Manuel Camacho Solís
Algo está pasando en la economía que el crecimiento es menor al esperado, y que ha llevado a que se manifiesten diferencias al interior del gabinete económico. ¿Una caída de casi dos puntos es sólo por el menor crecimiento de la economía estadounidense? ¿La diferencia de criterio entre el gobernador del Banco de México y el secretario de Hacienda respecto al alza en las tasas de interés expresa un conflicto entre ellos o viene a confirmar que las presiones inflacionarias derivadas de los aumentos de los básicos no se han logrado contener? ¿Qué implicaciones políticas tienen uno y otro hecho?
Si el año pasado la economía creció 5% y en este lo hará en torno a un 3%, es necesario explicar qué está ocurriendo. Por lo pronto, el precio del petróleo se ha mantenido alto. Las remesas continúan ascendiendo. Han bajado el crecimiento de la economía de los Estados Unidos y sus importaciones industriales, pero no en una magnitud suficiente para explicar la caída del crecimiento en México. Lo que está claro es que la inversión privada continúa en franco descenso y que el consumo privado está perdiendo fuerza.
Frente a esta caída, es explicable que el secretario de Hacienda considere precipitada la decisión del Banco de México de subir las tasas de interés, pues ello frenará adicionalmente el crecimiento. Pero la decisión también tiene su explicación. Parece obedecer a razones institucionales y a su percepción sobre las presiones inflacionarias en curso. El movimiento es un mensaje de poder del banco al gobierno: no los vamos a consultar; ejerceremos cuantas veces sea necesario nuestra autonomía. Es probable que también esté en medio la sensibilidad por el nombramiento aún vacante para el cargo de vicegobernador.
Más importante que ello, es la lectura que el banco está haciendo sobre la situación de la economía. Desde que se presentaron los aumentos a la tortilla y a otros bienes básicos, Guillermo Ortiz no estuvo de acuerdo en cómo se manejó la crisis. Hizo pública su preocupación de que, más allá del efecto provocado por la sustitución para el etanol, había un proceso especulativo con el maíz que la autoridad debía contener con prontitud y efectividad. Con la decisión del banco se confirma que percibe que las presiones inflacionarias continuarán y que la Secretaría de Economía no logrará contenerlas. Desde ahora se está protegiendo. La mayor dificultad exacerba los conflictos: por ejemplo, no se puede quedar bien al mismo tiempo con los industriales del maíz, la gente y, por lo visto también, el Banco de México, interesado en contener las presiones inflacionarias.
Aunque se logren contener las presiones inflacionarias con un menor crecimiento (a pesar de que se mantienen altos los precios del petróleo y las remesas), el gobierno ya no derivará ningún beneficio político de la economía. Más bien, habrá que esperar que se empiece a generar inconformidad, especialmente entre los jóvenes, que verán aún más lejanas sus oportunidades de empleo. El vuelco a favor del PAN que mostraban las encuestas de los primeros meses de Calderón, ya no será tan marcado. Junto con la estrechez económica y la insatisfacción que esta generará (2% menos de crecimiento se siente), se está volviendo a reactivar la movilización social, como se observó el 1 de mayo y volverá a mostrarse en torno al 1 de julio. De tal forma que, si se intenta aumentar el IVA o abrir Pemex, o si se rompe el pacto de la tortilla, se reactivará la inconformidad política y social.
La luna de miel de la entrada del gobierno está llegando a su fin en los campos sustantivos de la seguridad y la economía. Los actuales escarceos en los “gabinetes” reflejan hechos de mayor significado que meras diferencias de opinión. El tiempo empezó a correr en contra. Gobierno y oposición están entrando a una fase diferente, donde los simplismos para explicarla derivarán en errores y donde, tras el telón, está el público: una ciudadanía que da o quita su confianza.
Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista
