Sindicatos de gobierno
Macario Schettino
En dicho artículo se analizaba lo que ha ocurrido en los últimos 30 años en los países miembros de la OCDE en materia de sindicalización: una caída muy importante en el sector privado, y un crecimiento igualmente importante en el sector público. De acuerdo con los datos de la revista, mientras a inicios de los 70 el porcentaje de sindicalizados en sector público y privado en Estados Unidos era similar (cosa de 25%), para 2010 los sindicalizados en el sector privado eran sólo 8%, mientras que en el gobierno superaban 35%. En números absolutos, hay más sindicalizados en el gobierno (7.4 millones) que en la iniciativa privada (7.1 millones).
En el reportaje se asegura que hay tres cosas que han logrado los sindicatos de gobierno: reducir el diferencial de salarios en el sector público, obtener grandes prestaciones para sus agremiados e impedir el despido de trabajadores que no sirven. Aunque el análisis de The Economist se centra en Estados Unidos e Inglaterra (como es costumbre) tiene algunas referencias a Grecia y Brasil, y sin duda si hubiesen incluido a México no habrían encontrado mucha diferencia con sus conclusiones.
Efectivamente, el diferencial salarial en el gobierno es menor, aunque usted no lo quiera creer. Los trabajos menos especializados reciben un pago muy superior al que ocurre en la iniciativa privada: desde limpieza y vigilancia hasta buena parte del trabajo de oficina. En cambio, los puestos de mayor responsabilidad tienen un pago menor al que recibirían en el sector privado. Así, aunque escuche usted quejas frecuentes acerca del pago que reciben secretarios o subsecretarios, puestos de responsabilidad equivalente en la iniciativa privada pagan mucho más. Lo que pasa es que esos sueldos no son conocidos.
Acerca de las prestaciones superiores en el sector público, no creo que se requiera mucha información, es perfectamente conocido el caso de las pensiones, por mencionar sólo la prestación más onerosa para el erario. Finalmente, con respecto a la cobertura que realizan los sindicatos de sus miembros incapaces, tampoco hay mucho que decir. Si usted tuviese la mala fortuna de entrar a trabajar al gobierno en un puesto de decisión, se encontraría que más de la mitad del personal a su cargo no está calificado, ni tiene actitud apropiada. Pero tendría que seguir cargando con ellos, de forma que, si quisiera usted cumplir con su trabajo, tendría que recargarlo en los pocos que pueden ayudar, o contratar, por fuera, buena parte de los servicios. No estoy inventando nada, lo conozco de primera mano.
Recupero este artículo de hace unas semanas para poderle comentar lo que está ocurriendo en Wisconsin, Estados Unidos, en estos días. El gobernador de ese estado ha enviado una carta a todos los trabajadores de gobierno, incluyendo maestros, para informarles que las cuentas no salen, que el gobierno no tiene ya dinero, y que no hay otra alternativa que reducir las prestaciones. Si la ley que está promoviendo es aprobada, los trabajadores de gobierno deberán pagar la mitad de su seguro de gastos médicos (que les costará 5.8% de sus salarios), y una octava parte del costo de sus pensiones (200 dólares, frente a los 330 que pagan quienes trabajan en el sector privado. Las cifras las obtengo del artículo del 19 de febrero de Patrick McIlheran en RealClearPolitics ).
No sólo eso quiere obtener el gobernador Scott Walker, sino que la ley que promueve incluye la prohibición de que los sindicatos de gobierno puedan negociar, de ahora en adelante, cualquier cosa que no sea el salario (es decir, las prestaciones), y éste con un tope determinado con base en la inflación. Como usted se imagina, los sindicatos no están nada contentos, y han promovido ya acciones en contra, desde una inusitada alza en faltas por “enfermedad” de los profesores, hasta amenazas de huelga. Más aún, Walker busca que la afiliación a los sindicatos, y el pago de cuotas, sea voluntario, y que el empleador no deba recaudar esas cuotas a nombre del sindicato.
The Economist publicó ese reportaje porque consideraba que, dadas las presiones fiscales producto de los paquetes para salir de la recesión, no hay forma de mantener los privilegios de los sindicatos de gobierno en Estados Unidos, Inglaterra y demás. Lo que ocurre hoy en Wisconsin es precisamente el tipo de batallas a las que se refería la revista hace unas semanas.
En México, los sindicatos que tienen privilegios de este tipo son, precisamente, gubernamentales: maestros, petroleros, IMSS, FSTSE, pero también tenemos sindicatos que hoy están en la iniciativa privada, pero que fueron construidos o consolidados cuando fueron parte del gobierno: telefonistas, aviación, mineros. Quienes tuvieron la fortuna de salir del gobierno para quedar en una empresa dominante, como los telefonistas, han podido mantener parte de sus privilegios porque usted los sigue pagando. Ya no como impuestos, ahora como el sobreprecio propio de quien domina un mercado (en el extremo, un monopolio, aunque ése no sea exactamente el caso).
Bueno, pues viene una batalla monumental… allá en Wisconsin. Acá, de hecho, ya la iniciamos, a cuentagotas, con las reformas al ISSSTE y al IMSS, que son claramente insuficientes, pero que nos dieron unos años de plazo. Como ocurre en los países analizados por The Economist, acá tampoco alcanza el dinero, y tendremos que continuar con la batalla. No ahorita, claro, porque hay elecciones de por medio, pero a partir de septiembre de 2012. Será una batalla complicada, porque nadie suelta su dinero así nomás, pero no podremos esquivarla.
Yo sé que estoy adelantándome mucho, más de año y medio, pero es para que usted pueda aprovechar desde hoy para escuchar y leer las opiniones a favor y en contra de los sindicatos de gobierno que aparecerán en otros países, y pueda ir construyendo su opinión de manera más sólida.
