas, en lo financiero y lo político, pero sobre todo el proceso de negociación que ha llevado a ellas, nos permite ser optimistas, por primera vez en mucho tiempo. Y tal vez eso es lo que la ciudadanía percibe, y tal vez por eso el presidente Calderón ha sumado respaldo de manera considerable en su primer año de gobierno. Pero el mérito no es sólo de él, es compartido con ese pequeño grupo de líderes políticos que, con más o menos aspavientos, están logrando que dejemos atrás el abismo.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
